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lunes, 23 de mayo de 2011

El telescopio. La trama de su invención.


Siempre que se habla del telescopio, inconscientemente tendemos a relacionarlo con Galileo, hasta el punto de atribuirle su invención. Nada más lejos de la realidad, puesto que Galileo lo único que hizo fue solamente apuntar el telescopio hacia el cielo consiguiendo así comprender nuestra situación en el Universo. De todas formas resulta triste ver como muchos de los inventos de la humanidad no son atribuidos a sus autores, sino a listillos y aprovechados que supieron gestionar mejor una gran idea.

Tradicionalmente la invención del telescopio es atribuida al óptico holandés Hams Lippershey, el cual el 2 de octubre de 1608 solicita en Holanda la patente de un artilugio óptico que permite ver de cerca lo que está lejos. Pero a raíz de la publicación del historiador Nick Pelling (en la foto) en la revista británica “History Today” basándose en datos perfectamente contrastados, la duda sobre su invención se vuelve a suscitar, atribuyéndola con bastante buen criterio al óptico catalán Juan Roget.

Las investigaciones de Pelling parten del estudio previo e inacabado del doctor J. M. Simón de Guilleuma, el cual afirma que Roget ya había construido un telescopio en la última década del siglo XVI. Para ello se basa en la obra científica del óptico milanés y discípulo de Galileo, Girolamo Sirtori, en la que relata el encuentro que tuvo en Gerona en 1609 con un anciano óptico de origen francés llamado Juan Roget. Quien le mostró un telescopio enmohecido por el tiempo y las fórmulas anotadas en un libro que había escrito, gracias a las cuales Sirtori confiesa que pudo perfeccionar sus experimentos y redactar las tablas que reproduce en dicha obra.

Pero las indagaciones de Guilleuma van mucho más allá, ya que hurgando en los archivos municipales de Gerona y Barcelona, descubre el legado testamentario de fecha 1593 de Pedro de Carolona a su esposa, por el que le cede una “ullera de llauna per mirar de lluny”, teniendo la palabra “ullera” el significado de monóculo y que después fue usada para nombrar al telescopio. O sea, algo así como un catalejo para mirar de lejos. Pero la cita más interesante y que luego va a dar lugar a la trama de Pelling es cuando encuentra la relación de bienes de Jaime Galvany que procedieron a ser subastados el 5 de septiembre de 1608, y entre los que aparece de nuevo una ullera.

Pero lo más curioso del caso es que como dijimos antes, el 2 de octubre Lippershey presenta en secreto el invento en la oficina de patentes, y los días 14 y 17 del mismo mes, dos holandeses: Jacob Metius y Zacharias Janssen, presentan sendas patentes de objetos similares. Lo cual da lugar a pensar que se copiaron, ya que resulta muy raro, y mucho más en aquellos tiempos, que en dos semanas se presenten tres patentes similares.

A esta situación hay que añadir las declaraciones del hijo de Janssen el cual cuenta como su padre copió un diseño de un artilugio que había comprado y datado de 1590.

Con todos estos datos perfectamente contrastados, Pelling desarrolla la siguiente hipótesis: Parece ser que un mercader anónimo se hizo con el telescopio de Galvany en la subasta de bienes, el cual lo presentó días después en la feria de Frankfurt de novedades científicas. Para proceder a su venta se asocia con Janssen, el cual se da cuenta de la importancia del instrumento por lo que le pone un precio desorbitado. Al no ser vendido el telescopio vuelve a España, pero Janssen se queda con la idea y para proceder a su construcción pide ayuda a los ópticos Lippershey y Metius, sin darse cuenta que a la vez está propagando su secreto. Al estudiar el problema cada uno por separado se dan cuenta de que están ante la gallina de los huevos de oro, por lo que deciden patentarlo en secreto cada uno por su cuenta, adelantándose Lippershey por unos días, y privando así de la gloria al óptico gerundense Juan Roget.

Es obvio que el telescopio ya existía en España antes de ser patentado en Holanda en 1608, de todas formas también existen datos mucho más antiguos por los que según una leyenda tradicional japonesa describe como unos gigantes de pelo rojo y rubio saquean Japón con la ayuda de un tubo a través del cual se puede ver a miles de kilómetros.

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jueves, 21 de abril de 2011

La decepción de los ovnis sobre Madrid


En los años 50 y 60 los avances científicos en el ámbito de la exploración espacial fueron tan grandes, que la gente se planteó el hecho de que si bien nosotros podíamos viajar al espacio, por qué no podían hacer lo mismo otras hipotéticas civilizaciones extraterrestres. De esta manera la gente de la calle siempre estaba predispuesta a creer todo tipo de elucubraciones referentes a la aparición de naves procedentes del espacio exterior.
A partir de 1957, tras el lanzamiento por Korolev del primer satélite a la órbita espacial, el entorno de la Tierra se vería saturado de todo tipo de artefactos que podían dar lugar a las más inverosímiles confusiones, y no digamos nada si estos estaban envueltos en algún tipo de secretismo especial.
En este ambiente proconspiranoico ocurre esta anécdota que cuenta el doctor en Ciencias Físicas, Sr. Luis Ruiz de Gopegui , cuando en 1973 trabajaba en la estación de seguimiento de Cebreros, muy próxima a la de Robledo de Chavela en Madrid. El trabajo de esta estación consistía en el apoyo a algunas misiones espaciales interplanetarias de la Nasa, como la sonda Mariner 10 dirigida hacia Venus y Mercurio, y la Pioner 10 encaminada a Júpiter. Una vez terminada su misión, la Pioner continuaría un viaje sin retorno adentrándose en las inmensidades del espacio.
Pensando en esta segunda etapa del viaje, los científicos consideraron oportuno enviar mensajes grabados en una placa con el objeto de que algún día pudiera ser interceptada por alguna civilización extraterrestre. En Cebreros se vivía un ambiente que se traducía en constantes discusiones sobre la posibilidad de vida inteligente en nuestra galaxia. En medio de aquel caldo de cultivo, en febrero de aquel mismo año se empezaron a recibir en la estación unas señales extrañas que interferían con las operaciones de seguimiento, deteriorando la telemetría que se recibía de las citadas sondas. Esta situación era bastante habitual, ya que incluso en aquellos años el cielo estaba plagado de todo tipo de satélites, o naves que constantemente interferían en los trabajos en curso. Normalmente no es difícil identificar la procedencia de estas señales, puesto que todos suelen estar perfectamente catalogados. Además, existen una serie de acuerdos amistosos, por los cuales cuando un país interfiere a otro, la agencia espacial que posee la nave o satélite interferido, solicita que se apaguen las transmisiones causantes de la interferencia durante los periodos críticos en los que la sonda debe efectuar maniobras importantes.
Lo primero que se hizo en Cebreros fue intentar identificar la procedencia de las señales, para lo que existen catálogos especiales con las principales características de los artefactos situados en el espacio exterior. Sin embargo la concienzuda búsqueda no dio ningún resultado positivo, por lo cual se recurrió al centro de control de la Nasa en Pasadena. Pero a pesar de las constantes llamadas telefónicas, teletipos y mensajes, los colegas de Pasadena no aportaban ningún tipo de soluciones al problema. Ya habían pasado más de dos meses y aquella situación seguía subsistiendo, con la consiguiente desesperación de los empleados de Cebreros, por lo que se solicitó al Dr. Manuel Bautista, entonces director de los proyectos de la Nasa en España que hiciera las gestiones a mas alto nivel, con el fin de acabar con aquel molesto problema.
Mientras tanto, los empleados de la estación de Cebreros disparaban su imaginación especulando sobre la hipótesis de naves extraterrestres que vigilaban nuestra civilización.
El Sr. Bautista expuso el problema al general Truszynski, entonces Administrador Asociado de la Nasa para Redes de Seguimiento de Vehículos Espaciales, el cual pasadas un par de semanas aún no había dado la mas mínima respuesta. Mientras tanto las especulaciones en Cebreros aumentaban, discutiendo sobre la posibilidad de que aquellas señales pudieran ser de origen extraterrestre.
Pasado un mes, Bautista volvió a llamar a Truszynski, el cual respondió escuetamente a las preguntas de Bautista: “Manuel no me vuelvas a molestar con las malditas señales, en Madrid tenéis que aprender a vivir con ellas… ¿Ok?” Bautista asombrado insistió: “Si…, pero…, es que resulta… que…” A lo que Truszynski respondió con rotundidad: “Manuel, las señales provienen de uno de nuestros satélites de nuestro Ministerio de Defensa, no pienso hacer nada por resolver vuestro problema. ¿Satisfecho?” Bautista comprendió rápidamente lo que estaba ocurriendo, las interferencias provenían de uno de los satélites espía de los Estados Unidos, que no estaban incluidos en los catálogos públicos de objetos espaciales. Los satélites espías tienen una vida muy corta por lo que las señales desaparecieron pocos días después. El morbo desatado en Cebreros dio paso a la decepción de todos aquellos que ya querían ver más allá de la realidad.

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miércoles, 30 de marzo de 2011

Isaac Newton y la desmitificación de una leyenda.


Es inevitable cuando se habla de Isaac Newton, acordarse de la famosa anécdota del árbol y la manzana que se desprende de él arrastrada por una fuerza oculta hacia el centro de la Tierra. Tal anécdota es comentada por Votaire en su obra: “Philisophie de Newton” de 1738, en el que dice: “Cuando Isaac Newton vio caer la manzana del árbol, entró en una profunda meditación acerca de la causa que arrastra todos los cuerpos siguiendo una línea, que si se prolongara pasaría cerca del centro de la Tierra".
En ninguna de las obras de Newton se hace referencia a que esa experiencia le hiciera meditar sobre la Ley de la Gravedad, por lo que es más que probable que esa anécdota jamás existiera y fuera simplemente una leyenda.

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viernes, 25 de febrero de 2011

Wernher von Braun: Un pasado oscuro


Por si alguien no conoce la figura de Wernher von Braun les diré que fue el auténtico motor del programa espacial norteamericano. Fue una persona con un gran carisma, y fundamentalmente con unas dotes de liderazgo que entusiasmaría a militares, y arrastraría a políticos y científicos en pos de sus sueños de juventud. Pero no solo esto, sino que en los años sesenta embarcaría a toda la nación norteamericana en una aventura vivida en directo a través de la televisión. Un programa espacial requiere de la participación de miles de personas, de no haber existido von Braun, el programa estadounidense se hubiera llevado a cabo igualmente, pero posiblemente con un retraso de más de diez años.

Wernher von Braun nació en Wirsitz, entonces Alemania, hoy Polonia, el 23 de Marzo de 1912, en el seno de una familia de la nobleza alemana. Desde muy joven sintió un gran interés por la astronomía que derivaría después, a raíz de las lecturas de Julio Verne, en lo que sería su afición a la cohetería y al espacio. Para lograrlo se haría un experto en matemáticas y física, doctorándose en la Universidad de Berlín. Dado que su sueño era viajar a la Luna, pronto comprendió que tal empresa requería de una fuerte financiación con la que no contaba, por ello se alió con el floreciente régimen nazi que le daría todo tipo de facilidades a cambio de la creación de potentes misiles capaces de alcanzar cualquier punto del mundo. De esta manera se crearían los primeros misiles balísticos (“V2”) con los que Alemania bombardearía ciudades como Londres, París o Amberes durante la II Guerra Mundial.

Al finalizar la contienda, Braun junto con otros 116 ingenieros y científicos alemanes, fueron reclutados por el ejército norteamericano, dándoles así un impulso vital al programa militar de misiles y espacial. Como cualquiera que viva media vida en un sitio y la otra en otro, nunca termina encajando plenamente en ninguno de los dos, Wernher von Braun terminó sintiéndose norteamericano, pero este sentir no fue correspondido por todos los ciudadanos, que lo repudiaron constantemente. Su participación directa en la fabricación de V2, y la constancia de que conoció el campo de concentración de Buchenwald y la factoría de Mittelwerk sin mover un solo dedo por evitar las atrocidades que allí se estaban cometiendo, fue algo que no solo le acarreó los odios de un sector de los estadounidenses, sino que le dejó una secuela sicológica que le atormentaría toda la vida.

Recreación cinematográfica de conferencia de Wernher von Braun el el Club Rotario de El Paso, donde es recriminado por sus actuaciones en la II Gerra Mundial.

El pasado de Wernher von Braun fue ampliamente investigado por el FBI sin que nunca pudieran acusarlo formalmente de nada. Pero es cierto que a los Estados Unidos les interesaba enormemente cerrar los ojos y contar con sus conocimientos. También hay que tener en cuenta que fue investigado por el gobierno británico y alemán, los cuales no tenían estos condicionantes, siendo declarado inocente en todos los casos. De igual manera asociaciones de cazadores de nazis como la de Simón Wiesenthal obviaron la figura de Wernher von Braun.

Es el día de hoy que la vida de este personaje, considerado como uno de los más importantes de la historia del siglo XX, sigue teniendo una gran controversia en los Estados Unidos. Pero habría que analizar su situación bajo la perspectiva de los acontecimientos que se sucedieron aquellos años. Hay que tener en cuenta que su nación estaba en guerra y que la misión que esta le encomendó fue la creación de misiles. Por otro lado, no cabe la menor duda que si hubiera salido en defensa de los prisioneros de los campos de concentración habría salido muy mal parado. De cualquier manera, de no haber colaborado con los nazis otro sería el que lo hubiera hecho, y la historia hubiera sido prácticamente la misma.
Entre Estados Unidos y Wernher von Braun existió siempre una simbiosis de la que ambos se beneficiaron. Siempre estaría muy agradecido a las facilidades que esta nación le dio profesionalmente. Debilitado por un cáncer le fue concedida por el presidente Gerald Ford la Medalla Nacional de la Ciencia, máxima condecoración del gobierno estadounidense a un científico, la cual le hizo llegar su amigo y jefe el teniente coronel Edward Uhl. Emocionado y dirigiéndose a su mujer María le dijo: “¿Verdad que este es un gran país? Vine aquí con todo lo que tenía metido en una caja de cartón, en una situación intermedia entre antiguo enemigo y futuro ciudadano, y me dieron todas las oportunidades de la ciudadanía. Este país me ha tratado tan bien…Y ahora el presidente me concede este alto honor…”
Pero a pesar de su fuerte carácter, aquellos horrorosos años de la Segunda Guerra Mundial le marcaron profundamente, mostrándose siempre en defensa de los derechos humanos, no solo los de sus empleados y amigos, sino apoyando los movimientos en defensa de los derechos civiles de los negros. Su gran amigo Ernest Stühlinger, recordaría como en alguna de sus visitas le preguntaría si creía que había hecho lo correcto al desarrollar armas de guerra con el objetivo de llevar adelante su sueño espacial. Parece ser que esta misma pregunta se la haría a otros de sus muchos amigos en los momentos cercanos a su muerte. Esto nos lleva a pensar que aquellos remordimientos le acompañaron toda la vida.
Pero no solo la creación de armas de muerte le traumatizaría, sino que se sintió profundamente afectado por las atrocidades contempladas en los campos de concentración. En cierta ocasión llegaría a decir: “Años de exposición directa al régimen de Hitler y sus excesos me han enseñado algunas lecciones inolvidables y me han convertido en un sólido opositor a cualquier forma de gobierno que pueda privar a un hombre de su dignidad humana”. Lógicamente cabe pensar que estas palabras pudieran haber sido dichas para lavar su imagen en aquel momento.
Resulta muy complicado valorar la actuación de Wernher von Braun en aquellos difíciles años de guerra. Lo que está muy claro es que su comportamiento fue similar al de miles y tal vez millones de personas, que trataban de salvar sus vidas en aquellos convulsos años de guerra, lo que pasa es que sus vidas no tuvieron la trascendencia que tuvo la suya. Solo el tiempo y la historia pondrán a Wernher von Braun en el sitio que le corresponde.

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viernes, 11 de febrero de 2011

Soyuz 11. El retorno mas triste.


A principios de los años setenta, los soviéticos orientaban la exploración espacial hacia la instalación de estaciones en la órbita terrestre que les permitieran adquirir la experiencia suficiente de cara a misiones futuras de alta envergadura. Para ello el 19 de abril de 1971 lanzaban al espacio la primera estación espacial denominada Salyut 1. En un primer intento por parte de la Soyuz 10 de intentar ocuparla, se tuvo que desistir debido a fallos técnicos en el sistema de acoplamiento. En un nuevo intento con la Soyuz 11, los cosmonautas: Giorgi Dovrovolsky, Viktor Patsayev y Vladislav Volkov, consiguieron entrar en la estación y permanecer en ella un espacio record de 24 días.
Como era habitual en el sistema soviético, las misiones espaciales se programaban de forma ultra secreta, desconociendo la mayoría de las veces hasta sus mismas familias los entresijos de las misiones. Ni siquiera había ocasión para despedirse, puesto que los familiares de los cosmonautas se enteraban de los lanzamientos cuando estos ya estaban en pleno vuelo. Una vez en órbita, las comunicaciones se realizaban a través de grabaciones en cintas magnetofónicas que las esposas e hijos grababan previamente y luego eran enviadas (una vez pasada la censura), uno o dos días después a los cosmonautas. Estos a su vez, grababan sus mensajes mediante una cámara de televisión que eran entregados un tiempo después a sus familiares.
La estancia prolongada en la estación espacial, hizo que comenzaran a producirse los primeros enfrentamientos de convivencia en el espacio, hasta el punto de que el retorno de la misión tuvo que adelantarse unos días. Solo los breves mensajes que recibían de sus familiares servían de relajación a los tres cosmonautas que los últimos días vivían situaciones de una gran tensión.
Es el día de hoy que Marina, la hija mayor de Dobrovolsky, que en aquel entonces contaba con 12 años, aún recuerda lo mucho que echaba de menos a su padre, “Quería que volviera a casa”, aún recuerda con tristeza. Para Patsayev, el deseo de volver a casa era igual de fuerte, en las grabaciones recibidas pudo oir a su hija Svetlana tocarle una canción al piano, luego le describió su trabajo en clase y lo bien que se estaba portando, lo cual le llenó de orgullo. Por su parte Volkov, que había tenido desavenencias con sus compañeros deseaba retornar a tierra cuanto antes. Se llegó a comentar que unos días antes del vuelo de la Soyuz 11, había visitado a un vidente que le predijo que esta sería su última misión espacial. Fuese verdad o mentira lo mejor era volver cuanto antes con su mujer e hijos.
Por fin el 29 de junio de 1971, los tres cosmonautas se acomodaban en la Soyuz para iniciar el viaje de descenso. El primer incidente se produjo cuando al cerrar la escotilla que les separaba de la estación, la luz de seguridad que indicaba el correcto sellado de la capsula no se apagaba, indicando que aún permanecía abierta, lo cual podía producir una descompresión de la Soyuz y una muerte inmediata por asfixia de los tripulantes. Tras varios intentos y pasados más de veinte minutos, por fin consiguieron cerrar la escotilla y que la luz se apagara, añadiendo más tensión a una tripulación con los nervios a flor de piel. Siguiendo los protocolos pertinentes, pasados unos minutos, ambas naves se separaron y la Soyuz encendió los retrocohetes que la harían poco a poco comenzar el descenso de retorno.
Una vez frenada la nave y con el camino de retorno ya trazado, los módulos de servicio y orbital se separaban del de descenso mediante explosiones pirotécnicas que arrancaban los anclajes que las unían. En este momento comenzó a oírse un silbido similar al de una olla a presión, era evidente que la capsula se estaba descomprimiendo. El silbido les entraba por los micrófonos y les salía por los auriculares, dificultando así su localización. Rápidamente Dobrovolsky quitó su cinturón de seguridad y se abalanzó sobre la escotilla, pensando que ésta aún no estaba bien cerrada. Volkov y Patsayev también desabrocharon sus cinturones intentando localizar el lugar por donde se estaba descomprimiendo la capsula. El problema lo encontraron en una válvula alojada bajo el asiento de Dobrovolsky, trataron de cerrarla de forma manual, pero ya era demasiado tarde. Los cosmonautas empezaban a perder el raciocinio, unos segundos después perdían el conocimiento y un par de minutos después habían muerto. La muerte de los tres cosmonautas se había producido no solo por asfixia, sino también por el estallido de los vasos y órganos internos ante la ausencia de presión exterior. Resulta curioso, pero debido al nerviosismo, los cosmonautas no tuvieron la simple ocurrencia de tapar con un dedo la válvula mientras procedían a cerrarla manualmente.
La nave Soyuz continuó su descenso de forma automática, abriendo su paracaídas y encendiéndose los retrocohetes al contacto con el suelo. Durante estos trágicos momentos no se habían mantenido conversaciones con los cosmonautas debido a encontrarse la nave fuera de la cobertura radiofónica que en aquel entonces no alcanzaba la totalidad de la órbita terrestre, mas tarde también se entraba en la zona de pérdida de comunicaciones por la reentrada, con lo que el control de tierra no tuvo constancia de lo que estaba ocurriendo. Una vez la capsula tocó tierra, los controladores empezaron a sentir que algo no iba bien, debido al silencio en las comunicaciones. Poco después llegaban los equipos de rescate, y cuando abrieron la escotilla encontraron a los tres hombres muertos.
La causa oficial del accidente informa sobre la apertura de una válvula en el momento de la separación con el módulo orbital, que produjo la descompresión de la Soyuz. Durante los dos años siguientes, los soviéticos llevaron a cabo un importante rediseño de la nave Soyuz, limitando las tripulaciones a dos hombres y utilizando trajes espaciales en las maniobras de ascenso y descenso.
Muy lentamente el aperturismo estaba llegando a la Unión Soviética y ya resultó muy difícil ocultar el accidente, como lo habían hecho en otras ocasiones, por lo que resultó aún más doloroso debido a la trascendencia pública que tuvo. Los tres cosmonautas recibieron sepultura en la Plaza Roja con todos los honores.
Para las esposas y los hijos de los cosmonautas sus vidas cambiaron por completo. Marina Dobrovolsky recuerda al Historiador Robert Zimmerman: “Toda nuestra vida cambió…, antes mi infancia era luminosa y feliz , después todo fue oscuridad y tragedia…” El fracaso de la misión hizo que muchos de los participantes del programa espacial se sintieran avergonzados, y en consecuencia, las familias de los fallecidos fueron abandonadas por los amigos e ignoradas por la pequeña y cerrada comunidad espacial en la que vivían. Algunas de las esposas no pudieron llegar a superar la pérdida y el abandono. Como diría la hija de Dobrovolsky: “Mi madre murió de tristeza…”.

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viernes, 21 de enero de 2011

El carguero Progress


Cuando la Carrera Espacial llegó a su fin, los soviéticos miraron hacia otro lado como si aquella pugna tácita no hubiera ido con ellos. En octubre de 1969, Brezhnev manifestaría abiertamente en el Kremlin que los objetivos de la exploración espacial soviética nunca se habían dirigido a poner un hombre sobre la superficie lunar, sino a la creación de estaciones espaciales, con las que adquirirían la experiencia suficiente que los llevara a metas mayores. Hoy en día con la desaparición de la U.R.S.S. sabemos perfectamente que los soviéticos contaban con un gran programa lunar, que los llevara al satélite antes que los americanos para seguir mostrando al mundo su potencial tecnológico.
Heridos en su amor propio centraron su actividad en la creación de estaciones espaciales, lo cual les llevó a ser unos expertos en el tema, lo que serviría de referente en la construcción de la Estación Espacial Internacional.
Los soviéticos pondrían en órbita siete estaciones Salyut, para terminar con la exitosa estación MIR. Las estancias de los astronautas en el espacio se iban prolongando cada vez más, hasta que llegó el momento con la Salyut 6 en que se vio la necesidad de crear un vehículo automático que sirviera de reabastecimiento de víveres y combustible a las estaciones.
Siguiendo con la política conservadora soviética, estos se limitaron a adaptar la nave Soyuz a las nuevas necesidades. La nave Soyuz está formada por tres módulos; el de servicio, el de descenso y el orbital (véase: Soyuz 5). El módulo de servicio está formado por toda la parte mecánica de la nave, la cual no regresa a la Tierra ya que se desprende del resto de la nave y se desintegra con la entrada en la atmósfera. El segundo módulo es el de descenso, que es el compartimento donde viajan los astronautas. Y por último el módulo orbital que sirve a modo de estancia a los cosmonautas para realizar experimentos, o de almacén, este módulo tampoco retorna a tierra.

La nueva nave de reabastecimiento soviética, denominada Progress, tiene un aspecto exterior similar a la Soyuz. El módulo de servicio sigue siendo igual al de la Soyuz, en un principio la única excepción era la ausencia de los dos paneles solares, que debido al menor consumo de energía fueron sustituidos por baterías, las cuales podían ser recargadas con los sistemas de la estación espacial a la que era atracada. Hoy en día se ha vuelto al uso de paneles solares para el abastecimiento de energía propio. El módulo de descenso en este caso se convierte en un gran depósito de combustible, que servirá de abastecimiento de propulsante a la estación espacial, con una capacidad de casi mil kilos. Y por último el módulo orbital es una zona presurizada donde acceden los cosmonautas de la estación para proceder a la extracción de aproximadamente 1.400 kilos de comida, aire, agua, y demás objetos que puedan ser necesarios en la estación. Una vez vaciado este compartimento, se comunica mediante unas mangueras el módulo de descenso con los depósitos generales para proceder a la extracción del combustible. Terminada toda la operación, el módulo orbital es llenado con todos los materiales de desecho: basura, excrementos, etc. Desintegrándose la nave al completo contra la atmósfera terrestre, ya que no dispone de sistema de retorno. Hasta la llegada de la Progress, todos los desechos se tiraban al espacio, quedando estos alrededor de la nave largo tiempo, hasta que se disipaban, creando así un entorno de basura espacial muy peligroso. Con esta nueva filosofía de reabastecimiento se crearían a partir de este momento todas las estaciones espaciales, disponiendo todas ellas de más de un puerto de atraque.
A la izquierda nave Soyuz atracada en la Estación Espacial Internacional, a la derecha carguero Progress. Quizás la diferencia mas visible de estas dos naves son las vantanas de la Soyuz en el módulo de descenso.

En este momento, además de la función de reabastecimiento, la Progress también cumple con la misión de elevar periódicamente a una órbita superior la Estación Espacial Internacional. Debido al rozamiento con las capas altas de la atmósfera, esta pierde velocidad con la consiguiente caída de órbita, la cual es recuperada o bien con la ayuda del Transbordador Espacial norteamericano, o mediante los motores del módulo Zvezda, o mediante la misma Progress.
Con más de treinta años, la nave Progress sigue estando activa, ya que en la actualidad sube unas cuatro o cinco veces al año a llevar víveres a la Estación Espacial Internacional, siendo su operatividad todo un éxito de la astronáutica.
Introducción de una nave Progress en el carenado aerodinámico que la acompañará hasta salir de la atmósfera. Posteriormente su montaje sobre el cohete y traslado a la plataforma de lanzamiento.

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miércoles, 29 de diciembre de 2010

FELIZ 2011

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lunes, 20 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD

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lunes, 22 de noviembre de 2010

El fenómeno OVNI


El fenómeno OVNI es difícil de evaluar, ya que por lo general no existen registros oficiales de los avistamientos que se producen en todo el mundo. Las denuncias suelen estudiarse someramente, y archivarse. Solo algunos aficionados, periodistas, o escritores profundizan en el tema, pero con un rigor que tarde o temprano hace dudar de la veracidad de los hechos. Los fenómenos OVNI, siempre existieron, entendiendo como tal la aparición de naves extraterrestres, aunque no sea lo más correcto. Pero cuando tuvieron su despegue como fenómeno mundial fue en la segunda mitad del siglo XX.

El primer caso de avistamiento OVNI registrado en los medios de comunicación, se produjo el 24 de Junio de 1947, cuando un joven hombre de negocios llamado Kenneth Arnold, que pilotaba un avión particular, divisó en las proximidades del Monte Rainier en el estado de Washington una formación de nueve objetos voladores relucientes a plena luz del día, durante unos diez minutos. Él fue el primero que acuñó el término de “platillos volantes” y apuntó la posibilidad de que se tratara de naves extraterrestres. A partir de este momento los avistamientos proliferaron de forma que algunos medios de comunicación llegaban a registrar más de 1.500 casos por año.

El morbo del fenómeno, y los progresos en investigaciones de carácter aeroespacial, llevaron a los ciudadanos del mundo a ver cosas extrañas en el cielo que a veces ni siquiera existían. Aviones especiales, satélites en órbitas bajas, globos meteorológicos, bandadas de pájaros, meteoros, auroras boreales, etc. Todo ello desconcertaba a una gente que abría sus mentes a una nueva era espacial. Si nosotros podíamos ir al espacio, ¿Por qué no podrían venir otros seres del espacio hacia nosotros? ¿Por qué íbamos a estar solos en el mundo?

El transcurso del siglo XX se caracteriza cada vez más por un aumento del materialismo, y mientras que antes a los fenómenos celestes extraños se les atribuían explicaciones milagrosas o circunstancias mágicas, ahora se justifican con explicaciones más acordes con los tiempos, donde lo que prima es un culto exacerbado a la tecnología. Además ocurre que cuando se produce un fenómeno extraño atribuido a extraterrestres, no es preciso justificar nada, porque esos seres pueden hacerlo todo. El tema de los extraterrestres se asemeja cada vez más a una nueva religión, se cree en ellos como se cree en un Dios. De hecho algunas religiones dirigen sus esperanzas a salvaciones por culturas superiores llegadas del espacio interestelar.

Aunque como decíamos arriba el fenómeno OVNI es muy difícil de evaluar, atendiendo a muestras estadísticas según Luis Ruiz de Gopegui, podemos clasificarlo en cuatro categorías:
a) Aproximadamente el 60 por ciento de los casos de avistamientos OVNI son sencillamente fraudes con toda clase de intenciones en busca de sensacionalismo barato.
b) El 20 por ciento son fenómenos naturales interpretados erróneamente en el momento del avistamiento pero correctamente interpretados con posterioridad.
c) El otro 20 por ciento son hechos puntuales sobre los que es prácticamente imposible hacer ninguna comprobación por métodos científicos, pues no dejan el más mínimo rastro para su posterior contrastación de resultados.
d) Y solamente el 1 por 1.000 de los casos denunciados son fenómenos ciertamente desconocidos sobre los que por el momento, a pesar de los estudios realizados, no se ha encontrado explicación satisfactoria alguna.

El fenómeno OVNI tuvo su apogeo en los años sesenta, cuando la actividad espacial estaba en pleno apogeo. A partir de este momento fue languideciendo de la misma forma que lo hacían los programas espaciales de la Unión Soviética y Estados Unidos. Hoy en día su interés ha disminuido debido a la falta de pruebas materiales que se aportan en todos los casos, aunque el morbo sigue manteniendo vivo el interés de algunos aficionados a todo tipo de fenómenos paranormales, que se regocijan en el placer que produce el misterio.

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lunes, 15 de noviembre de 2010

Accidentes chinos.


En 1970 China entraría a formar parte del selecto grupo de países con capacidad espacial, poniendo por primera vez en su historia un satélite en órbita terrestre. Pero su ambicioso programa espacial no terminaría aquí, ya que el 15 de octubre de 2003, Yang Liwei se convertiría en el primer taikonauta de la República Popular China. Convirtiéndose así en el tercer país del mundo con capacidad para hacer vuelos espaciales tripulados.

Y de nuevo la historia se vuelve a repetir. Igual que pasaría con sus colegas comunistas de la Unión Soviética en los años sesenta, en China nos encontramos con el grave problema de la escasa transparencia informativa. Como siempre, se publican los logros pero nunca los fracasos. De todas formas, hoy en día los medios de comunicación han avanzado tanto, que aún así en Occidente nos llega mucha información de las cosas que pasan en China, pero lógicamente manipuladas por el sistema político. Es por eso que muchas de las cifras que daré a continuación, todas ellas oficiales, son de una más que dudosa fiabilidad.

De la misma forma que ocurrió en la Unión Soviética o en Estados Unidos, los accidentes de la exploración espacial no ocurrían generalmente en vuelo, sino en tierra. El primer accidente chino fue conocido en Occidente en el año 1984, donde un joven técnico murió después de una agonía de más de seis años, como consecuencia de la exposición a radiación durante la realización de experimentos para el desarrollo de un satélite geoestacionario. También ese mismo año sería dado a conocer otro accidente, en este caso sin víctimas, ocurrido el 28 de Enero de 1978, al explotar un lanzador que se estaba preparando sobre la misma base de lanzamientos. Las cifras oficiales dadas por el gobierno chino fueron de seis heridos graves, y al menos doce más con heridas y quemaduras de diversa consideración. Se desconocen los detalles del suceso.

En los años noventa el programa de lanzamientos de satélites comerciales chino estaba en pleno apogeo, aunque también es preciso decir que plagado de fallos, lo que hacía subir las primas de seguros encareciendo notablemente los contratos con el extranjero. El 21 de diciembre de 1992, durante el lanzamiento de un satélite de comunicaciones australiano se producía la explosión del lanzador durante el ascenso, aproximadamente un minuto después del lanzamiento. Una investigación posterior determinaría que el problema fue debido a un fallo del satélite que derivó en la explosión del cohete. Debido a la distancia en que se produjo la explosión parece ser que no hubo ningún tipo de víctima.

El segundo accidente mortal se produciría el 2 de Abril de 1994, mientras se trabajaba en la puesta a punto de un satélite meteorológico chino, el Fen Yung 2, en la base de lanzamientos de Xichang. Debido a causas que aún no han sido reveladas, el satélite explotó cobrándose la vida de un técnico y ocasionando 31 heridos.

China cuenta con tres centros de lanzamiento de cohetes: Jiuquan, Taiyuan y Xichang. Como bien se sabe China es un país superpoblado, y el enclave de estos centros está en mayor o menor medida cerca de pequeños poblados, los cuales sufren constantemente la caída del cielo de restos de fuselaje de los lanzadores. El 6 de Enero de 1995 tendría lugar un fallo mucho mas catastrófico, en este caso lo que se trataba de lanzar era el satélite de comunicaciones Apstar 2. El accidente fue muy similar al ocurrido en el año 92. A los 50 segundos del lanzamiento, el cohete explotaba con tan mala fortuna que sus restos caían sobre una aldea próxima a la base de lanzamientos. La cifra oficial de víctimas fue de 6 muertos y 23 heridos, aunque como es lógico se sospecha de la fiabilidad de estas cifras. Las causas del accidente tampoco en este caso están del todo esclarecidas, ya que no hubo acuerdo entre las investigaciones realizadas por la empresa norteamericana Hughes (diseñadora del satélite) y los técnicos chinos, aunque todo apunta a una mala integración del satélite con el lanzador.

El 15 de Febrero de 1996, nuevamente se produciría otra desgracia en la emergente industria aeroespacial china. En este caso se trataba de un lanzamiento comercial, con el objeto de poner en órbita el satélite Intelsat 708, para retransmisiones de televisión para América Latina. Dada la importancia del lanzamiento, este se iba a retransmitir por televisión en directo para toda China. Pocos segundos después del despegue, cuando el cohete aún no había rebasado la torre de lanzamiento, este comenzó a inclinarse, en este momento la retransmisión televisiva se cortaba, y 22 segundos después el cohete estaba completamente invertido y caía sobre una aldea vecina a la base de lanzamiento, envolviéndola en una bola de fuego. La cifra oficial fue de seis muertos y cincuenta y siete heridos, pero fuentes no oficiales opinan que la cifra de víctimas pudo ser muy superior. Al día siguiente un ingeniero israelí que estaba en China para observar el lanzamiento, grababa con su videocámara los restos de la aldea de Xichang, totalmente destruida, como si hubiera sido atacada por un bombardeo.

Las bases de lanzamiento de cohetes tienen un perímetro de seguridad despejado lo suficientemente grande como para evitar estos incidentes, pero se demostró que China no parecía seguir estos criterios. En la actualidad el protocolo a seguir para un lanzamiento es el de evacuar a todos los habitantes de las aldeas cercanas hasta que se hayan concluido los lanzamientos. También últimamente se están desviando la mayoría de los lanzamientos al nuevo centro de Wenchan, en la isla de Hainan al sureste de China y frente al océano Pacífico. En la actualidad la exploración espacial china avanza a pasos agigantados, en este momento la sonda Chang`e-2 explora la Luna con el fin de mandar misiones tripuladas al satélite a principios de los años veinte, y en esa misma década está previsto proceder al alunizaje de taikonautas chinos.

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lunes, 8 de noviembre de 2010

Los horrores de Mittelwerk


El último día de la Primera Guerra Mundial para algunos alemanes fue el principio de la Segunda. No fue ni más ni menos que un tiempo de descanso, recuperación económica y rearme para volver a las andadas. Mediante el Tratado de Versalles, a los alemanes se les prohibía la fabricación de cualquier tipo de armamento pesado, sin embargo ellos argumentaban que el Tratado no decía nada sobre los cohetes. Los alemanes vieron en la cohetería una nueva forma innovadora de transporte de bombas, solo que aún necesitaban un tiempo para controlar este nuevo tipo de máquinas.

En 1932 el ejército alemán con la colaboración de un grupo de jóvenes aficionados a los cohetes, cedían las instalaciones de un campo de tiro en las afueras de Berlín para todo tipo de prácticas. Pronto el desarrollo de los cohetes fue tan grande que las alturas que alcanzaban estos suponían un riesgo para las zonas habitadas, por lo que hubo que tomar la determinación de trasladarse a otro lugar. En 1937 se creaba en Peenemünde, frente a la costa del Mar Báltico, una nueva base de lanzamiento de cohetes denominada:”Estación Experimental del Ejército Peenemünde” Al frente de la cual y como director técnico se encontraba el joven de 25 años Wernher Von Braun. La base fue un lugar secreto hasta que en plena contienda, la RAF mediante un vuelo de reconocimiento fotográfico, localizó las instalaciones de lanzamiento de cohetes. En la noche del 17 de Agosto de 1943, los Británicos bombardearían la base alemana, causando grandes destrozos que no llegaron a ser totales debido a un pequeño error de cálculo posicional.

Esta situación llevaría a Hitler a trasladar de nuevo la base de producción de los ya misiles V2 a otra zona, siendo en esta ocasión unas minas abandonadas en las montañas Harz a unos cuatrocientos kilómetros al sudeste de Peenemünde, cerca de la localidad de Nordhausen. Las minas consistían en dos largos túneles paralelos de cerca de dos kilómetros de longitud, y unidos por pasillos a modo de traviesas de tren, los cuales fueron agrandados por mano de obra esclava, suministrada desde el cercano campo de concentración de Dora. La nueva fábrica sería conocida con el nombre de “Mittelwerk”.

Con la ocupación americana de Alemania saldrían a la luz las atrocidades cometidas por los nazis en aquellas instalaciones. En los túneles de Mittelwerk se estima que entraron alrededor de 50.000 prisioneros, y solo salieron con vida la mitad de ellos, eso quiere decir que murieron unas cinco veces más de personas en la fabricación de los V2 que las muertes causadas directamente por este arma. La fase más dura fue la de expansión del sistema de túneles, en la segunda mitad de 1943. El proceso de excavación fue de una dureza inenarrable. Los obreros trabajaban en turnos de doce horas, extrayendo la piedra a pico y pala, arrastrando pesadas vagonetas cargadas de escombros. Sin apenas alimentación y escasas cantidades de agua y sin salir nunca de los túneles. Entre polvo, humedades, durmiendo en el suelo, sin instalaciones sanitarias, donde las enfermedades como el tifus, la disentería, la tuberculosis y la simple inanición acababan frecuentemente con la vida de aquellos que no morían trabajando. Azuzados por los látigos de los “capos”, trabajaban sin descanso, y si alguno se revelaba era rápidamente ahorcado y exhibido su cuerpo colgado durante días a sus compañeros de forma ejemplar.

Posteriormente los cadáveres eran incinerados en los crematorios de Buchenwald, hasta que se construyeron nuevos hornos en Dora.

Otra etapa de extremada dureza fue la evacuación de las instalaciones ante la llegada de las tropas aliadas. Los prisioneros, agotados y famélicos, eran hacinados en trenes y forzados a realizar extenuantes marchas a pie, en las que centenares morían por el camino. Los más débiles o enfermos fueron tiroteados o encerrados en establos y quemados vivos por las SS antes de abandonar las instalaciones. Los que consiguieron sobrevivir terminarían sufriendo toda la vida los efectos sicológicos producidos por la barbarie humana vivida.

Posteriormente los soviéticos bombardearían las puertas de los túneles para cerrarlos, y hoy en día se puede visitar una pequeña parte de la fábrica abierta al público.

En un discurso pronunciado por el General Walter Dornberger, director del complejo de Peenemünde, diría: “Hemos entrado en la era espacial”.

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martes, 2 de noviembre de 2010

Apolo 8. La misión mas arriesgada.


Si hablamos de las grandes misiones de la exploración espacial todo el mundo se acuerda de Yuri Gagarin, de John Glenn, del Apolo 11, o como no, del Apolo 13 que tuvo los corazones de todo el mundo en un puño durante unos días. Sin embargo nadie se acuerda del Apolo 8, y dentro de mi modesta opinión fue la misión más arriesgada de todas las habidas hasta la fecha, ya que el Apolo 8 abriría el camino hacia la Luna. Hasta este momento teóricamente los soviéticos iban por delante de los americanos en la carrera espacial, siempre todos los éxitos eran a cargo de los primeros, pero ahora serían los estadounidenses los que comenzarían a batir records.

Tras el retraso en el programa espacial americano producido por el accidente del Apolo 1, se produjeron varios lanzamientos de prueba todos exitosos, hasta que llegó el momento de lanzar un vuelo tripulado, el Apolo 7. Éste se limitaría a hacer una serie de prácticas en la órbita terrestre, y su lanzador era una variante menos potente del Saturno V, el Saturno IB. El siguiente vuelo estaba programado para realizar una serie de maniobras con el módulo lunar de descenso también en la órbita terrestre, pero aparece el primer problema, y era que aún no estaba totalmente terminado. Para evitar retrasos, se decidió alterar el orden de los vuelos, ya que la siguiente misión consistiría en orbitar la Luna, y para eso no haría falta el módulo lunar, por lo que fue el Apolo 8 el que se encargaría de esta misión. Pero la misión no dejaba de ser complicada, ya que los astronautas no tenían el tiempo suficiente para un correcto entrenamiento. Para ello se designó a tres de los grandes astronautas americanos: el comandante Frank Borman, el piloto del módulo de mando James Lowell (sustituyendo a Michael Collins debido a una lesión en la espalda y quedando relegado al Apolo 11), y el piloto del módulo lunar Willian Anders.

A pesar de todo, los soviéticos parecían seguir de cerca los pasos de los americanos, ya que los servicios de inteligencia fotografiaban un enorme cohete listo para ser lanzado en la base de Baikonur. Era este el “N 1”, un cohete de similares características al Saturno V, con capacidad para llevar un hombre a la Luna, pero que nunca llegó a hacerlo. De todas formas no se podía perder tiempo, y el 21 de diciembre de 1968 el Apolo 8 era lanzado al espacio con destino la Luna.

En el despegue del Apolo 8 hubo pequeños problemas, fallos en el motor que alargaba los encendidos y la órbita no fue del todo perfecta. Pero poco después se encendía la tercera etapa del Saturno V, iría aumentando la velocidad y ampliando la órbita hasta que suavemente se fue escapando de la atracción terrestre y con rumbo a la Luna. Era la primera vez que un ser humano abandonaba la Tierra en dirección a otro planeta. También era la primera vez que un ser humano alcanzaba una velocidad de 40.000 kilómetros por hora, que es la velocidad de escape de la Tierra. Por el espacio nos movemos realizando órbitas, y era la primera vez que un ser humano abandonaba la órbita terrestre para incorporarse a una órbita solar y después a una lunar.

Y ahora llegaba la fase más complicada de la misión, la llegada a la Luna. Hasta este momento todas las maniobras se habían hecho mediante complicados cálculos matemáticos sobre el papel, y mediante simuladores, pero ahora todo era real y estaba en juego la vida de tres personas, y todo un programa espacial que contaba con muchos detractores. La llegada a la Luna debía de ser muy precisa, un error en la velocidad o en el ángulo de aproximación y los astronautas podían terminar estrellándose contra la Luna o perdidos en el espacio. Tras 61 horas de vuelo, realizaron un nuevo encendido de corrección que frenó la nave para que pudiera ser atraída por el campo gravitatorio de la Luna. A las 69 horas de misión, la nave Apolo entró en la parte posterior del satélite quedando completamente incomunicados con tierra, en este momento se volvieron a encender los motores que dejarían al Apolo en órbita lunar. Esta maniobra era la mas delicada de la misión, de no ser correcta los astronautas no volverían con vida. Por primera vez un ser humano veía en directo la cara oculta de la Luna. Mientras en Houston, los controladores se tomaban un pequeño descanso lleno de tensión. Un reloj en cuenta atrás marcaba el momento en que se deberían de reanudar las comunicaciones, de hacerse antes o después dependía el fracaso de la misión. Cuando el reloj llegó a cero se oyó, de forma matemática, de nuevo a los astronautas que aparecían por el otro lado de la Luna. Todo había sido correcto, y los pasajeros veían también por primera vez aparecer la Tierra sobre el horizonte lunar, realizando una de las fotografías mas espectaculares del siglo XX. De esta manera también se batiría un nuevo record, en este caso de altura ya que se encontraban a unos 380.000 kilómetros de la superficie terrestre. Esta maniobra quizás haya sido la más delicada de toda la exploración espacial hasta la fecha.


A partir de este momento orbitarían la Luna en diez ocasiones y emprenderían de nuevo el camino a casa. James Lowell volvería de nuevo a la Luna, pero tampoco en este segundo vuelo tendría la suerte de posarse sobre ella ya que el famoso accidente del Apolo 13 hizo abortar la misión.

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lunes, 25 de octubre de 2010

¿A donde ir cuando la Tierra se muera?


Está perfectamente claro que si la humanidad quiere perpetuarse en el tiempo, llegará el día en que tendrá que ir haciéndose las maletas y marchar de la Tierra. Si antes no nos autodestruimos nosotros mismos, o si algún suceso cósmico lo impide, el Sol consumirá todo su hidrógeno y comenzará una fase que lo llevará a la muerte y la consiguiente desaparición de vida en la Tierra. Los astrónomos pronostican que esto ocurrirá dentro de 5.000 millones de años, pero no hará falta esperar tanto, ya que dentro de unos 1.000 millones de años la temperatura en la Tierra habrá subido tanto que el agua se habrá evaporado y disipado por el espacio, llevándose así cualquier tipo de vida conocido. El gran problema que nos acuciará entonces será adonde ir.

Por el momento, desde el año 1995 sabemos con toda seguridad que existen infinidad de planetas orbitando otras estrellas, el problema que ahora se nos plantea es como llegar a ellos en un breve plazo de tiempo. La estrella más cercana al Sol está aproximadamente a unos 4,5 años luz, pero que una nave espacial llegue a alcanzar esa velocidad aún es impensable. El artefacto mas alejado de nosotros hecho por el hombre y aún bajo control, es una de las naves Voyageur que después de más de 30 años en vuelo se encuentra prácticamente fuera del Sistema Solar. Si redujéramos el Sol al tamaño de un balón de futbol, y lo pusiéramos en Madrid, siguiendo esa misma escala tendríamos que colocar la estrella más cercana a nosotros (Alfa Centauro) aproximadamente en Buenos Aires, y tendríamos siguiendo la misma comparativa que la nave Voyageur aún no habría salido después de más de treinta años de vuelo del casco urbano de Madrid. Esto nos puede dar una idea de la gran problemática que supondrá la invención de nuevos sistemas de transporte.

Otro problema que debemos de tener claro a la hora de sacar nuestro billete es que el planeta elegido sea rocoso, ya que hasta el momento estos se encuentran en minoría, e instalarnos en un planeta gaseoso sería impensable.

También el tamaño sería de suma importancia, ya que en un planeta muy grande, la gravedad no nos permitiría ponernos en pié. En un planeta como Júpiter una persona de peso medio pesaría más de 200 kilogramos, lo que nos impediría cualquier tipo de movilidad. Y no digamos nada del alto nivel de radiación que nos aniquilaría automáticamente.

Este planeta ideal tendríamos que ir a buscarlo dentro de una franja que tienen todas las estrellas que se llama “zona de habitabilidad”. Esta es una estrecha región alrededor de una estrella en la que un planeta podría mantener agua en estado líquido. De igual manera la órbita de este planeta tendría que ser lo menos elíptica posible, ya que de no ser así, este se saldría de la zona de habitabilidad y su agua podría tanto congelarse como evaporarse.

Otro factor a tener en cuenta sería el tamaño de la estrella. Una estrella muy grande no sería muy interesante porque el ciclo vital de estas estrellas es muy corto, y nos encontraríamos con el problema de tener que irnos de allí en breve. Por otro lado, una estrella muy pequeña haría que la zona de habitabilidad estuviera muy cerca de ella, y esto a su vez produciría el efecto llamado “acoplamiento de marea”, por el que un planeta sincroniza el giro sobre su eje con el giro de traslación alrededor de su estrella, haciendo que siempre muestre la misma cara hacia su sol (este efecto lo tenemos entre la Luna y la Tierra), lo cual hará que una zona tenga temperaturas altísimas y otra bajísimas.

Hasta el momento solamente la enana roja Gliese 581 alberga un planeta dentro de la zona de habitabilidad llamado Gliese 581g, situado a unos 20 años luz, y que aparentemente cumple ciertos requisitos que nos puedan dar ciertas esperanzas de poder ser habitable. Pero aún disponemos de mucho tiempo, y aún tendrán que pasar muchas cosas.

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lunes, 18 de octubre de 2010

Kennedy. Un discurso con truco.


La llamada “Carrera Espacial” no fue solo la lucha que los americanos mantuvieron con los soviéticos en los años sesenta por ser los primeros en llegar a la Luna, sino que además era una carrera contrarreloj. El 25 de Mayo de 1961, el presidente Kennedy ante el Congreso pronunciaba un discurso que se haría famoso por la determinación de poner un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra. Pero a esta aventura le ponía fecha de caducidad. John F. Kennedy a instancias de sus asesores marcó una fecha con una cierta ambigüedad, y fue: “…antes de que termine la década…”


El reto era muy ambicioso, los norteamericanos solamente habían tocado el espacio sin llegar a orbitar la Tierra, y en pocos años deberían estar en la Luna. Mientras el proyecto Mércuri estaba en pañales, los proyectos Géminis y Apolo ya estaban en la mesa de diseño. El Mércuri fue una toma de contacto con el espacio, y una aclaración de ideas sobre el nuevo medio con que se iban a encontrar. El Géminis supuso una forma de dominar todas las técnicas que serían necesarias para el viaje lunar. Y el Apolo la culminación de todos los trabajos.


Por su parte los soviéticos afrontaban la Carrera con el proyecto Vostok, equivalente al Mércuri, y el Voskhod, muy por debajo de la tecnología Géminis, pero que daría un golpe de efecto propagandístico al enviar por primera vez al espacio una misión con tres cosmonautas, y posteriormente realizar el primer paseo espacial de la historia. Aunque estos teóricamente se encontraban a la cabeza de la Carrera, en la práctica los americanos avanzaban con paso firme y seguro.

Todo marchaba correctamente para los estadounidenses, sin apenas incidentes de importancia y dentro de los tiempos establecidos, cuando el 27 de enero de 1967 se producía un accidente mientras se procedía a realizar una simulación de lanzamiento, el cual se debería de producir un mes más tarde. Lo sucedido fue un incendio producido dentro de una nave Apolo, donde se vieron atrapados sin poder salir los astronautas: Gus Grissom, Edward White y Roger Chafee, los cuales fallecieron en el acto. Este accidente obligaría a una revisión del diseño de la Apolo, con el consiguiente retraso del programa de casi un año.


Aún se estaba a tiempo de cumplir los plazos fijados. Con el fallecimiento de Kolorev, el ingeniero jefe del programa espacial soviético, los comunistas perderían el rumbo y poco a poco quedarían descolgados por la lucha final. Ahora los americanos miraban mas para el reloj que para la Unión Soviética. Y el 16 de Julio de 1969, el Apolo 11 despegaba de Cabo Cañaveral con el objetivo de pisar la Luna. Todo salió como estaba previsto, pero si algo hubiera pasado, la NASA aún tenía el Apolo 12 que estaría en servicio para finales de año.

Pero lo curioso es que Kennedy en su discurso se percató de no dar una fecha exacta. Incluso si hubiera dicho: “antes de que termine la década de los sesenta”, entonces teniendo en cuenta que una década es un plazo de tiempo de diez años(sin determinar cuando empieza ni cuando termina), y que la década de los sesenta comienza cuando la cifra de las decenas del año en cuestión alcanza el dígito “6”, entonces tenemos que la década de los sesenta comienza el 1 de enero de 1960, y termina diez años después, o sea, el 31 de diciembre de 1969. Sin embargo Kennedy se limitó a decir: “antes de que termine esta década”. Por lo tanto, tenemos que remontarnos al comienzo de nuestro calendario, o sea, al 1 de enero del año 1 (el año 0 no existió), y a partir de ahí ir sumando fracciones de tiempo de diez años, por lo que la primera década terminaría el 31 de diciembre del año 10, y la segunda comenzaría el 1 de enero del año 11. Siguiendo el mismo sistema matemático, tenemos que la década en que Kennedy pronunció su discurso correspondía al periodo que iba desde el 1 de enero de 1961 hasta el 31 de diciembre de 1970. Con lo cual está claro que el presidente se guardaba un as en la manga, puesto que la NASA aún dispondría de un año adicional para cumplir las expectativas de Kennedy.

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lunes, 11 de octubre de 2010

Tsien Hsue-Shen. La idiotez norteamericana


China, junto con Estados Unidos y Rusia, son los únicos países que han puesto un hombre en el espacio. A nivel de lanzadores se encuentra entre los seis grandes, incluyendo a Europa, Japón y la India. Al igual que sus colegas comunistas de la Unión Soviética, el programa espacial chino sigue estando envuelto en un alto grado de secretismo y propaganda institucional, el cual hace que sea muy difícil conocer todos sus entresijos.

De igual manera que los programas soviético y estadounidense fueron liderados por genios como Korolev y Von Braun respectivamente, el programa espacial chino estaría a cargo de Tsien Hsue-Shen.


Tsien Hsue-Shen nació en diciembre de 1911 en Hangzhou, en un país lleno de conflictos políticos que desembocarían en La Revolución y el triunfo de los comunistas de Mao. De familia discretamente acomodada, realizó estudios superiores obteniendo el título de ingeniero mecánico de ferrocarriles en la Universidad de Jiao Tong. Sus excelentes notas le harían acreedor de una beca para ampliar sus estudios en Estados Unidos. En el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts obtuvo el doctorado en Ingeniería Mecánica, y dada su alta capacidad para las matemáticas pasó al Instituto Tecnológico de California, bajo la dirección del legendario ingeniero aeroespacial Theodore von Kármán (uno de los padres de la aerodinámica). Durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado por el ejército norteamericano, alcanzando el grado de coronel. Al finalizar el conflicto, él y Von Kármán fueron los primeros que viajaron a la Alemania derrotada para hacerse con sus especialistas y ponerle las manos encima a la V-2. Entre estos especialistas capturados se encontraba ni más ni menos que Wernher von Braun. Nadie podía sospechar por aquel entonces que el futuro padre del programa espacial chino estaba interrogando y evaluando al futuro padre del programa espacial norteamericano. Con la llegada del macarthismo y su caza de brujas, Tsien (aún ciudadano chino aunque ya había solicitado la nacionalidad americana) comenzó a sentirse acosado en el que ya consideraba su país. En 1950 fue acusado de pertenecer al partido comunista, siendo apartado de su trabajo e impidiéndole seguir investigando. Tsien decidió volver a China, pero fue detenido y puesto bajo arresto domiciliario durante cinco años. En 1955, durante unas conversaciones en Ginebra para intercambio de prisioneros de guerra, China puso como condición para cerrar las negociaciones que permitieran a Tsien volver a su país, accediendo el presidente Eisenhower a la petición. El secretario de la Armada Dan A. Kimball dijo años después: "Fue la cosa más estúpida que este país hizo jamás. Tsien no era más comunista que yo, y le obligamos a marcharse." Una vez en su país y partiendo de cero sería el impulsor de todo el programa espacial chino.


El caso es que uno de los mejores expertos en ingeniería aeroespacial de Estados Unidos y del mundo entero, fue deportado a la China de Mao a cambio de doce prisioneros de la Guerra de Corea. Con él se iban también una inmensa cantidad de conocimientos en su mente privilegiada. Debido a la ceguera, fanatismo, e idiotez norteamericana, nunca ninguna trama de espionaje suministró tanta información sobre cohetería y tecnología aeroespacial avanzada a una potencia extranjera de un solo golpe. Con este gesto los Estados Unidos exportaron prácticamente gratis un programa espacial entero a la República Popular China de Mao.

La historiadora Ellen W. Schrecker sostuvo:”...en este país el macarthismo hizo más daño a la constitución que lo que jamás haya hecho el Partido Comunista Americano”.

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lunes, 4 de octubre de 2010

Neil Armstrong


Ni Marco Polo, ni Cristóbal Colón tuvieron que someterse a exigentes pruebas de selección para comenzar sus aventuras. Hoy en día, una actividad de dimensiones equivalentes, como puede ser el envío de un hombre a la Luna, requiere la participación de miles de personas altamente cualificadas. Y en la cúspide de este organigrama se ha de encontrar un auténtico superhombre.

Los astronautas con los que contaba la Nasa en los años sesenta tenían un nivel de preparación tan alto, que cualquiera de ellos estaba perfectamente capacitado para llevar a cabo la primera misión lunar. Las razones por las que se determinó que fuera Neil Armstong el primero, se deben a cuestiones de organización interna, más que a razones de cualificación personal. Pero en realidad Armstrong no dejaba de ser un personaje no solamente con una preparación excepcional, sino con un talante tranquilo y frío, capaz de solucionar las situaciones más peligrosas sin perder los nervios.

Neil Armstrong nació el 5 de Agosto de 1930 en Wapakoneta (Estados Unidos), en el seno de una familia de posición modesta. Mientras que a cualquier otro niño le hubiera gustado volar aviones, a Neil lo que le gustaba era construirlos, hacía maquetas en papel, cartón, madera, etc. Cuando tenía quince años, con los ahorros de pequeños trabajos, obtuvo el título para pilotar aviones, antes que el carnet de conducir. Sabía que para diseñar aviones lo mejor era saber pilotarlos. Sus padres no podían costearle unos estudios universitarios, por lo que firmó un contrato con el gobierno mediante el que se comprometía a servir en las Fuerzas Armadas a cambio de una beca de estudios, así comenzó la carrera de Ingeniería Aeronáutica. Ante la inminente entrada en guerra contra Corea, fue reclamado por el Ejército, sin terminar sus estudios, para someterse a una fase de adiestramiento y su posterior envío al país asiático. Allí viviría los momentos más duros de su vida al ver como desaparecían muchos de sus compañeros y amigos íntimos. En cierta ocasión, en un ataque en vuelo rasante, un cable antiaéreo le arrancó parte de un ala de su avión, en esta situación Neil mantuvo la calma, y poco a poco fue llevando de forma precaria su reactor hasta conseguir llegar a territorio de Corea del Sur, allí se eyectó del aparato y calló sobre un arrozal donde fue rescatado poco después. Una vez finalizada la guerra terminó sus estudios, y trabajó en el Centro de Investigaciones Lewis en Ohio, después trabajaría en la NACA, lo que luego sería la NASA, y a mediados de la década de los cincuenta se incorporaría al Centro de Vuelos Edwards, donde se convirtió en piloto de investigaciones de aeronaves de alta velocidad, donde tripularía el peligroso “X-15” que alcanzaba velocidades superiores a los 6.000 kilómetros por hora y alturas que rondaban los 100 kilómetros. También volaría, como probador de aviones en más de doscientos tipos distintos, incluyendo aviones a reacción, cohetes, helicópteros y planeadores. En 1962, a pesar de presentar la solicitud fuera de plazo (siempre hacía las cosas con mucha calma), obtuvo una plaza de astronauta, por lo que se trasladó a Houston para su instrucción.

A principios de los años sesenta, la NASA ya había determinado que para el vuelo lunar se utilizarían dos vehículos, el primero llevaría a los astronautas hasta la órbita de la Luna, y el segundo se encargaría del descenso. Las condiciones ambientales distintas como falta de atmósfera o una gravedad de un sexto la de la Tierra, harían que los entrenamientos de esta última etapa fueran bastante complicados. Mayoritariamente se realizarían con un simulador, pero las prácticas reales necesitarían de un prototipo bastante difícil de simular las condiciones lunares. Neil Armstrong como ingeniero aeronáutico y probador, ya trabajaría en este proyecto en esos años, abandonándolo después y retomándolo a mediados de los sesenta. El prototipo de módulo de descenso era un artefacto con forma de araña, en su parte central inferior tenía dos motores cohete que harían ascender y descender el aparato, y dieciséis propulsores mas que se encargarían de la estabilización y del empuje. El 6 de Mayo de 1968, Armstrong se subía por segunda vez a esta extraña nave. En un momento determinado esta hizo un movimiento brusco de cabeceo iniciando una caída irremediable, Neil se eyectó en la última fracción de segundo, ya que un poco más tarde la expulsión se habría hecho contra el suelo. Pocos minutos más tarde, Alan Bean (astronauta del Apolo 12) pasaba frente al despacho de Armstrong, el cual trabajaba rutinariamente. Unos metros más adelante unos compañeros le contaban lo sucedido, por lo que éste se volvería al despacho de Neil para confirmar la noticia. Cuando Bean le preguntó qué hacía allí después de lo sucedido, éste le contestó: “¿Y qué quieres que haga? Hoy es uno de esos malos días en que pierdes tu nave… ahora necesito terminar unos papeles y luego me voy a casa…” Con esta frialdad y tranquilidad era como se tomaba todas las cosas Neil Armstrong en la vida.


Y por fin llegó el día del bautizo espacial, el 16 de marzo de 1966, Armstrong como comandante y David Scott eran lanzados a la óbita terrestre en la Géminis 8. Su misión era acoplarse a una nave no tripulada y lanzada unos días antes llamada Agena. Dada la habilidad de Neil, la maniobra se realizó a la perfección, pero unos instantes después los astronautas observaban que el nuevo conjunto giraba cada vez más rápido, siendo imposible su detención. Esta situación se producía en una zona de sombra de comunicaciones con tierra, por lo que Neil decidió soltar el módulo Agena para ver si era este el causante del movimiento incontrolado. Una vez liberados, las cosas parecían ir mejor, pero pronto se darían cuenta que estaban girando de nuevo. De seguir así, esta situación les llevaría a perder la consciencia, ya que los giros iban en aumento. Armstrong decidió controlar la nave utilizando los sistemas de reentrada en la atmósfera, con el consiguiente riesgo de no tener combustible suficiente para las maniobras de descenso. La misión tuvo que ser abortada con rapidez, y la nave cayó sobre el Pacífico en una zona no prevista. La causa del problema fue la avería de uno de los motores de estabilización de la nave que se quedó encendido, produciendo un empuje descontrolado que hacía girar la nave. Pero la misión fue un éxito porque la parte importante de la misma que era el acoplamiento se había realizado perfectamente. Nuevamente la frialdad de Armstrong le haría no perder la cabeza, y tomar las decisiones correctas que le salvarían de una muerte segura.


En cierta ocasión, le preguntaron a un astronauta que qué se llevaría a la Luna, y él respondió que mas combustible. El poner un kilo de cualquier cosa en el espacio es tan caro, que el combustible que llevan las naves siempre está muy ajustado a sus necesidades. El 20 de Julio de 1969, Buzz Aldrin y Neil Armstrong se aproximaban en el módulo de descenso a la superficie lunar. Pocos segundos antes del contacto, el rudimentario ordenador de a bordo se colgaba, y los astronautas pasaban a dirigir la nave de forma manual. A pocos metros de la superficie de la Luna observaron que la zona prevista para el alunizaje estaba llena de grandes rocas. El posarse en esta zona podría ser catastrófico, porque de tumbarse el módulo lunar el posterior despegue se haría imposible, y se verían atrapados sin poder regresar. Nuevamente Armstrong iría buscando con su natural parsimonia un lugar apto para el alunizaje, pero el combustible se le acababa, y desde tierra le comunicaban que solo tenía treinta segundos de combustible, en ese momento se debería abortar la misión o quedarse para siempre en la Luna. Neil aguantó hasta los últimos segundos posando el módulo perfectamente sobre el satélite. Nuevamente demostraría su altísima cualificación para el trabajo al que fue destinado.


Este es Neil Armstrong, un hombre tímido, introvertido, que no pierde los nervios ni siquiera en una acalorada discusión, que vivió situaciones dramáticas en la guerra de Corea, o como cuando perdió a su pequeña hija de diez años víctima de un cáncer, que sorteó la muerte con serenidad y sangre fría, y siempre con una tranquilidad pasmosa.

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lunes, 27 de septiembre de 2010

Las esposas de los cosmonautas


Os he contado en otro artículo como era la vida de las esposas de los astronautas, en justicia pienso de también debería hacerlo con las esposas de los cosmonautas, aunque en este caso el papel de estas no tenía ningún tipo de transcendencia.

De todos es conocida la opacidad informativa de la U.R.S.S. Las cosas siempre se hacían en el más absoluto secreto, y solamente transcendían a los medios de comunicación sus éxitos y muy pocos fracasos. De tal manera que ni siquiera los mismos cosmonautas, o cualquier persona implicada en el programa espacial eran conocidos por la sociedad soviética. En una entrevista hecha a principios del año 2000 en Estados Unidos a la hija de Serguei Korolev (ingeniero jefe del programa espacial soviético), se lamentaba de que en ocasiones oía por la calle conversaciones sobre quién sería el cerebro que estaba al frente de todo aquello, sin poder decir que era su padre. No solamente porque podía poner en peligro su profesión, sino porque nunca la creerían. Por lo tanto si los cosmonautas no eran conocidos, mucho menos sus esposas. En la mayoría de las ocasiones ni siquiera se conocían entre ellas.

El sueldo de un cosmonauta no era mucho más que el de un oficial del ejército en zona de riesgo, por lo tanto vivían discretamente sin grandes lujos. No era la misma situación cuando sus nombres se hacían populares como es el caso de Gagarin, que bajo el mandato de Kruschev siempre vivió rodeado de todo tipo de lujos. Casado con Valentina Goricheva (en la foto), esta nunca fue muy amiga de los viajes y actos sociales a los que se veía comprometido su marido por su situación, sin embargo siempre lo acompañaba pacientemente debido a su fama de mujeriego.

Las mujeres de los cosmonautas sufrían en silencio y en soledad las misiones de sus maridos, en pocas ocasiones transcienden a la historia. Quizás uno de los pocos casos en los que un nombre transcendió fue el caso de Valentina Y. Kiselyova, esposa de Vladimir Komarov, que ante la situación tan grave que se había producido en la Soyuz 1, fue invitada a mantener una conversación de despedida con su marido antes de su muerte.

Hay que tener en cuenta también el machismo de la sociedad soviética ,que hacía aún mucho más discreta la posición social de estas mujeres, y que en su sencillez contrastaba con el lujo y el glamour de las norteamericanas. Las esposas de los cosmonautas siempre fueron discretas y abnegadas madres de familia, que cumplieron con lo que la sociedad comunista del momento les demandaba.

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lunes, 20 de septiembre de 2010

El primer paseo espacial


A principios de los años sesenta la humanidad emprendía la carrera más larga de la historia. La meta nunca había estado tan lejos, la Luna, y los competidores las dos potencias económicas resultantes de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos y la Unión Soviética. Ambos competidores afrontaban el reto con dos proyectos similares, por el lado soviético el programa Vostok, y por el americano el Mércuri. En ambos casos la tripulación de estas naves constaba de un solo pasajero, y una vez puestas en órbita carecían de capacidad de maniobrabilidad, o sea, solamente podían cambiar de órbita para descender.

Una vez acabado este programa, los americanos anunciaban el siguiente paso, el proyecto Gémini. Mucho más ambicioso que el anterior, se pretendía realizar cambios de órbita, encuentros y acoplamientos, paseos espaciales, y todo lo necesario para lo que luego sería el viaje a la Luna. Por su parte los soviéticos se dormían en los laureles, y ante la inminente entrada en servicio de las Gémini americanas, Kruchev instaba a su jefe del programa espacial, Korolev, a colocar no solo dos cosmonautas en el espacio sino tres. Korolev y su equipo trabajaban en la nueva Soyuz, pero a esta aún le faltaban dos años de trabajo, por lo que ingeniosamente decidió hacer una serie de modificaciones en la Vostok al objeto de incluir tres pasajeros donde antes solo iba uno. Para ello se asumieron una serie de riesgos como no llevar los cosmonautas traje espacial, o pocas reservas de oxígeno.A la izquierda la nave Vostok con un solo tripulante. En el centro la nave Voskhod 1 con tres tripulantes donde antes había solo uno. Y a la derecha la nave Voskhod 2 con dos tripulantes y la esclusa de salida al espacio.

Apareció así el que sería el proyecto Voskhod. El viaje sería un éxito, y el ambicioso Kruchev ahora aún quería más: una salida extravehicular. Los tanques de oxígeno de las Voskhod no tenían capacidad para una vez despresurizada la cápsula volver a presurizarla, por lo que ideó un sistema consistente en instalar un habitáculo intermedio donde el cosmonauta accedería al exterior, sin tener que despresurizar por completo la nave. Este habitáculo consistía en un tubo hinchable, como pasillo donde se efectuaba la descompresión para la posterior salida al exterior.Recreación de la nave soviética Voskhod 2 con su esclusa.

El 18 de Marzo de 1965 despegaba de Baikonur la Voskhod 2 con los cosmonautas Pavel Belyayev y Alexei Leonov(en la foto). Una vez alcanzada la órbita los cosmonautas se pusieron manos a la obra, Belyayev desplegó la esclusa hinchable y procedió a presurizar el nuevo habitáculo. Cuando se hubieron igualado las presiones abrió la compuerta interior por donde se introdujo Leonov con la cabeza por delante. A continuación se cerraría la compuerta y se procedería a la despresurización de la esclusa, una vez terminada se abriría la compuerta exterior y poco a poco Leonov iría saliendo al espacio. Más tarde recordaría: “Era una sensación extraordinaria. Nunca había sentido nada igual. Flotaba en libertad sobre el planeta Tierra y lo veía… veía como rotaba majestuosamente debajo de mí…” Al principio las cosas iban muy bien y Leonov disfrutaba de la nueva situación, pero pasados 10 minutos sintió que la situación se le escapaba de las manos. Debido a la presión interior del traje, este se fue deformando poco a poco. En una entrevista celebrada en el año 2000, diría: “Aunque en un principio el traje me estaba ajustado, mis pies se salieron de las botas y mis manos escaparon de los guantes. El trabajo se hacía imposible, intentaba coger los asideros y mis dedos no los agarraban…” Leonov intentaba volver al interior de la esclusa porque la situación de hacía insostenible, pero debido a lo hinchado que estaba el traje le resultaba imposible entrar por la compuerta. Entonces decidió despresurizar parcialmente su traje, sin consultar con el control de la misión: “…No pregunté a tierra sobre esto. Pensé que no tenía tiempo para ello. Podía imaginarme la cantidad de discusiones que seguirían y al fin y al cabo era yo quién tenía que hacerlo… Decidí que había estado respirando oxígeno el tiempo suficiente como para prevenir la formación de burbujas de nitrógeno en la sangre. Existía cierto riesgo pero no podía hacer otra cosa, y una vez hecho todo empezó a ir normal…” Comenta Leonov. Poco a poco se fue introduciendo en la esclusa, pero con los nervios lo hizo con la cabeza por delante, y en esta situación no podía cerrar la compuerta exterior. Estaba agotado y ahora se encontraba con el problema de tener que darse la vuelta dentro de la esclusa. La altura de Leonov con el traje puesto era de 1,90 metros, sin embargo el diámetro de la esclusa era de 1 metro. Tuvo que hacer un gran esfuerzo de contorsión para cambiar la posición, muy poco le faltaría para quedarse atascado en el intento. Su traje no estaba preparado para una actividad tan grande, y su sistema de refrigeración no podía equilibrar el calor producido por tanto esfuerzo, las pulsaciones del cosmonauta se elevaban a 140-160 pulsaciones por minuto, y la temperatura de su cuerpo subiría 2 grados, el traje se inundaba de sudor. Finalmente consiguió darse la vuelta y cerrar la esclusa, a continuación se volvió a presurizar el compartimento y felizmente pudo acceder al interior de la Voskhod.

Pero los problemas no acabarían aquí, la expulsión de la exclusa hinchable causó una avería en el sensor solar encargado de orientar correctamente la nave para la maniobra de reentrada, además un deficiente ajuste de la escotilla de la cápsula dio lugar a que empezase a perderse el aire del interior. Afortunadamente los depósitos de oxígeno de la Voskhod tenían el suficiente aire como para compensar la pérdida, siempre y cuando el descenso no se demorase. Cuando en la órbita 16 se procedió a las maniobras de salida de órbita para iniciar el descenso, los retrocohetes no funcionaron debido a la avería del sensor solar, una mala orientación en la reentrada podría suponer estrellarse contra la atmósfera, o perderse en la inmensidad del espacio. El propio Korolev se haría cargo del problema y ordenaría a la tripulación la realización de una reentrada manual. Debido a que los cosmonautas llevaban el traje espacial puesto, esta maniobra se haría muy dificultosa, pero gracias a la pericia de los mismos la operación terminaría realizándose con éxito. Todas estas maniobras traerían consigo que la nave terminara cayendo a casi 2.000 kilómetros del lugar previsto. Pero los problemas seguirían sucediéndose, puesto que el módulo de servicio que portaba los retrocohetes no se desprendió de la capsula, y ahora la reentrada no se haría con el escudo térmico. Nuevamente la suerte estaba del lado de los cosmonautas, y debido al calor de la reentrada las sujeciones se fundieron, soltando los retrocohetes y orientando el escudo térmico contra la atmósfera. La capsula cayó en medio de los Urales en una zona nevada y de espesa vegetación. Los equipos de rescate no llegarían hasta 8 horas después, y los helicópteros tendrían que aterrizar a 5 kilómetros del lugar donde se encontraban los cosmonautas. Dada la inminente caída de la noche, a los cosmonautas les lanzaron prendas de abrigo desde el aire y pasaron la noche a la intemperie. Cuando llegaron al día siguiente los equipos de rescate, era tan tarde que Leonov y Belyayev se vieron obligados a pasar otra noche en aquel lugar, esta vez acompañados por una veintena de soldados. Al día siguiente se taló una amplia zona del bosque donde pudieron aterrizar los helicópteros, y por fin rescatar a los cosmonautas.

El proyecto Voskhod sería un gran triunfo de cara al exterior, al transportar por primera vez tres cosmonautas y realizar el primer paseo espacial, pero la pérdida de estos dos años de trabajos retrasaría la finalización de la nave Soyuz, y con ello la pérdida de dos años que serían fundamentales en la carrera por llegar a la Luna.

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