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martes, 30 de agosto de 2011

¿De quién es el cielo?

En verde los paises firmantes del Tratado del Espacio Exterior. En amarillo los paises pendientes de su ratificación.

La evolución de los acontecimientos a principios de los años sesenta hacían prever que las fronteras del mundo se estaban expandiendo. Tanto Soviéticos como Norteamericanos estaban saliendo al espacio exterior con naves que incluso en ocasiones iban tripuladas. Pronto se comprendió que en todo lo relacionado con el espacio había un vacío legal que urgía reglamentar. Cuando el hombre llegara a la Luna a quien iba a pertenecer: ¿Al primero que llegara?, ¿Al primero que se asentara en ella? Y las órbitas de la Tierra, en especial la geoestacionaria que tanta importancia tiene. ¿De quién serían? Era inminente que antes de que la cosa fuera a más, había que dejar claro los derechos y deberes de todos los países en relación al espacio exterior.
Rápidamente la ONU tomó cartas en el asunto y ya en 1963 promulgó el primer tratado relacionado con el espacio, al que se refería someramente prohibiendo todo tipo de pruebas de armas nucleares en la atmósfera, el espacio exterior y bajo los océanos. Este primer tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares no se puede decir que haya sido respetado por los países firmantes, dada su importancia como arma, sin embargo ayudó a que se limitaran tales experimentos.
De cualquier manera, lo que podemos considerar como el primer tratado del espacio no se publicó hasta 1967, y aquí sí que se redactaron los primeros principios que deberían gobernar las actividades de los estados en cuanto a la exploración y uso del espacio exterior, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes. A este tratado se le denominó: “Tratado del Espacio Exterior”, y fue el punto de partida para cuatro tratados mas, que terminarían de cubrir el vacío legal existente.
Básicamente el espacio se presenta como un bien común. Nadie puede apropiarse de él ni de sus recursos, es básicamente un paraje al cual tiene derecho toda la humanidad. Ningún país ni persona física podrá impedir a otro el acceso a un astro por intereses especiales. Ni nadie podrá reclamar soberanía alguna sobre territorios exteriores a la Tierra. Los recursos naturales de la Luna, por ejemplo, podrán ser explotados de forma discreta, pero nadie podrá considerarlos suyos por simple ocupación.
El artículo tres del Tratado dice que tanto la Luna como cualquier otro astro se utilizará exclusivamente con fines pacíficos. De esta manera, ni en la Luna, ni en sus órbitas, ni en las de la Tierra, podrán instalarse todo tipo de armas y fortificaciones militares. Haciendo especial mención a las armas nucleares y de destrucción masiva.
En el artículo cinco, los países firmantes se comprometen a informar al Secretario General de las Naciones Unidas, así como al público en general y a la comunidad científica internacional, de sus actividades relativas a sus exploraciones. Naturalmente, los países no siempre cumplen con esta norma, como ocurre con las misiones militares. De igual manera se comprometen a informar de cualquier fenómeno que descubran en el espacio ultraterrestre que pueda poner en peligro la vida o la salud humanas, así como cualquier indicio de vida orgánica. Quedan por lo tanto descartadas las leyendas urbanas de posibles apariciones de seres extraterrestres, que son ocultadas por los gobiernos para no sembrar el pánico entre la población.
Un aspecto de relevante importancia lo tiene la órbita geoestacionaria, la cual debe de ser regulada para que cualquier país que lo desee pueda tener acceso a ella. De esta manera organismos espaciales deben determinar dónde se pueden colocar satélites. A tal efecto países pobres sin aspiraciones en este sector, acceden a alquilar o ceder sus posiciones geoestacionarias a otros países a cambio de una compensación, hasta tal punto que estas órbitas ya son objeto de especulación por parte de países o empresas interesadas.
En cuanto al factor humano en el espacio, los astronautas son considerados enviados de toda la humanidad. Por eso en caso de accidente o peligro deben de ser asistidos en lo posible, dándoles si fuera preciso refugio en sus instalaciones. Un aterrizaje de emergencia en alta mar o en territorio de otro país no debe ser considerado un acto de agresión, sino todo lo contrario. En el caso de hallarse una nave o un satélite perdido o extraviado, estos deberán retornarse a su propietario.
En el momento en que algunos países comenzaron a hablar sobre la explotación de recursos naturales en la Luna, se tuvo que definir un poco más las vaguedades del tratado de 1967, implantando el 12 de Julio de 1984 un nuevo tratado, que precisara en qué términos se puede explotar nuestro satélite o cualquier otro cuerpo del espacio. Dicho tratado se conoce como “Acuerdo sobre la Luna”, de tal manera que si la humanidad vuelve allí deberá regirse por este acuerdo.
En definitiva, en el momento que el ser humano se adentra en el espacio, el mosaico de fronteras que cubre la Tierra deja de ser tal para convertirse en una sola nación, y afrontar así todas las vicisitudes que plantea la exploración espacial.

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lunes, 23 de mayo de 2011

El telescopio. La trama de su invención.


Siempre que se habla del telescopio, inconscientemente tendemos a relacionarlo con Galileo, hasta el punto de atribuirle su invención. Nada más lejos de la realidad, puesto que Galileo lo único que hizo fue solamente apuntar el telescopio hacia el cielo consiguiendo así comprender nuestra situación en el Universo. De todas formas resulta triste ver como muchos de los inventos de la humanidad no son atribuidos a sus autores, sino a listillos y aprovechados que supieron gestionar mejor una gran idea.

Tradicionalmente la invención del telescopio es atribuida al óptico holandés Hams Lippershey, el cual el 2 de octubre de 1608 solicita en Holanda la patente de un artilugio óptico que permite ver de cerca lo que está lejos. Pero a raíz de la publicación del historiador Nick Pelling (en la foto) en la revista británica “History Today” basándose en datos perfectamente contrastados, la duda sobre su invención se vuelve a suscitar, atribuyéndola con bastante buen criterio al óptico catalán Juan Roget.

Las investigaciones de Pelling parten del estudio previo e inacabado del doctor J. M. Simón de Guilleuma, el cual afirma que Roget ya había construido un telescopio en la última década del siglo XVI. Para ello se basa en la obra científica del óptico milanés y discípulo de Galileo, Girolamo Sirtori, en la que relata el encuentro que tuvo en Gerona en 1609 con un anciano óptico de origen francés llamado Juan Roget. Quien le mostró un telescopio enmohecido por el tiempo y las fórmulas anotadas en un libro que había escrito, gracias a las cuales Sirtori confiesa que pudo perfeccionar sus experimentos y redactar las tablas que reproduce en dicha obra.

Pero las indagaciones de Guilleuma van mucho más allá, ya que hurgando en los archivos municipales de Gerona y Barcelona, descubre el legado testamentario de fecha 1593 de Pedro de Carolona a su esposa, por el que le cede una “ullera de llauna per mirar de lluny”, teniendo la palabra “ullera” el significado de monóculo y que después fue usada para nombrar al telescopio. O sea, algo así como un catalejo para mirar de lejos. Pero la cita más interesante y que luego va a dar lugar a la trama de Pelling es cuando encuentra la relación de bienes de Jaime Galvany que procedieron a ser subastados el 5 de septiembre de 1608, y entre los que aparece de nuevo una ullera.

Pero lo más curioso del caso es que como dijimos antes, el 2 de octubre Lippershey presenta en secreto el invento en la oficina de patentes, y los días 14 y 17 del mismo mes, dos holandeses: Jacob Metius y Zacharias Janssen, presentan sendas patentes de objetos similares. Lo cual da lugar a pensar que se copiaron, ya que resulta muy raro, y mucho más en aquellos tiempos, que en dos semanas se presenten tres patentes similares.

A esta situación hay que añadir las declaraciones del hijo de Janssen el cual cuenta como su padre copió un diseño de un artilugio que había comprado y datado de 1590.

Con todos estos datos perfectamente contrastados, Pelling desarrolla la siguiente hipótesis: Parece ser que un mercader anónimo se hizo con el telescopio de Galvany en la subasta de bienes, el cual lo presentó días después en la feria de Frankfurt de novedades científicas. Para proceder a su venta se asocia con Janssen, el cual se da cuenta de la importancia del instrumento por lo que le pone un precio desorbitado. Al no ser vendido el telescopio vuelve a España, pero Janssen se queda con la idea y para proceder a su construcción pide ayuda a los ópticos Lippershey y Metius, sin darse cuenta que a la vez está propagando su secreto. Al estudiar el problema cada uno por separado se dan cuenta de que están ante la gallina de los huevos de oro, por lo que deciden patentarlo en secreto cada uno por su cuenta, adelantándose Lippershey por unos días, y privando así de la gloria al óptico gerundense Juan Roget.

Es obvio que el telescopio ya existía en España antes de ser patentado en Holanda en 1608, de todas formas también existen datos mucho más antiguos por los que según una leyenda tradicional japonesa describe como unos gigantes de pelo rojo y rubio saquean Japón con la ayuda de un tubo a través del cual se puede ver a miles de kilómetros.

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viernes, 21 de enero de 2011

El carguero Progress


Cuando la Carrera Espacial llegó a su fin, los soviéticos miraron hacia otro lado como si aquella pugna tácita no hubiera ido con ellos. En octubre de 1969, Brezhnev manifestaría abiertamente en el Kremlin que los objetivos de la exploración espacial soviética nunca se habían dirigido a poner un hombre sobre la superficie lunar, sino a la creación de estaciones espaciales, con las que adquirirían la experiencia suficiente que los llevara a metas mayores. Hoy en día con la desaparición de la U.R.S.S. sabemos perfectamente que los soviéticos contaban con un gran programa lunar, que los llevara al satélite antes que los americanos para seguir mostrando al mundo su potencial tecnológico.
Heridos en su amor propio centraron su actividad en la creación de estaciones espaciales, lo cual les llevó a ser unos expertos en el tema, lo que serviría de referente en la construcción de la Estación Espacial Internacional.
Los soviéticos pondrían en órbita siete estaciones Salyut, para terminar con la exitosa estación MIR. Las estancias de los astronautas en el espacio se iban prolongando cada vez más, hasta que llegó el momento con la Salyut 6 en que se vio la necesidad de crear un vehículo automático que sirviera de reabastecimiento de víveres y combustible a las estaciones.
Siguiendo con la política conservadora soviética, estos se limitaron a adaptar la nave Soyuz a las nuevas necesidades. La nave Soyuz está formada por tres módulos; el de servicio, el de descenso y el orbital (véase: Soyuz 5). El módulo de servicio está formado por toda la parte mecánica de la nave, la cual no regresa a la Tierra ya que se desprende del resto de la nave y se desintegra con la entrada en la atmósfera. El segundo módulo es el de descenso, que es el compartimento donde viajan los astronautas. Y por último el módulo orbital que sirve a modo de estancia a los cosmonautas para realizar experimentos, o de almacén, este módulo tampoco retorna a tierra.

La nueva nave de reabastecimiento soviética, denominada Progress, tiene un aspecto exterior similar a la Soyuz. El módulo de servicio sigue siendo igual al de la Soyuz, en un principio la única excepción era la ausencia de los dos paneles solares, que debido al menor consumo de energía fueron sustituidos por baterías, las cuales podían ser recargadas con los sistemas de la estación espacial a la que era atracada. Hoy en día se ha vuelto al uso de paneles solares para el abastecimiento de energía propio. El módulo de descenso en este caso se convierte en un gran depósito de combustible, que servirá de abastecimiento de propulsante a la estación espacial, con una capacidad de casi mil kilos. Y por último el módulo orbital es una zona presurizada donde acceden los cosmonautas de la estación para proceder a la extracción de aproximadamente 1.400 kilos de comida, aire, agua, y demás objetos que puedan ser necesarios en la estación. Una vez vaciado este compartimento, se comunica mediante unas mangueras el módulo de descenso con los depósitos generales para proceder a la extracción del combustible. Terminada toda la operación, el módulo orbital es llenado con todos los materiales de desecho: basura, excrementos, etc. Desintegrándose la nave al completo contra la atmósfera terrestre, ya que no dispone de sistema de retorno. Hasta la llegada de la Progress, todos los desechos se tiraban al espacio, quedando estos alrededor de la nave largo tiempo, hasta que se disipaban, creando así un entorno de basura espacial muy peligroso. Con esta nueva filosofía de reabastecimiento se crearían a partir de este momento todas las estaciones espaciales, disponiendo todas ellas de más de un puerto de atraque.
A la izquierda nave Soyuz atracada en la Estación Espacial Internacional, a la derecha carguero Progress. Quizás la diferencia mas visible de estas dos naves son las vantanas de la Soyuz en el módulo de descenso.

En este momento, además de la función de reabastecimiento, la Progress también cumple con la misión de elevar periódicamente a una órbita superior la Estación Espacial Internacional. Debido al rozamiento con las capas altas de la atmósfera, esta pierde velocidad con la consiguiente caída de órbita, la cual es recuperada o bien con la ayuda del Transbordador Espacial norteamericano, o mediante los motores del módulo Zvezda, o mediante la misma Progress.
Con más de treinta años, la nave Progress sigue estando activa, ya que en la actualidad sube unas cuatro o cinco veces al año a llevar víveres a la Estación Espacial Internacional, siendo su operatividad todo un éxito de la astronáutica.
Introducción de una nave Progress en el carenado aerodinámico que la acompañará hasta salir de la atmósfera. Posteriormente su montaje sobre el cohete y traslado a la plataforma de lanzamiento.

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lunes, 15 de noviembre de 2010

Accidentes chinos.


En 1970 China entraría a formar parte del selecto grupo de países con capacidad espacial, poniendo por primera vez en su historia un satélite en órbita terrestre. Pero su ambicioso programa espacial no terminaría aquí, ya que el 15 de octubre de 2003, Yang Liwei se convertiría en el primer taikonauta de la República Popular China. Convirtiéndose así en el tercer país del mundo con capacidad para hacer vuelos espaciales tripulados.

Y de nuevo la historia se vuelve a repetir. Igual que pasaría con sus colegas comunistas de la Unión Soviética en los años sesenta, en China nos encontramos con el grave problema de la escasa transparencia informativa. Como siempre, se publican los logros pero nunca los fracasos. De todas formas, hoy en día los medios de comunicación han avanzado tanto, que aún así en Occidente nos llega mucha información de las cosas que pasan en China, pero lógicamente manipuladas por el sistema político. Es por eso que muchas de las cifras que daré a continuación, todas ellas oficiales, son de una más que dudosa fiabilidad.

De la misma forma que ocurrió en la Unión Soviética o en Estados Unidos, los accidentes de la exploración espacial no ocurrían generalmente en vuelo, sino en tierra. El primer accidente chino fue conocido en Occidente en el año 1984, donde un joven técnico murió después de una agonía de más de seis años, como consecuencia de la exposición a radiación durante la realización de experimentos para el desarrollo de un satélite geoestacionario. También ese mismo año sería dado a conocer otro accidente, en este caso sin víctimas, ocurrido el 28 de Enero de 1978, al explotar un lanzador que se estaba preparando sobre la misma base de lanzamientos. Las cifras oficiales dadas por el gobierno chino fueron de seis heridos graves, y al menos doce más con heridas y quemaduras de diversa consideración. Se desconocen los detalles del suceso.

En los años noventa el programa de lanzamientos de satélites comerciales chino estaba en pleno apogeo, aunque también es preciso decir que plagado de fallos, lo que hacía subir las primas de seguros encareciendo notablemente los contratos con el extranjero. El 21 de diciembre de 1992, durante el lanzamiento de un satélite de comunicaciones australiano se producía la explosión del lanzador durante el ascenso, aproximadamente un minuto después del lanzamiento. Una investigación posterior determinaría que el problema fue debido a un fallo del satélite que derivó en la explosión del cohete. Debido a la distancia en que se produjo la explosión parece ser que no hubo ningún tipo de víctima.

El segundo accidente mortal se produciría el 2 de Abril de 1994, mientras se trabajaba en la puesta a punto de un satélite meteorológico chino, el Fen Yung 2, en la base de lanzamientos de Xichang. Debido a causas que aún no han sido reveladas, el satélite explotó cobrándose la vida de un técnico y ocasionando 31 heridos.

China cuenta con tres centros de lanzamiento de cohetes: Jiuquan, Taiyuan y Xichang. Como bien se sabe China es un país superpoblado, y el enclave de estos centros está en mayor o menor medida cerca de pequeños poblados, los cuales sufren constantemente la caída del cielo de restos de fuselaje de los lanzadores. El 6 de Enero de 1995 tendría lugar un fallo mucho mas catastrófico, en este caso lo que se trataba de lanzar era el satélite de comunicaciones Apstar 2. El accidente fue muy similar al ocurrido en el año 92. A los 50 segundos del lanzamiento, el cohete explotaba con tan mala fortuna que sus restos caían sobre una aldea próxima a la base de lanzamientos. La cifra oficial de víctimas fue de 6 muertos y 23 heridos, aunque como es lógico se sospecha de la fiabilidad de estas cifras. Las causas del accidente tampoco en este caso están del todo esclarecidas, ya que no hubo acuerdo entre las investigaciones realizadas por la empresa norteamericana Hughes (diseñadora del satélite) y los técnicos chinos, aunque todo apunta a una mala integración del satélite con el lanzador.

El 15 de Febrero de 1996, nuevamente se produciría otra desgracia en la emergente industria aeroespacial china. En este caso se trataba de un lanzamiento comercial, con el objeto de poner en órbita el satélite Intelsat 708, para retransmisiones de televisión para América Latina. Dada la importancia del lanzamiento, este se iba a retransmitir por televisión en directo para toda China. Pocos segundos después del despegue, cuando el cohete aún no había rebasado la torre de lanzamiento, este comenzó a inclinarse, en este momento la retransmisión televisiva se cortaba, y 22 segundos después el cohete estaba completamente invertido y caía sobre una aldea vecina a la base de lanzamiento, envolviéndola en una bola de fuego. La cifra oficial fue de seis muertos y cincuenta y siete heridos, pero fuentes no oficiales opinan que la cifra de víctimas pudo ser muy superior. Al día siguiente un ingeniero israelí que estaba en China para observar el lanzamiento, grababa con su videocámara los restos de la aldea de Xichang, totalmente destruida, como si hubiera sido atacada por un bombardeo.

Las bases de lanzamiento de cohetes tienen un perímetro de seguridad despejado lo suficientemente grande como para evitar estos incidentes, pero se demostró que China no parecía seguir estos criterios. En la actualidad el protocolo a seguir para un lanzamiento es el de evacuar a todos los habitantes de las aldeas cercanas hasta que se hayan concluido los lanzamientos. También últimamente se están desviando la mayoría de los lanzamientos al nuevo centro de Wenchan, en la isla de Hainan al sureste de China y frente al océano Pacífico. En la actualidad la exploración espacial china avanza a pasos agigantados, en este momento la sonda Chang`e-2 explora la Luna con el fin de mandar misiones tripuladas al satélite a principios de los años veinte, y en esa misma década está previsto proceder al alunizaje de taikonautas chinos.

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lunes, 8 de noviembre de 2010

Los horrores de Mittelwerk


El último día de la Primera Guerra Mundial para algunos alemanes fue el principio de la Segunda. No fue ni más ni menos que un tiempo de descanso, recuperación económica y rearme para volver a las andadas. Mediante el Tratado de Versalles, a los alemanes se les prohibía la fabricación de cualquier tipo de armamento pesado, sin embargo ellos argumentaban que el Tratado no decía nada sobre los cohetes. Los alemanes vieron en la cohetería una nueva forma innovadora de transporte de bombas, solo que aún necesitaban un tiempo para controlar este nuevo tipo de máquinas.

En 1932 el ejército alemán con la colaboración de un grupo de jóvenes aficionados a los cohetes, cedían las instalaciones de un campo de tiro en las afueras de Berlín para todo tipo de prácticas. Pronto el desarrollo de los cohetes fue tan grande que las alturas que alcanzaban estos suponían un riesgo para las zonas habitadas, por lo que hubo que tomar la determinación de trasladarse a otro lugar. En 1937 se creaba en Peenemünde, frente a la costa del Mar Báltico, una nueva base de lanzamiento de cohetes denominada:”Estación Experimental del Ejército Peenemünde” Al frente de la cual y como director técnico se encontraba el joven de 25 años Wernher Von Braun. La base fue un lugar secreto hasta que en plena contienda, la RAF mediante un vuelo de reconocimiento fotográfico, localizó las instalaciones de lanzamiento de cohetes. En la noche del 17 de Agosto de 1943, los Británicos bombardearían la base alemana, causando grandes destrozos que no llegaron a ser totales debido a un pequeño error de cálculo posicional.

Esta situación llevaría a Hitler a trasladar de nuevo la base de producción de los ya misiles V2 a otra zona, siendo en esta ocasión unas minas abandonadas en las montañas Harz a unos cuatrocientos kilómetros al sudeste de Peenemünde, cerca de la localidad de Nordhausen. Las minas consistían en dos largos túneles paralelos de cerca de dos kilómetros de longitud, y unidos por pasillos a modo de traviesas de tren, los cuales fueron agrandados por mano de obra esclava, suministrada desde el cercano campo de concentración de Dora. La nueva fábrica sería conocida con el nombre de “Mittelwerk”.

Con la ocupación americana de Alemania saldrían a la luz las atrocidades cometidas por los nazis en aquellas instalaciones. En los túneles de Mittelwerk se estima que entraron alrededor de 50.000 prisioneros, y solo salieron con vida la mitad de ellos, eso quiere decir que murieron unas cinco veces más de personas en la fabricación de los V2 que las muertes causadas directamente por este arma. La fase más dura fue la de expansión del sistema de túneles, en la segunda mitad de 1943. El proceso de excavación fue de una dureza inenarrable. Los obreros trabajaban en turnos de doce horas, extrayendo la piedra a pico y pala, arrastrando pesadas vagonetas cargadas de escombros. Sin apenas alimentación y escasas cantidades de agua y sin salir nunca de los túneles. Entre polvo, humedades, durmiendo en el suelo, sin instalaciones sanitarias, donde las enfermedades como el tifus, la disentería, la tuberculosis y la simple inanición acababan frecuentemente con la vida de aquellos que no morían trabajando. Azuzados por los látigos de los “capos”, trabajaban sin descanso, y si alguno se revelaba era rápidamente ahorcado y exhibido su cuerpo colgado durante días a sus compañeros de forma ejemplar.

Posteriormente los cadáveres eran incinerados en los crematorios de Buchenwald, hasta que se construyeron nuevos hornos en Dora.

Otra etapa de extremada dureza fue la evacuación de las instalaciones ante la llegada de las tropas aliadas. Los prisioneros, agotados y famélicos, eran hacinados en trenes y forzados a realizar extenuantes marchas a pie, en las que centenares morían por el camino. Los más débiles o enfermos fueron tiroteados o encerrados en establos y quemados vivos por las SS antes de abandonar las instalaciones. Los que consiguieron sobrevivir terminarían sufriendo toda la vida los efectos sicológicos producidos por la barbarie humana vivida.

Posteriormente los soviéticos bombardearían las puertas de los túneles para cerrarlos, y hoy en día se puede visitar una pequeña parte de la fábrica abierta al público.

En un discurso pronunciado por el General Walter Dornberger, director del complejo de Peenemünde, diría: “Hemos entrado en la era espacial”.

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lunes, 25 de octubre de 2010

¿A donde ir cuando la Tierra se muera?


Está perfectamente claro que si la humanidad quiere perpetuarse en el tiempo, llegará el día en que tendrá que ir haciéndose las maletas y marchar de la Tierra. Si antes no nos autodestruimos nosotros mismos, o si algún suceso cósmico lo impide, el Sol consumirá todo su hidrógeno y comenzará una fase que lo llevará a la muerte y la consiguiente desaparición de vida en la Tierra. Los astrónomos pronostican que esto ocurrirá dentro de 5.000 millones de años, pero no hará falta esperar tanto, ya que dentro de unos 1.000 millones de años la temperatura en la Tierra habrá subido tanto que el agua se habrá evaporado y disipado por el espacio, llevándose así cualquier tipo de vida conocido. El gran problema que nos acuciará entonces será adonde ir.

Por el momento, desde el año 1995 sabemos con toda seguridad que existen infinidad de planetas orbitando otras estrellas, el problema que ahora se nos plantea es como llegar a ellos en un breve plazo de tiempo. La estrella más cercana al Sol está aproximadamente a unos 4,5 años luz, pero que una nave espacial llegue a alcanzar esa velocidad aún es impensable. El artefacto mas alejado de nosotros hecho por el hombre y aún bajo control, es una de las naves Voyageur que después de más de 30 años en vuelo se encuentra prácticamente fuera del Sistema Solar. Si redujéramos el Sol al tamaño de un balón de futbol, y lo pusiéramos en Madrid, siguiendo esa misma escala tendríamos que colocar la estrella más cercana a nosotros (Alfa Centauro) aproximadamente en Buenos Aires, y tendríamos siguiendo la misma comparativa que la nave Voyageur aún no habría salido después de más de treinta años de vuelo del casco urbano de Madrid. Esto nos puede dar una idea de la gran problemática que supondrá la invención de nuevos sistemas de transporte.

Otro problema que debemos de tener claro a la hora de sacar nuestro billete es que el planeta elegido sea rocoso, ya que hasta el momento estos se encuentran en minoría, e instalarnos en un planeta gaseoso sería impensable.

También el tamaño sería de suma importancia, ya que en un planeta muy grande, la gravedad no nos permitiría ponernos en pié. En un planeta como Júpiter una persona de peso medio pesaría más de 200 kilogramos, lo que nos impediría cualquier tipo de movilidad. Y no digamos nada del alto nivel de radiación que nos aniquilaría automáticamente.

Este planeta ideal tendríamos que ir a buscarlo dentro de una franja que tienen todas las estrellas que se llama “zona de habitabilidad”. Esta es una estrecha región alrededor de una estrella en la que un planeta podría mantener agua en estado líquido. De igual manera la órbita de este planeta tendría que ser lo menos elíptica posible, ya que de no ser así, este se saldría de la zona de habitabilidad y su agua podría tanto congelarse como evaporarse.

Otro factor a tener en cuenta sería el tamaño de la estrella. Una estrella muy grande no sería muy interesante porque el ciclo vital de estas estrellas es muy corto, y nos encontraríamos con el problema de tener que irnos de allí en breve. Por otro lado, una estrella muy pequeña haría que la zona de habitabilidad estuviera muy cerca de ella, y esto a su vez produciría el efecto llamado “acoplamiento de marea”, por el que un planeta sincroniza el giro sobre su eje con el giro de traslación alrededor de su estrella, haciendo que siempre muestre la misma cara hacia su sol (este efecto lo tenemos entre la Luna y la Tierra), lo cual hará que una zona tenga temperaturas altísimas y otra bajísimas.

Hasta el momento solamente la enana roja Gliese 581 alberga un planeta dentro de la zona de habitabilidad llamado Gliese 581g, situado a unos 20 años luz, y que aparentemente cumple ciertos requisitos que nos puedan dar ciertas esperanzas de poder ser habitable. Pero aún disponemos de mucho tiempo, y aún tendrán que pasar muchas cosas.

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lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Qué dejó el hombre en la Luna?


En estos últimos cincuenta años de exploración espacial, la Tierra y la Luna han hecho un intercambio de materiales de los cuales la peor parada sería esta última.

Por un lado, de la Luna se han traído cerca de 400 kilos de rocas y polvo lunar, bien mediante las seis expediciones Apolo de la NASA, además de las tres misiones Luna soviéticas que trajeron unos trescientos gramos de polvo lunar en total. Las piedras traídas por los americanos se encuentran repartidas por museos y laboratorios de todo el mundo, en condiciones de esterilidad para preservar su pureza, pero la mayor parte de las mismas se encuentran en el Centro Espacial Johnson de Houston.

Por el contrario, en la Luna el hombre ha dejado más de 170.000 kilos de chatarra, aparatos de medición, y basura. Hasta el momento, sobre la Luna han caído por diferentes motivos más de cuarenta satélites, tanto americanos como soviéticos, aparte de dos japoneses, uno europeo y otro más indio. También se han dejado caer las terceras fases de cohetes Saturno de todas las naves Apolo que viajaron a la Luna. Así como seis fases de descenso del módulo lunar, seis de ascenso y una más de descenso del Apolo 10, que realizó un ensayo de aproximación a la superficie lunar sin llegar a alunizar. Se encuentran sobre la superficie lunar tres vehículos espaciales Rover, con los que las misiones Apolo 15, 16 y 17 inspeccionaron los alrededores de su asentamiento. Los Apolo 15 y 16 dejaron dos subsatélites con la misión de medir los campos magnéticos de la Luna, que poco después también terminarían cayendo.

A parte de estos objetos mayores, en la Luna también podemos encontrar materiales diversos como: herramientas, cámaras de televisión, cables, antenas, banderas con sus respectivos mástiles, etc. De igual manera se encuentran varios aparatos encargados de registrar movimientos sísmicos, o tres retro-reflactores, con los cuales lanzando un rayo láser desde la Tierra y midiendo el tiempo que tarda en volver, se puede medir la distancia exacta en todo momento al satélite, este experimento nos ha llevado a determinar que la Luna se aleja de la Tierra a razón de 3,5 centímetros por año.

También encontramos objetos personales como: cubrebotas, equipos de supervivencia, contendores vacíos, bolsas de comida vacías, bandejas de comida, y excrementos. Al igual que dos pelotas de golf lanzadas por el astronauta Alan Shepard en la misión Apolo 14. Y otros objetos variados como una estatuilla con la figura de un astronauta, y una bandeja en la que están grabados los nombres de catorce astronautas y cosmonautas fallecidos en trabajos relacionados con la Carrera Espacial(en la foto). De forma extraoficial, se encuentran fotografías y otros objetos personales.

Debido a la falta de atmósfera en la Luna, y la consiguiente falta de erosión, todos estos objetos se encuentran completamente intactos desde el día en que allí fueron abandonados. Aproximadamente un 90% de todos estos objetos se encuentran perfectamente localizados, el otro 10% restante cayó sobre la Luna de forma descontrolada no pudiendo ser especificado su lugar de alunizaje.

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lunes, 30 de agosto de 2010

Los "V2". La ruina de Hitler


Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, mediante el Tratado de Versalles, a Alemania se le prohibiría la fabricación de todo tipo de armamento pesado. En aquel momento los cohetes no eran considerados como un arma altamente destructiva, por lo que serían omitidos en sus clausulas. En aquellos momentos un físico alemán y visionario de la astronáutica, Hermann Oberth, encandilaba a los alemanes con sus teorías sobre la construcción de cohetes de combustible líquido. Poco a poco proliferarían por toda Alemania los clubes de amigos de los cohetes, siendo su máximo exponente “La Sociedad para el vuelo espacial” o “VfR”( Verein für Raumschiffahrt). Pero en cierto momento los militares verían los cohetes como un arma de gran potencial, prohibiendo estos clubes y reclutando a jóvenes aficionados a los que becaban sus estudios, con la condición de posteriormente trabajar en la fabricación de prototipos cada vez más potentes en una base secreta en Peenemünde. Ni que decir tiene que esto era un flagrante incumplimiento de los acuerdos de Versalles.

Con la llegada al gobierno de Hitler, este no era muy optimista con el poder que podían llegar a desplegar los cohetes, por lo que redujo los presupuestos de la investigación al mínimo. Una vez alcanzada la primera mitad de la Segunda Guerra Mundial, y viendo que los aliados ganaban posiciones, no le quedó más remedio que confiar en la cohetería como el arma que podría marcar las diferencias en la contienda. Pero ya era demasiado tarde, se había perdido un tiempo precioso y la producción de cohetes aún necesitaba perfeccionarse, pero había que intentarlo. El 8 de Septiembre de 1944 caía sobre Londres el primer cohete V2 (en la foto), marcando así el comienzo de una nueva era histórica que cambiaría la vida del ser humano en el siglo XX.

Los V1 eran una especie de aviones programados, que una vez sobre el enemigo apagaban su motor y se dejaban caer sobre el objetivo, pero pronto fueron interceptados por los radares aliados, y llegó un momento que eran derribados por los antiaéreos antes de que llegaran a su destino Sin embargo los V2 alcanzaban altitudes de más de 80 kilómetros, y después caían sobre el enemigo a velocidades supersónicas, no dando tiempo a realizar ningún tipo de defensa. De hecho los primeros V2 caídos sobre Londres se pensó que habían sido explosiones de gas debido a cañerías defectuosas. El terror que sembraron los V2 se debió principalmente a la total indefensión que tenía la población civil En un plazo de unos cinco minutos caían a trescientos kilómetros del lugar de lanzamiento. La gente se enteraba de la llegada de un cohete cuando éste ya había explotado.

Pero no es oro todo lo que reluce, y una vez terminada la contienda y analizada a fondo, podemos llegar a decir que los cohetes V2 llevaron a la ruina al Tercer Reich. A pesar de la utilización de mano de obra esclava, la fabricación de un V2 era carísima, tanto, más o menos, como un bombardero convencional, sin embargo mientras los bombarderos tenían múltiples usos, los cohetes solamente tenían un solo uso. El propio ministro de Hitler, Albert Speer, llegaría a decir que mientras los aliados lanzaban una media de tres mil toneladas de bombas diarias sobre Alemania, Hitler contraatacaba con unos treinta cohetes, llevando unas veinticuatro toneladas diarias de explosivos sobre Inglaterra. Pero otro de los graves inconvenientes de los cohetes fue que solamente un 30 % daban en el blanco. Y siguiendo con las cifras, diremos que mientras los bombardeos aliados causaban cerca de 600.000 víctimas civiles en toda la contienda, las víctimas causadas por los V2 andaban alrededor de 5.400. Pero donde los V2 causaron la mayor cantidad de víctimas fue en la fábrica de producción de Mittelwerk, donde más de 10.000 prisioneros murieron víctimas de las atrocidades nazis. Lo más probable es que si Hitler hubiera destinado sus esfuerzos a la fabricación de bombarderos y cazas, el desarrollo de la guerra hubiera tomado un camino bien distinto. El mismo Eisenhower escribiría: “…si las V2 hubiesen entrado en servicio seis meses antes, nuestra invasión de Europa habría resultado extremadamente difícil, quizás imposible.” De todas formas, fuera como fuese, los V2 lo único que habrían hecho sería alargar la contienda, ya que tarde o temprano llevaría a Estados Unidos a platearse lanzar una bomba atómica sobre Alemania. En definitiva, puede que la escasa operatividad bélica de los nuevos misiles evitara al pueblo alemán males mayores.

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lunes, 26 de julio de 2010

¿Por qué flotan los astronautas?


Cuando preguntas a la gente por qué flotan los astronautas, siempre te responden que porque no hay gravedad, debido a que se encuentran muy alejados del centro de la Tierra y su poder de atracción disminuye. En realidad la gravedad depende de dos factores, por un lado la masa y por otro la distancia. En este caso, la masa siempre es la misma, o sea la masa del astronauta mas la de la Tierra, sin embargo en este caso lo que varía es la distancia que hay desde el centro de gravedad de la Tierra hasta su superficie, o hasta el astronauta, que por lo general suelen estar unos cuatrocientos kilómetros más lejos. Pero esta distancia no es óbice para que desaparezca por completo la gravedad a esa altura, en realidad podemos considerar que disminuye aproximadamente un diez por ciento, o sea, que en la estación espacial, por ejemplo, hay más o menos la misma gravedad que en la Tierra. Entonces… ¿Por qué flotan los astronautas?
Para explicar esto lo mejor será partir del mismo ejemplo que en su día expuso Newton. Imaginémonos un cañón en lo alto de una montaña que lanza una bala, e imaginémonos también que la Tierra fuera plana. La bala al ser lanzada con mucha fuerza alcanzará una gran distancia, que a su vez se verá interrumpida por la gravedad de la Tierra, haciéndola trazar una parábola hasta caer sobre el suelo. Pero al ser la Tierra redonda, si aumentamos la potencia del cañón, la bala saldrá con tanta fuerza que su trayectoria sería muy tensa, con lo que se saldría por la tangente, perdiéndose en las profundidades del espacio. El truco aquí está en calcular la potencia que le debemos de imprimir al proyectil, para que ni caiga a la Tierra ni se salga por la tangente. En este punto de equilibrio vamos a conseguir que la parábola de caída que trace la bala sea un poco más amplia que la curvatura de la Tierra. Al ser esta redonda, cuando caiga, resulta que debido a la velocidad que lleva, ya la habrá rebasado, por lo que nunca caerá sobre el suelo, sino un poco más adelante. De esta manera siempre estará cayendo y avanzando, de tal forma que terminará dando vueltas al planeta sin llegar nunca a encontrarlo en su caída. Es como si estuviera siempre cayendo hacia el borde de la Tierra. Esto es lo que se llama entrar en órbita, y la velocidad necesaria para esta maniobra anda por los 28.000 Km/h.
Esta situación de caída libre es la misma que se produce en el famoso avión de gravedad cero, que se deja caer desde una altura de unos diez mil metros, haciendo que todo lo que haya en su interior caiga a la misma velocidad, provocando la sensación de flotar. Esta constante caída hace que muchos astronautas, los primeros días en el espacio, sientan náuseas. Es como estar cayendo constantemente en una montaña rusa.

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lunes, 28 de junio de 2010

El senador Proxmire y los presupuestos del SETI


Con la llegada del hombre a la Luna los presupuestos de la NASA se fueron paulatinamente recortando, hasta el punto de que tuvieron que ser suspendidas las tres últimas misiones del programa Apolo, pero no solo eso, sino que nunca hubo más dinero para volver a la Luna. Esta política de austeridad perjudicaría además de los programas lunares, a otros como el SETI (búsqueda de inteligencia extraterrestre). A este respecto “The Washington Post”, se haría eco de la siguiente anécdota:

En Octubre de 1981, representantes de la NASA se reunían con miembros del Senado para discutir los presupuestos para el año fiscal 1982. Poco a poco se fueron explicando los proyectos y las necesidades de la agencia espacial, y atendiendo a las preguntas de los senadores. Cuando se llegó al capítulo del SETI, el senador demócrata por el estado de Wisconsi, William Proxmire(en la foto), preguntó: “¿En qué consiste eso del SETI?” A lo que se le explicó que consistía en mandar señales al espacio, al objeto de recibir alguna posible respuesta que evidenciara la existencia de vida inteligente extraterrestre. Dicha investigación no convenció al senador, por lo que se denegaron los fondos presupuestados. Posteriormente, Proxmire informó al presidente Ronald Reagan, diciéndole textualmente: “Señor Presidente, hace tres años la NASA pidió tres millones de dólares para financiar un programa llamado “Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre”. La idea fundamental de este programa consiste en buscar inteligencia más allá de nuestro sistema solar. Nuestros mejores sabios de la NASA dicen que es probable que haya vida inteligente en algún punto de la galaxia. Yo he pensado siempre, que si se quieren buscar inteligencias habría que empezar precisamente aquí, en Washington, en donde ya es difícil encontrarlas; quizás sea incluso más difícil que encontrarlas en otros sistemas solares”.

En fin, si los políticos tuvieran el mismo grado de inteligencia que de ingenio, otro gallo nos cantaría. Por supuesto, aquel año se cancelarían los presupuestos del SETI. Los años posteriores se retomarían, pero en menor cuantía.

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jueves, 10 de junio de 2010

El accidente de Baikonur y los misiles de Cuba


Puesto que en la Unión Soviética la industria armamentística y la espacial caminaban de la mano, el accidente ocurrido el 24 de Octubre de 1960 en la base de lanzamientos de Baikonur, se le puede considerar también como parte del programa de exploración espacial soviético. La explosión de un cohete mientras se procedía a ultimar los detalles para su lanzamiento, sesgó la vida de 92 personas, entre ellos: técnicos, ingenieros y algunos militares. Nuevamente intereses políticos y militares volvían a arruinar el excelente trabajo de los científicos. Como era habitual, el accidente se mantendría en secreto hasta finales de los años 80, cuando la revista rusa “Ogonyok” publicaba los primeros artículos sobre esta catástrofe. Se presume que los servicios de inteligencia norteamericanos estaban al corriente de lo ocurrido, pero no hicieron ningún tipo de publicación para no dar detalles de sus actividades de espionaje.

El cohete en pruebas era el denominado “R-16”, el cual estaba considerado como un misil balístico intercontinental, y por lo tanto tendría un alcance tal, que siendo lanzado desde territorio soviético podría llegar hasta cualquier ciudad de los Estados Unidos. En la Guerra Fría la U.R.S.S. se estaba quedando a la zaga de los americanos, que ya poseían los cohetes Atlas y Titán capaces de hacer un trabajo similar. Con el R-16 se pensaba recuperar el terreno perdido. Es de suponer la gran expectación y tensión causada por los resultados de este lanzamiento en el Kremlin.

A la finalización de la II Guerra Mundial, en la URSS existían varios grupos de expertos en el desarrollo de cohetes, al frente de los cuales destacaba el diseñador Serguei Korolev, que sería el principal artífice del programa espacial soviético. Pero en este caso, el R-16 había sido construido por el diseñador jefe Mikhail Yangel. Yangel ya había construido en 1957 el misil de mediano alcance R-12, el cual jugaría un rol clave en la Guerra Fría cuando fue desplegado en 1962 en Cuba.

Entre los diseñadores soviéticos existió siempre un recelo provocado fundamentalmente por las competencias a la hora de conseguir los mejores presupuestos, pero además de esto existió una guerra particular entre Korolev y el resto, debido a los propulsantes a utilizar. Por un lado, Yangel, Glushko y Chelomei, eran partidarios de los propulsantes hipergólicos, caracterizados por estar formados por dos componentes que arden de forma violenta al entrar en contacto. Son compuestos altamente tóxicos y corrosivos, y su combustión genera gases de alta toxicidad. Su principal ventaja es que puede almacenarse durante largos periodos de tiempo, lo que les hace ser ideales para misiles que tienen que estar listos en todo momento. Y por otro Korolev, partidario de los propulsantes criogénicos (tipo hidrógeno y oxígeno) que deben de ser almacenados a temperaturas inferiores a cien grados bajo cero, lo cual hace que no se puedan mantener cargados mucho tiempo. Son ideales para lanzamientos espaciales, pero no como misiles de guerra. Korolev consideraba que la manipulación de los propulsantes hipergólicos era excesivamente peligrosa, en realidad lo que él buscaba era la seguridad de sus técnicos.



Durante el mes de Octubre de 1960, se trabajó intensamente y a marchas forzadas, para tener un cohete R-16 en fase de pruebas preparado para el lanzamiento, fijado para el día 23. Ese mismo día, acompañaban a Yangel un gran número de militares, al frente de los cuales se encontraba el general Mitrofan Nedelin(en la foto), responsable de las fuerzas de misiles estratégicos soviéticos. Una vez cargado el misil de propulsante se detectó una fuga, pero se consideró que al ser pequeña se podía seguir adelante con el ensayo. Pero a continuación se detectó un fallo en una válvula de uno de los motores, y poco después el que fallaba era el distribuidor de corriente que alimentaba al cohete. Ante estas contrariedades, los técnicos propusieron proceder con el protocolo de trabajo establecido para estos casos, que consistía en vaciar los depósitos de propulsante, y retirar el misil de la rampa de lanzamientos para una revisión a fondo. Al oir esta propuesta, el general estalló en ira, gritando que ante una guerra nuclear no habría tiempo para estas cosas. Por lo que se decidió posponer el lanzamiento para el día siguiente, y en aquella situación proceder de urgencia a las reparaciones pertinentes. Los técnicos trabajaron sin descanso toda la noche, con el misil cargado de propulsante. Al día siguiente, faltando media hora para el lanzamiento, la cuenta atrás se volvía a detener, y Nedelin que se encontraba en una zona de seguridad a 800 metros, solicitó se le condujera hasta la plataforma, para de esta forma presionar aún más a los trabajadores. De esta manera se volvían a saltar todos los protocolos de seguridad, ya que alrededor de un misil cargado de propulsante no puede haber nadie, nada más que los estrictamente imprescindibles. La tensión era evidente. Ante tanto nerviosismo un técnico dejó activado por error un interruptor de la mesa de operaciones, que activaba de emergencia la segunda fase del cohete. Una vez activada la mesa, el cohete interpretó esta posición como de reposo. Y entre prisas, carreras y nervios, un técnico se dio cuenta de la incorrecta posición del interruptor, volviéndolo a la anterior, la cual ahora sería interpretada por el cohete como de activación por emergencia, arrancando la segunda fase que estaba sobre la primera y en la rampa de lanzamiento, causando así la explosión del conjunto, arrasando todo lo que se encontraba en las inmediaciones, y llevándose por delante a Nedelin y su séquito. Afortunadamente, Yangel se había ido a fumar un cigarrillo a uno de los bunkers de seguridad, por lo que consiguió salvarse. En la explosión morirían en el acto 76 personas, a las que habría que añadir 16 más de los 49 heridos, a causa fundamentalmente de los gases tóxicos del propelente. El informe de la investigación del accidente daría como conclusión el mal diseño de la mesa de control, que permitió la activación de los motores de la segunda etapa cuando todavía se estaban efectuando las pruebas previas al lanzamiento. Sin embargo, el informe no menciona la imprudencia que supuso saltarse todos los procedimientos de seguridad. Según palabras del propio Brezhnev, que participaría en la comisión investigadora: “todos los responsables han sido ya castigados”.


Recreación cinematográfica del accidente, con imágenes reales de la explosión tomadas por las cámaras de seguridad.

La base de lanzamientos quedó completamente destruida, pero la pérdida de tantos técnicos e ingenieros supuso un retraso considerable que se tardaría en recuperar. Según señala el historiador espacial norteamericano Curtis Peebles, el retraso en la entrada en funcionamiento de este cohete fue lo que pudo conducir a la llamada Crisis de los misiles de Cuba. Al no tener los soviéticos un misil de largo alcance, y ante las situaciones políticas que estaban acaeciendo en Cuba, decidieron equilibrar la balanza de poder de los misiles Atlas y Titán, con misiles R-12 desde la isla caribeña. De haber entrado en servicio el R-16 a tiempo, esta situación arriesgada que puso al mundo al borde de una guerra nuclear, posiblemente no se hubiera producido nunca.

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martes, 1 de junio de 2010

Las primeras novelas de ciencia ficción



La novela de ciencia ficción siempre fue la avanzadilla de la exploración espacial. Para hacer grandes cosas hay que tener grandes sueños, y la gran capacidad de la mente humana para soñar, hace que esta vaya siempre por delante de la técnica. Hasta principios del siglo XX, la ciencia ficción no existía como tal. Hasta esa fecha las narraciones que hoy día no dudamos en calificar de ciencia ficción recibían diversos nombres, tales como viajes fantásticos, relatos de mundos perdidos, utopías, romances científicos o novelas científicas. Basándonos en estos datos podemos considerar que la primera novela de ciencia ficción es la de Antonio Diógenes titulada: “Las maravillas de mas allá de Tule”, en el que se narra un viaje fantástico a la Luna. Debió de ser una gran novela puesto que hay referencias de varios autores, sin embargo no se conserva al completo, solamente tenemos algunos fragmentos. Esta obra está datada aproximadamente a finales del siglo I d. de C. Pero la que si conservamos al completo y podemos considerar como primera obra de ciencia ficción es: “Relatos verídicos”(en el vídeo) de Luciano de Samósata (125-181 d. de C.) (en al foto). Que entre otros relatos cuenta en primera persona como su barco con cincuenta hombres, se ve atrapado por una gran tormenta que los arrastra hasta la Luna. Allí viven aventuras con los selenitas (habitantes de la Luna), seres humanoides y extraños a los que ayudan en su lucha contra los habitantes del Sol. Cuando consiguen abandonar la Luna viajan por algún otro satélite hasta que por fin llegan de nuevo al mar.


(Relato de la novela)

Resulta curioso el hecho de que titule su obra “Relatos verídicos”, cuando advierte claramente que todo lo que se dice en ella es mentira: “Escribo, por tanto, de lo que ni vi ni comprobé ni supe por otros, y es más, acerca de lo que no existe en absoluto ni tiene fundamento para existir. Conque los que me lean no deben creerme de ningún modo”. Es toda una declaración de principios: “la única verdad es que les miento”, viene a decir Luciano.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

James Lovell, de extra en Apolo 13


En Abril de 1970, la nave Apolo 13 sobrecogía al mundo cuando sufría la explosión de uno de los tanques de oxígeno del módulo de mando, estando a mitad de camino entre la Tierra y la Luna. A bordo se encontraban el comandante James Lovell, el piloto del módulo de mando Jack Swigert, y el piloto del módulo lunar Fred Haise. Dada la política norteamericana de transparencia informativa, la aventura del rescate fue seguida en directo en todo el planeta. Con el tiempo el comandante Lovell escribiría una novela bajo el título “Lost Moon”, que posteriormente sería llevada al cine en la película de Ron Howard: “Apolo 13”. No voy yo a entrar en críticas cinematográficas, pero es de destacar que obtuvo dos oscars y nueve nominaciones, además de otros premios. Pero desde el punto de vista histórico tengo que decir que se atiene perfectamente a la realidad, quizás un poco edulcorado (véase la influencia de la revista Life en “Las esposas de los astronautas”), no en vano su guión está escrito por uno de sus protagonistas.
Pero una curiosidad que pasa inadvertida a todos los críticos, es el detalle de
Howard, de hacer aparecer al auténtico comandante Lovell (en la foto a la izquierda) al final de la película a modo de extra. Cuando los astronautas son recuperados y llegan al portaaviones, uno de los oficiales que felicita a Tom Hanks es el auténtico James Lovell.


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lunes, 26 de abril de 2010

Aseos en el espacio


Recuerdo que cuando era niño y me llevaban a ver castillos o palacios antiguos, siempre salía con la misma duda, y era… ¿Donde estarán los aseos de esta gente? Parecía como si la nobleza fuera tan pulcra que no tuviera necesidades fisiológicas. Eso mismo pasa con las naves espaciales, siempre se nos habla de datos técnicos, de cómo se duerme en el espacio, de cómo se come, pero nunca se nos dice nada sobre la eliminación de desechos humanos. Tema éste que en poco tiempo puede mandar al traste una supermillonaria estación espacial, y no solo debido a las incomodidades que la falta de saneamiento puede ocasionar, sino que en situaciones de ingravidez la proliferación bacteriológica es muy grande, y en pocos días la falta de higiene puede resultar mortífera.

El primer problema en este sentido se produjo
en el primer lanzamiento de una nave americana tripulada al espacio. Se trataba de la misión Mercuri “MR3”, con el astronauta Alan Shepard en su interior. La misión consistía en alcanzar el espacio y sin más dejarse caer de nuevo, lo que algunos dieron en llamar un “salto de pulga”. El viaje duraría unos quince minutos, los cuales serían cinco de ascenso, cinco en estado de ingravidez, y otros cinco de descenso. Dado lo corto de la misión en ningún momento se planteó la posibilidad de necesidades fisiológicas del astronauta. Sin embargo, debido a pequeñas incidencias, la cuenta atrás se fue deteniendo en sucesivas ocasiones, causando un retraso en el lanzamiento de más de cuatro horas. Cuando ya todo estaba solucionado y el lanzamiento era inminente Alan dijo: “Detener la cuenta atrás y bajadme de aquí que no aguanto más las ganas de mear”. El jefe de comunicaciones con la nave le dijo que eso era imposible, y ante un tira y afloja se llegó a la conclusión de que se lo hiciera en el traje espacial. Dada su posición inclinada en la nave, el templado elemento le subió hasta el cuello, llegando a introducírsele en el mismo casco. A partir de aquel momento los astronautas de las Mercuri siempre utilizarían pañales, lo cual impulsaría la mejora en la calidad de los pañales de los niños.

Según fueron aumentando la duración de los viajes espaciales, los sistemas de recogida de deshechos fueron evolucionando. En las naves Géminis y Apolo el sistema de recogida de orina era mediante bolsas, que se insertaban en el pene mediante una especie de preservativo y una válvula de no retorno para evitar posibles derrames. El contenido de estas bolsas era expulsado al espacio, lo cual formaba una espacie de nube que acompañaba durante un buen rato a la nave, impidiéndole la visión del espacio exterior. Por otro lado, la recogida de heces era más complicado, para ello existían unas bolsas con una abertura que contenía un adhesivo para pegarlas a las nalgas, los problemas venían cuando se soltaban o había que ayudar con las manos a la circulación del preciado elemento a través de la bolsa. Después las deposiciones eran almacenadas en cajas usadas de comida, y traídas de vuelta a la Tierra para proceder a su análisis. Pero el problema que persistía eran los olores, que convertían a aquellas naves en auténticas pocilgas. James Lowel (comandante del famoso Apolo 13), llegó a decir que era como vivir diez días en los servicios de un bar de carretera.

Los que evolucionaron con rapidez en este sentido fueron los soviéticos, los cuales centraron la actividad espacial en la construcción de estaciones, aportando muchas mejoras en este aspecto. Comenzaron instalando un pequeño inodoro en el módulo de servicio de las naves Soyuz, que perfeccionaron hasta tal punto que hoy en día los dos váteres que hay en la estación espacial internacional(en la foto) son de fabricación rusa.

Aunque no tan buenos como los rusos, los americanos también instalaron los primeros servicios en el transbordador espacial. Esencialmente consisten en lo siguiente: Por un lado tenemos el recogedor de orina, el cual es un tubo con una ligera succión de aire que la absorbe hasta un depósito. Al extremo del tubo se le añade una boquilla personal diferenciadas por colores, y con distinta forma si es para hombre o mujer. Luego el líquido del depósito sufre un proceso de reciclaje que lo convierte en agua potable listo para ser bebido nuevamente.



El inodoro propiamente dicho, funciona también por una succión de aire que lleva las heces hasta un depósito donde se compactan y hacen paquetes, en un principio eran expulsados al exterior, y luego serían introducidos en naves de transporte sin sistemas de retorno (Progress), desintegrándose al entrar en la atmósfera. Pero el problema del inodoro es que requiere de un aprendizaje, que como todo, se realiza en tierra. Debido a que la boca de succión del inodoro no puede ser muy grande, ya que requeriría de unos potentes motores, la conexión trasero desagüe tiene que ser perfecta, para ello se practica en tierra con un falso inodoro que tiene una cámara de vídeo incorporada en el agujero de salida, y frente al practicante un monitor de televisión el cual le permite mediante una cruz central apuntar con precisión al desagüe. Esta posición ha de memorizarse para que una vez en vuelo no sucedan situaciones desagradables que puedan alterar la convivencia en el espacio. Por otro lado, el inodoro está provisto de dos asideros para los pies, y dos brazos giratorios que pasan por encima de los muslos sujetando al astronauta. Hoy en día las naves y la estación espacial cuentan con un sistema de ventilación y de filtros antiolor que hacen de la estancia un lugar agradable.

Otro problema importante son las salidas al espacio, para ello en la actualidad se utilizan pañales y en el caso de los hombres pueden elegir también bolsas. En el caso de las deposiciones se procuran organizar para contenerse hasta que estén de nuevo en la estación.

El servicio tanto en el transbordador espacial como en la estación es un habitáculo similar al de los aviones, que cuenta también con un lavabo consistente en un espacio cerrado donde se introducen por unas ventanas las manos, por un lado sale el agua y por otro es succionada mediante una corriente de aire.



Entre los conocimientos y preparación que tiene que tener un astronauta se encuentra la fontanería, puesto que una avería del váter espacial es considerada como una reparación de primera necesidad.

Los costes de lanzamiento son tan elevados, que antes de enviar cualquier artilugio al espacio este ha de ser perfectamente estudiado y comprobado su funcionamiento en tierra. Todos estos sistemas de saneamiento fueron experimentados en el famoso avión de gravedad cero, que se deja caer desde más de diez mil metros de altura logrando una situación de compensación de la gravedad similar a la espacial. Los sistemas de succión de orina no tenían mayor inconveniente, puesto que a los voluntarios se les hacía beber una gran cantidad de agua para hacer coincidir sus necesidades fisiológicas con la duración del vuelo. El problema surgía con las deposiciones, para lo cual el avión con su tripulación al completo permanecía en situación de guardia a la espera de que a algún voluntario le sobrevinieran sus necesidades. En este momento, como si de una situación de guerra se tratase, el avión despegaba con su tripulación al completo para proceder a realizar el experimento.

Uno de los sistemas que resultó más complicado de solucionar fue el de recolección de orina para las mujeres. Quizás uno de los más curiosos fue una especie de consolador que se introducía por la vagina y de esta forma sujetaba el receptáculo para la orina, por supuesto no tuvo buena aceptación entre las féminas. Esta y otras perrerías similares fueron llevadas a cabo por una voluntaria anónima, de la cual sus compañeros decían que había que hacerle un monumento. Al final, para salidas extravehiculares se siguió utilizando el pañal.


Agradecimiento.- Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a mi amigo Javier Casado la valiosa información prestada para realizar este y otros artículos.

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viernes, 26 de marzo de 2010

Mujeres en el espacio


El 16 de Junio de 1963, Valentina Tereshkova(en la foto) se convertía en la primera cosmonauta de la historia. Desde la base de lanzamientos de Baikonur, en una cápsula Vostok, orbitaría la Tierra en 48 ocasiones, sentando así otro precedente en la historia de la exploración del espacio.

Las naves soviéticas Vostok, eran tan simples que carecían de maniobrabilidad, una vez situadas en la órbita, allí se quedaban a la deriva hasta que se procedía a las maniobras para su descenso. La selección de cosmonautas se realizaba entre el personal del ejercito de aviación, pero no se requería una experiencia particular. Para ello fueron seleccionados cinco hombres y posteriormente cinco mujeres, de las cuales solamente Valentina Tereskova volaría. A Valentina no se le permitiría en ningún momento tomar los mandos de la nave, los cuales eran controlados desde tierra, digamos que fue un mero pasajero espacial. Pero su auténtica labor vendría luego como político y luchadora en defensa del movimiento feminista soviético. Mientras tanto, la U.R.S.S. se apuntaba un nuevo tanto de cara a la imagen mundial, no solo aparentaba ser la nación tecnológicamente más avanzada, sino que sus ciudadanos tenían igualdad de derechos y oportunidades. Sin embargo, una vez conseguido el efecto, a las mujeres se las apartaría de la vida activa y...
no se las volvería a tener en consideración hasta diecinueve años después.


(Valentina Tereskova. Canal Odisea)

En el otro lado del mundo, Estados Unidos afrontaba el proyecto Mercuri, seleccionando siete astronautas, todos ellos varones, que llevarían a cabo tal empresa. Fueron conocidos con el sobrenombre de “los siete de Mercuri”. Pero paralelamente, el General de Brigada del Comando de Investigación y Desarrollo de las Fuerzas Aéreas de E.E.U.U. Donal Flickinger y el médico Randolph Lovelace II, presentaron un proyecto a las Fuerzas Aéreas sugiriendo que desde el punto de vista de la ingeniería, sería más práctico mandar al espacio a una mujer que a un hombre. El proyecto fue rechazado de inmediato. Pero los dos hombres no cesaron en su empeño, y contactaron con Jerrie Cobb, una pionera de la aviación en Estados Unidos, a la que sometieron a las mismas pruebas que los aspirantes masculinos. Los resultados fueron tan positivos que se confeccionó una lista de diecinueve voluntarias para pasar las pruebas, las cuales fueron superadas por trece de ellas. A partir de aquel momento se las conocería como: “las trece de Mercuri”. El proyecto no era oficial, y fue en gran parte financiado por el multimillonario Bostwick Floyde, marido de Jackie Cochram, una de las mejores aviadoras de Estados Unidos y aspirante a convertirse en astronauta. El proyecto alcanzaría un nivel popular tan grande que la polémica se dilucidaría en el Congreso. Declararían a favor: Jerrie Cobb, Jane Hart (una de las trece) y Jacqueline Cochram. Y en contra: el administrador de la Nasa, George Low, y los astronautas John Glenn y Scott Carpenter. Pero para estupefacción de los congresistas, Cochram testificó en contra de las mujeres, y la ponencia quedó desestimada. La situación quedaría zanjada con la clausula de que los aspirantes a astronautas, deberían de proceder de pilotos de las Fuerzas Armadas, y no civiles. Claro está que en aquella época las mujeres no eran admitidas como pilotos del ejército. Posteriormente Floyde retiraría la financiación económica al proyecto, y este quedaría en el olvido. Pero la lucha de estas mujeres no terminaría aquí, y seguirían de forma individual luchando por sus derechos. En 2007, la Universidad de Wisconsin-Oshkosh, concedería a ocho de las supervivientes el “doctorado honoris causa”. Es de destacar el caso de Jane Hart, que siendo madre de ocho hijos aún tenía más de tres mil horas de vuelo (recordemos que Gagarin tenía poco más de cuatrocientas), y el de Jerrie Cobb que en 1981 fue nominada al premio Nobel de la Paz por su labor humanitaria en la selva amazónica.


(Las 13 de Mercuri. Canal Odisea)

Hubo que esperar hasta 1978, cuando la Nasa seleccionó a las primeras mujeres para el programa espacial del Transbordador. Fue entonces cuando los soviéticos haciendo gala de su oportunismo volvieron a preparar precipitadamente a nuevas cosmonautas. En agosto de 1982, Svetlana Savitskaya se adelantó a los norteamericanos ante el anuncio de la puesta en órbita de la primera mujer del programa estadounidense. Savitskaya viajó hasta la estación espacial Salyut 7, y batiría un record femenino de permanencia en el espacio de 113 días. Volvería de nuevo en 1984 para realizar la primera caminata espacial de una mujer. Por último, la tercera y última mujer soviética -mejor dicho ya rusa- en el espacio, sería Elena Kondakova que viajaría a la estación espacial Mir entre los años 1994 y 1995, primero en una Soyuz y luego en el transbordador Atlantis. Casada con el cosmonauta Valeri Ryumin, este nunca vería con buenos ojos la profesión de su esposa, circunstancia que les traería algún que otro problema familiar. A día de hoy, solamente hay una mujer en el cuerpo de cosmonautas rusos, se trata de Yelena Serova que desde el año 2006 se encuentra como aspirante en proceso de entrenamiento a cosmonauta.

El 18 de Junio de 1983, E.E.U.U. pondría en órbita a Sally Ride a bordo del transbordador Challenger, siendo la primera mujer americana en alcanzar el espacio. Sally medía 1,63 y pesaba 52 kgs., parecía como si se hubiese colado en la Nasa por la puerta de atrás, los astronautas ya no tenían que ser de complexión fuerte, lo que primaba ahora era la inteligencia. Entre los requisitos básicos para acceder al cuerpo de astronautas es fundamental tener una carrera de grado superior, principalmente de ciencias. Sally era licenciada en física por la universidad de Stanford. Más tarde en 1984 sería Kathryn Sullivan la que realizaría el primer paseo espacial de una mujer norteamericana.


(Mujeres astronautas. Canal Odisea)

Y en 1995 Eileen Collins, se convertiría en la primera mujer piloto de un transbordador, para en 1999 ser la primera mujer comandante. Eileen, siempre invitaba al lanzamiento de sus vuelos a las miembros del “Mercuri 13”.

El 19 de Abril de 2008, regresaba de la Estación Espacial Internacional, la nave Soyuz TMA-11. A bordo se encontraba el cosmonauta y comandante Yuri Malenchenko, la norteamericana Peggy Whitson (primera mujer comandante de una tripulación de la estación espacial), y la surcoreana So-Yeon Yi, o sea, dos mujeres y un hombre. Por algún motivo, la nave hizo una entrada en la atmósfera con una trayectoria incorrecta, produciéndose unas tremendas aceleraciones y un sobrecalentamiento de la nave que estuvo a punto de explotar (algo similar a lo que le había ocurrido a la Soyuz 5 en 1969). Hasta treinta minutos después no supieron nada de la Soyuz, que cayó a cuatrocientos kilómetros del lugar previsto. Afortunadamente no pasó nada. Poco después, en rueda de prensa, el administrador de la agencia espacial rusa, señor Anatoly Perminov, a la pregunta de que si pensaba que esto podría deberse a la presencia de más mujeres que hombres en la nave respondió: “Como usted sabe, estas cosas en Rusia son de mal augurio, pero gracias a Dios, todo salió bien. Por supuesto, en el futuro, intentaremos que el número de mujeres no supere al de los hombres". Y cuando otro periodista lo acusó de sexista, respondió: “Esto no es discriminación. Simplemente digo que cuando hay mayoría de mujeres, a veces surgen comportamientos no autorizados, o bien ocurren otras cosas...”. Sin comentarios.

En septiembre de 2006, la iraní afincada en Estados Unidos Anousheh Ansari, viajó en una nave Soyuz a la Estación Espacial Internacional en calidad de turista espacial, invitada por la Agencia Espacial Rusa por una módica cifra de veinte millones de dólares. El dinero parece no entender mucho de sexos. Anousheh, se convertiría en la primera mujer turista espacial, al igual que la primera musulmana en alcanzar el espacio.

Cada día el número de astronautas mujeres se equipara mas al de los hombres, incluso en China que cuenta con un gran número de ellas en sus filas. Solamente Rusia, que como dije más arriba, aún sigue siendo bastante sexista, a pesar de la propaganda falsa que siempre ha hecho.


(Eileen Collins. Canal Odisea)

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martes, 23 de febrero de 2010

Cuarenta años en la Luna


Hace ya cuarenta años que el hombre pisó la Luna, y muchos escépticos dudan aún de tal empresa. Y verdaderamente aquí sí que podemos decir eso de que la realidad supera la ficción. No es para menos, en apenas doce años pasamos de salir por primera vez de la burbuja atmosférica, a adentrarnos en la inmensidad del espacio camino de otro astro. Y es que poner una nave en la Luna supone algo así como disparar una bala desde un caballo al galope, a una diana que se mueve a tres mil setecientos kilómetros por hora y que se encuentra a cuatrocientos mil kilómetros de distancia. Con la dificultad añadida de que la bala ha de rozar la diana, con una precisión tal que de pasar muy cerca equivaldría a que nuestra nave se estrellara contra la superficie lunar, y de pasar muy lejos nos perderíamos en la profundidad del espacio. Todo un auténtico trabajo de ingeniería y precisos cálculos matemáticos. Pero es que no podemos ni imaginarnos, hasta donde pueden llegar nuestros científicos cuando disponen de los presupuestos adecuados.

Y qué decir tiene la honestidad de la NASA, que a pesar de presumir de transparencia informativa, años después nos vamos enterando de que misiones dadas por exitosas estuvieron al borde de la catástrofe. Entre otras, recordemos la reentrada de...
John Glenn, que estuvo a punto de achicharrarse debido a un fallo en el sistema de desprendimiento del módulo de servicio. O del precipitado retorno de Scott Carpenter en la Mercuri 7, que amerizó a quinientos kilómetros del lugar previsto. Y como no, de la misión del transbordador STS-37 que tomó tierra quinientos metros antes de la entrada en pista, a lo cual la agencia norteamericana respondería con un: “todo dentro de la normalidad”.

Pero a pesar de todos estos inconvenientes, hasta cierto punto comprensibles, el fraude de la llegada del hombre a la Luna, sería rizar el rizo. Una prestigiosa nación como Estados Unidos, no podía verse inmersa en semejante mentira. El problema es que nosotros no estábamos allí para verlo, y esto es aprovechado por los conspiranóicos para buscarle cinco pies al gato, y pretender hacernos ver lo que no se ve por ninguna parte. Pero si había alguien interesado en el fracaso Norteamericano, estos eran los soviéticos, que se estaban jugando su reputación como nación y sistema político, y sin embargo, nunca negaron la llegada de los americanos a la Luna. Y es que ellos sí lo pudieron ver en vivo y en directo, puesto que mientras Armstrong y Aldrin descendían al suelo lunar, una sonda soviética controlaba todos sus pasos, al igual que todas sus conversaciones radiofónicas con la base de control. Hablar de fraude sería tomar por estúpidos a los más de doscientos millones de soviéticos de la época. Sería tomar por tontos a los millones de científicos de todo el mundo. En definitiva, sería reírse de toda la humanidad.

Y, ¿Por qué repetir el fraude cinco veces mas? Es absurdo seguir jugando con fuego si todo fuera una mentira. Hubieran quedado muy bien yendo una vez y diciendo allí no hay nada interesante, no nos interesa arriesgar vidas humanas y gastar tanto dinero, así que no volvemos mas. Y, ¿Por qué editar más de veinte mil fotografías, o cientos de horas de vídeo y películas? Con bastantes menos hubiera sido suficiente, y no se daría pié a posibles errores. Habría que tener una absoluta seguridad y arrogancia para no cometer ningún error evidente.

No digamos nada de la cantidad de gente que colaboraría en toda esta jugarreta: cámaras, directores, vestuario, técnicos de iluminación, obreros de todo tipo, etc. etc. Que siempre se podían ir de la lengua, y aportar pruebas intachables. O los mismos astronautas, que dieron infinidad de conferencias, entrevistas, debates, y nunca se ha encontrado algo definitivo que diera al traste con todo.


(Parodia de la grabación de la llegada del hombre a la Luna)

Por último, si examinamos a los partidarios de la conspiración, veremos que son gente sin ninguna cualificación científica que de alguna manera avale sus teorías, gente de profesiones y especialidades diversas que un día encontraron un buen filón para salir en televisión, publicar libros, o escribir artículos. Frente a científicos reconocidos, ingenieros, o afamados profesores de universidad.

Verdaderamente es más fácil ir a la Luna que realizar un montaje sin precedentes como el que algunos proponen. En los años sesenta en Estados Unidos, coincidieron una serie de factores que facilitaron que los presupuestos para la exploración espacial llegaran a cifras que nunca mas se volverían a alcanzar. Y como dije al principio, no podemos ni imaginarnos hasta donde pueden llegar los científicos cuando disponen de dinero.

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Laika, un sacrificio para la historia.


El 4 de Octubre de 1957, la Unión Soviética sorprendía al mundo con el lanzamiento del primer satélite artificial, el “Sputnik 1”. Tras el shock inicial de la nación norteamericana, que en ningún momento consideró que los soviéticos pudieran tener una tecnología tan avanzada como para llevar a cabo tal evento, el 3 de Noviembre vuelven a sorprender con otra hazaña de superiores características. Mientras los Estados Unidos buscaban igualar la contienda con el lanzamiento del Vanguard-1, un satélite de 1,5 kgs., frente a los 85 kgs. del Sputnik-1, ahora el Sputnik-2 debía de elevar a la órbita un peso de 508 kgs. Pero lo verdaderamente sorprendente no fue este dato técnico que todo el mundo obvió, sino la presencia en su interior del primer ser vivo que saldría de la atmósfera terrestre. La perrita “Laika”(en la foto) viajaba en su interior, en un viaje al espacio sin retorno.



Laika, era una perra reclutada por el ejército rojo vagabundeando por las calles de Moscú. Por sus cualidades pronto pasó a formar parte del equipo de perros destinados al programa espacial soviético. Pesaba unos 6 kgs. y tenía una edad aproximada de 3 años cuando fue capturada. Después de una rigurosa selección, llegarían a una fase final junto a Laika: Albina y Mushka. Albina sería lanzada en dos ocasiones en un vuelo suborbital para probar la resistencia a grandes alturas. Por su parte Mushka, volaría en el Sputnik 6 falleciendo junto a Pchelka el 1 de Diciembre de 1960 al explotar la capsula en la reentrada. Tiempo después se diría que la capsula había sido explosionada de forma manual al comprobar que debido a un error iba a aterrizar en otro país, pero lo cierto es que cuando llegó el momento de regreso, el retrocohete no funcionó bien, impidiendo la maniobra. El motor no se apagó en el momento previsto, causando una penetración atmosférica demasiado angulada. Los dos perros quedaron atrapados sin posibilidad de recuperación, y murieron carbonizados.

El entrenamiento de estos perros consistía en acostumbrarlos al entorno que encontrarían en su viaje espacial. Para ello, se iba reduciendo sistemáticamente el espacio de sus jaulas, manteniéndoles en un estado de inmovilización durante 15 o 20 días. Rutinariamente se les sometía a grandes ruidos y vibraciones, similares a los que se producirían en el despegue. Las fuertes aceleraciones eran entrenadas en centrifugadoras similares a las que veríamos después con los astronautas. Durante estas actividades tanto la presión arterial como el pulso llegaba a duplicarse, provocando alteraciones nerviosas, disfunciones en el sistema excretor de los animales, al igual que su condición física en general.

El habitáculo en que viajaría Laika, sería tan reducido que solamente le permitiría tumbarse o ponerse de pié. Sujeta a unos arneses para evitar el vuelo en ingravidez, prácticamente no podía moverse. Sobre su cuerpo se le instalaron sensores para controlar sus funciones vitales de forma telemétrica desde el control de tierra.

En el momento del lanzamiento, el ritmo respiratorio de la perra se cuadruplicaría, la frecuencia cardiaca pasaría de 102 latidos a 240. Solamente pasadas tres horas recuperaría su pulso normal, cuando en los entrenamientos esta estabilización se producía en una hora escasa. Esta situación denota el grado de estrés al que se había sometido al animal. Aunque curiosamente los datos telemétricos indicaban que Laika comía.

El hermetismo soviético llevaría a la proliferación de todo tipo de leyendas e informaciones confusas sobre la realidad. De Laika, se dijo que vivió diez días en el espacio, hasta que las reservas de oxígeno se acabaron. También se dijo que al final del depósito de comida a base de gelatina, había un veneno que la haría dormirse lentamente. O que intencionadamente se suministraría un gas letal una vez realizados los experimentos pertinentes. Ante las constantes críticas mundiales de las sociedades para la defensa de los animales, la U.R.S.S. informaría que el animal retornaría vivo a la Tierra, a pesar de que la capsula en que viajaba no tenía sistema de retorno. Pero lo cierto fue que la perra solo sobrevivió unas cuatro órbitas, puesto que desde tierra se habían dejado de recibir señales vitales entre las 5 y las 7 horas del despegue. Debido a un fallo en el sistema de separación de la última fase del cohete y el satélite, estos no se separarían, provocando un sobrecalentamiento en el habitáculo que junto al estrés que venía soportando, serían letales para Laika. Según informaría Dimitri Malashenkov, director del Instituto de Problemas Biológicos de Moscú, en el Congreso Mundial del Espacio, celebrado en Houston en 2002.

La cápsula con los restos del animal daría 2750 vueltas alrededor de la Tierra, antes de que se desintegrara en la atmósfera el 4 de Abril de 1958.

Laika alcanzaría la inmortalidad, apareciendo en obras de numerosos artistas del campo de la literatura, escultura, o música. Muchos países le rendirían tributo insertando su imagen en sellos de correos. En 1997, Rusia colocaría una placa en la entrada del centro de formación de cosmonautas “Ciudad de las Estrellas”, muy próximo a Moscú, donde aparece tímidamente entre las piernas de cosmonautas fallecidos en misiones espaciales. También en Moscú, en el “Monumento a los Conquistadores del Espacio” Laika vuelve a aparecer esculpida. En el 2005 un pedazo de terreno de Marte fue llamado Laika por los controladores de la misión del Mars Exploration Rover. En 1988, el grupo Mecano, en su álbum “Descanso Dominical”, incluyó una canción llamada “Laika” que relata el lanzamiento del Sputnik 2.

Así fue como Laika pasó a encabezar la lista de la cantidad de animales que continuamente son sacrificados en pro de la humanidad.

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