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viernes, 11 de febrero de 2011

Soyuz 11. El retorno mas triste.


A principios de los años setenta, los soviéticos orientaban la exploración espacial hacia la instalación de estaciones en la órbita terrestre que les permitieran adquirir la experiencia suficiente de cara a misiones futuras de alta envergadura. Para ello el 19 de abril de 1971 lanzaban al espacio la primera estación espacial denominada Salyut 1. En un primer intento por parte de la Soyuz 10 de intentar ocuparla, se tuvo que desistir debido a fallos técnicos en el sistema de acoplamiento. En un nuevo intento con la Soyuz 11, los cosmonautas: Giorgi Dovrovolsky, Viktor Patsayev y Vladislav Volkov, consiguieron entrar en la estación y permanecer en ella un espacio record de 24 días.
Como era habitual en el sistema soviético, las misiones espaciales se programaban de forma ultra secreta, desconociendo la mayoría de las veces hasta sus mismas familias los entresijos de las misiones. Ni siquiera había ocasión para despedirse, puesto que los familiares de los cosmonautas se enteraban de los lanzamientos cuando estos ya estaban en pleno vuelo. Una vez en órbita, las comunicaciones se realizaban a través de grabaciones en cintas magnetofónicas que las esposas e hijos grababan previamente y luego eran enviadas (una vez pasada la censura), uno o dos días después a los cosmonautas. Estos a su vez, grababan sus mensajes mediante una cámara de televisión que eran entregados un tiempo después a sus familiares.
La estancia prolongada en la estación espacial, hizo que comenzaran a producirse los primeros enfrentamientos de convivencia en el espacio, hasta el punto de que el retorno de la misión tuvo que adelantarse unos días. Solo los breves mensajes que recibían de sus familiares servían de relajación a los tres cosmonautas que los últimos días vivían situaciones de una gran tensión.
Es el día de hoy que Marina, la hija mayor de Dobrovolsky, que en aquel entonces contaba con 12 años, aún recuerda lo mucho que echaba de menos a su padre, “Quería que volviera a casa”, aún recuerda con tristeza. Para Patsayev, el deseo de volver a casa era igual de fuerte, en las grabaciones recibidas pudo oir a su hija Svetlana tocarle una canción al piano, luego le describió su trabajo en clase y lo bien que se estaba portando, lo cual le llenó de orgullo. Por su parte Volkov, que había tenido desavenencias con sus compañeros deseaba retornar a tierra cuanto antes. Se llegó a comentar que unos días antes del vuelo de la Soyuz 11, había visitado a un vidente que le predijo que esta sería su última misión espacial. Fuese verdad o mentira lo mejor era volver cuanto antes con su mujer e hijos.
Por fin el 29 de junio de 1971, los tres cosmonautas se acomodaban en la Soyuz para iniciar el viaje de descenso. El primer incidente se produjo cuando al cerrar la escotilla que les separaba de la estación, la luz de seguridad que indicaba el correcto sellado de la capsula no se apagaba, indicando que aún permanecía abierta, lo cual podía producir una descompresión de la Soyuz y una muerte inmediata por asfixia de los tripulantes. Tras varios intentos y pasados más de veinte minutos, por fin consiguieron cerrar la escotilla y que la luz se apagara, añadiendo más tensión a una tripulación con los nervios a flor de piel. Siguiendo los protocolos pertinentes, pasados unos minutos, ambas naves se separaron y la Soyuz encendió los retrocohetes que la harían poco a poco comenzar el descenso de retorno.
Una vez frenada la nave y con el camino de retorno ya trazado, los módulos de servicio y orbital se separaban del de descenso mediante explosiones pirotécnicas que arrancaban los anclajes que las unían. En este momento comenzó a oírse un silbido similar al de una olla a presión, era evidente que la capsula se estaba descomprimiendo. El silbido les entraba por los micrófonos y les salía por los auriculares, dificultando así su localización. Rápidamente Dobrovolsky quitó su cinturón de seguridad y se abalanzó sobre la escotilla, pensando que ésta aún no estaba bien cerrada. Volkov y Patsayev también desabrocharon sus cinturones intentando localizar el lugar por donde se estaba descomprimiendo la capsula. El problema lo encontraron en una válvula alojada bajo el asiento de Dobrovolsky, trataron de cerrarla de forma manual, pero ya era demasiado tarde. Los cosmonautas empezaban a perder el raciocinio, unos segundos después perdían el conocimiento y un par de minutos después habían muerto. La muerte de los tres cosmonautas se había producido no solo por asfixia, sino también por el estallido de los vasos y órganos internos ante la ausencia de presión exterior. Resulta curioso, pero debido al nerviosismo, los cosmonautas no tuvieron la simple ocurrencia de tapar con un dedo la válvula mientras procedían a cerrarla manualmente.
La nave Soyuz continuó su descenso de forma automática, abriendo su paracaídas y encendiéndose los retrocohetes al contacto con el suelo. Durante estos trágicos momentos no se habían mantenido conversaciones con los cosmonautas debido a encontrarse la nave fuera de la cobertura radiofónica que en aquel entonces no alcanzaba la totalidad de la órbita terrestre, mas tarde también se entraba en la zona de pérdida de comunicaciones por la reentrada, con lo que el control de tierra no tuvo constancia de lo que estaba ocurriendo. Una vez la capsula tocó tierra, los controladores empezaron a sentir que algo no iba bien, debido al silencio en las comunicaciones. Poco después llegaban los equipos de rescate, y cuando abrieron la escotilla encontraron a los tres hombres muertos.
La causa oficial del accidente informa sobre la apertura de una válvula en el momento de la separación con el módulo orbital, que produjo la descompresión de la Soyuz. Durante los dos años siguientes, los soviéticos llevaron a cabo un importante rediseño de la nave Soyuz, limitando las tripulaciones a dos hombres y utilizando trajes espaciales en las maniobras de ascenso y descenso.
Muy lentamente el aperturismo estaba llegando a la Unión Soviética y ya resultó muy difícil ocultar el accidente, como lo habían hecho en otras ocasiones, por lo que resultó aún más doloroso debido a la trascendencia pública que tuvo. Los tres cosmonautas recibieron sepultura en la Plaza Roja con todos los honores.
Para las esposas y los hijos de los cosmonautas sus vidas cambiaron por completo. Marina Dobrovolsky recuerda al Historiador Robert Zimmerman: “Toda nuestra vida cambió…, antes mi infancia era luminosa y feliz , después todo fue oscuridad y tragedia…” El fracaso de la misión hizo que muchos de los participantes del programa espacial se sintieran avergonzados, y en consecuencia, las familias de los fallecidos fueron abandonadas por los amigos e ignoradas por la pequeña y cerrada comunidad espacial en la que vivían. Algunas de las esposas no pudieron llegar a superar la pérdida y el abandono. Como diría la hija de Dobrovolsky: “Mi madre murió de tristeza…”.

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lunes, 20 de septiembre de 2010

El primer paseo espacial


A principios de los años sesenta la humanidad emprendía la carrera más larga de la historia. La meta nunca había estado tan lejos, la Luna, y los competidores las dos potencias económicas resultantes de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos y la Unión Soviética. Ambos competidores afrontaban el reto con dos proyectos similares, por el lado soviético el programa Vostok, y por el americano el Mércuri. En ambos casos la tripulación de estas naves constaba de un solo pasajero, y una vez puestas en órbita carecían de capacidad de maniobrabilidad, o sea, solamente podían cambiar de órbita para descender.

Una vez acabado este programa, los americanos anunciaban el siguiente paso, el proyecto Gémini. Mucho más ambicioso que el anterior, se pretendía realizar cambios de órbita, encuentros y acoplamientos, paseos espaciales, y todo lo necesario para lo que luego sería el viaje a la Luna. Por su parte los soviéticos se dormían en los laureles, y ante la inminente entrada en servicio de las Gémini americanas, Kruchev instaba a su jefe del programa espacial, Korolev, a colocar no solo dos cosmonautas en el espacio sino tres. Korolev y su equipo trabajaban en la nueva Soyuz, pero a esta aún le faltaban dos años de trabajo, por lo que ingeniosamente decidió hacer una serie de modificaciones en la Vostok al objeto de incluir tres pasajeros donde antes solo iba uno. Para ello se asumieron una serie de riesgos como no llevar los cosmonautas traje espacial, o pocas reservas de oxígeno.A la izquierda la nave Vostok con un solo tripulante. En el centro la nave Voskhod 1 con tres tripulantes donde antes había solo uno. Y a la derecha la nave Voskhod 2 con dos tripulantes y la esclusa de salida al espacio.

Apareció así el que sería el proyecto Voskhod. El viaje sería un éxito, y el ambicioso Kruchev ahora aún quería más: una salida extravehicular. Los tanques de oxígeno de las Voskhod no tenían capacidad para una vez despresurizada la cápsula volver a presurizarla, por lo que ideó un sistema consistente en instalar un habitáculo intermedio donde el cosmonauta accedería al exterior, sin tener que despresurizar por completo la nave. Este habitáculo consistía en un tubo hinchable, como pasillo donde se efectuaba la descompresión para la posterior salida al exterior.Recreación de la nave soviética Voskhod 2 con su esclusa.

El 18 de Marzo de 1965 despegaba de Baikonur la Voskhod 2 con los cosmonautas Pavel Belyayev y Alexei Leonov(en la foto). Una vez alcanzada la órbita los cosmonautas se pusieron manos a la obra, Belyayev desplegó la esclusa hinchable y procedió a presurizar el nuevo habitáculo. Cuando se hubieron igualado las presiones abrió la compuerta interior por donde se introdujo Leonov con la cabeza por delante. A continuación se cerraría la compuerta y se procedería a la despresurización de la esclusa, una vez terminada se abriría la compuerta exterior y poco a poco Leonov iría saliendo al espacio. Más tarde recordaría: “Era una sensación extraordinaria. Nunca había sentido nada igual. Flotaba en libertad sobre el planeta Tierra y lo veía… veía como rotaba majestuosamente debajo de mí…” Al principio las cosas iban muy bien y Leonov disfrutaba de la nueva situación, pero pasados 10 minutos sintió que la situación se le escapaba de las manos. Debido a la presión interior del traje, este se fue deformando poco a poco. En una entrevista celebrada en el año 2000, diría: “Aunque en un principio el traje me estaba ajustado, mis pies se salieron de las botas y mis manos escaparon de los guantes. El trabajo se hacía imposible, intentaba coger los asideros y mis dedos no los agarraban…” Leonov intentaba volver al interior de la esclusa porque la situación de hacía insostenible, pero debido a lo hinchado que estaba el traje le resultaba imposible entrar por la compuerta. Entonces decidió despresurizar parcialmente su traje, sin consultar con el control de la misión: “…No pregunté a tierra sobre esto. Pensé que no tenía tiempo para ello. Podía imaginarme la cantidad de discusiones que seguirían y al fin y al cabo era yo quién tenía que hacerlo… Decidí que había estado respirando oxígeno el tiempo suficiente como para prevenir la formación de burbujas de nitrógeno en la sangre. Existía cierto riesgo pero no podía hacer otra cosa, y una vez hecho todo empezó a ir normal…” Comenta Leonov. Poco a poco se fue introduciendo en la esclusa, pero con los nervios lo hizo con la cabeza por delante, y en esta situación no podía cerrar la compuerta exterior. Estaba agotado y ahora se encontraba con el problema de tener que darse la vuelta dentro de la esclusa. La altura de Leonov con el traje puesto era de 1,90 metros, sin embargo el diámetro de la esclusa era de 1 metro. Tuvo que hacer un gran esfuerzo de contorsión para cambiar la posición, muy poco le faltaría para quedarse atascado en el intento. Su traje no estaba preparado para una actividad tan grande, y su sistema de refrigeración no podía equilibrar el calor producido por tanto esfuerzo, las pulsaciones del cosmonauta se elevaban a 140-160 pulsaciones por minuto, y la temperatura de su cuerpo subiría 2 grados, el traje se inundaba de sudor. Finalmente consiguió darse la vuelta y cerrar la esclusa, a continuación se volvió a presurizar el compartimento y felizmente pudo acceder al interior de la Voskhod.

Pero los problemas no acabarían aquí, la expulsión de la exclusa hinchable causó una avería en el sensor solar encargado de orientar correctamente la nave para la maniobra de reentrada, además un deficiente ajuste de la escotilla de la cápsula dio lugar a que empezase a perderse el aire del interior. Afortunadamente los depósitos de oxígeno de la Voskhod tenían el suficiente aire como para compensar la pérdida, siempre y cuando el descenso no se demorase. Cuando en la órbita 16 se procedió a las maniobras de salida de órbita para iniciar el descenso, los retrocohetes no funcionaron debido a la avería del sensor solar, una mala orientación en la reentrada podría suponer estrellarse contra la atmósfera, o perderse en la inmensidad del espacio. El propio Korolev se haría cargo del problema y ordenaría a la tripulación la realización de una reentrada manual. Debido a que los cosmonautas llevaban el traje espacial puesto, esta maniobra se haría muy dificultosa, pero gracias a la pericia de los mismos la operación terminaría realizándose con éxito. Todas estas maniobras traerían consigo que la nave terminara cayendo a casi 2.000 kilómetros del lugar previsto. Pero los problemas seguirían sucediéndose, puesto que el módulo de servicio que portaba los retrocohetes no se desprendió de la capsula, y ahora la reentrada no se haría con el escudo térmico. Nuevamente la suerte estaba del lado de los cosmonautas, y debido al calor de la reentrada las sujeciones se fundieron, soltando los retrocohetes y orientando el escudo térmico contra la atmósfera. La capsula cayó en medio de los Urales en una zona nevada y de espesa vegetación. Los equipos de rescate no llegarían hasta 8 horas después, y los helicópteros tendrían que aterrizar a 5 kilómetros del lugar donde se encontraban los cosmonautas. Dada la inminente caída de la noche, a los cosmonautas les lanzaron prendas de abrigo desde el aire y pasaron la noche a la intemperie. Cuando llegaron al día siguiente los equipos de rescate, era tan tarde que Leonov y Belyayev se vieron obligados a pasar otra noche en aquel lugar, esta vez acompañados por una veintena de soldados. Al día siguiente se taló una amplia zona del bosque donde pudieron aterrizar los helicópteros, y por fin rescatar a los cosmonautas.

El proyecto Voskhod sería un gran triunfo de cara al exterior, al transportar por primera vez tres cosmonautas y realizar el primer paseo espacial, pero la pérdida de estos dos años de trabajos retrasaría la finalización de la nave Soyuz, y con ello la pérdida de dos años que serían fundamentales en la carrera por llegar a la Luna.

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lunes, 23 de agosto de 2010

Belka y Strelka: Las primeras cosmonautas


El pasado 19 de Agosto se cumplió el 50 aniversario del lanzamiento al espacio, por parte de la Unión Soviética, de las perras Belka y Strelka, retornando a la Tierra sanas y salvas, de esta manera serían los primeros seres vivos que saldrían al espacio y volverían en plenas condiciones de salud. Recordemos que el primer ser vivo que saldría al espacio sería la perra Laika, pero desgraciadamente su nave no tenía sistema de retorno por lo que murió. Un año antes, ya los americanos habían lanzado al espacio dos monas Rhesus (Baker y Able), pero estas volverían a la Tierra sin orbitarla.

Las perras volarían en un compartimento especial, alojado en la capsula “Sputnik 5”, e irían acompañadas de 40 ratones, dos ratas, plantas, semillas, frutas, insectos y otros seres vivos. Las perras (la carga más importante) eran observadas desde tierra con dos cámaras de televisión. Poco después del lanzamiento, parecían no manifestar señales de vida, aunque la telemetría decía lo contrario, la razón fue debida a lo que después se conocería como el mareo espacial. Unas órbitas más tarde Belka acabaría vomitando. Esta fue la razón por la que los médicos recomendarían que el primer viaje tripulado por un hombre (Gagarin) fuera solamente de una órbita. El segundo viaje tripulado de un hombre fue el de Titov, el cual daría 17 vueltas a la Tierra, padeciendo los mismos síntomas de mareo que las perras, situación esta que preocuparía mucho a los médicos del programa espacial soviético.

A parte de este inconveniente, el viaje de Belka y Strelka transcurrió sin incidentes, realizando 18 órbitas y haciendo una reentrada en la atmósfera perfecta, cayendo a una distancia de 10 kilómetros del lugar programado. A una determinada altura la pequeña capsula donde viajaban los animales fue eyectada, y caería aparte con paracaídas, como luego se haría con los primeros vuelos tripulados por personas. Finalmente se comprobó que las perras estaban en perfectas condiciones y que los efectos del mareo eran una cuestión transitoria

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lunes, 24 de mayo de 2010

El crimen de la Soyuz 1


Durante los primeros años de la década de los sesenta, los soviéticos habían adquirido una aparente ventaja sobre los norteamericanos en la llamada “Carrera Espacial”, sin embargo hacia la mitad de la década perderían el entusiasmo por seguir batiendo indiscriminadamente todo tipo de records. En la U.R.S.S. todo lo relacionado con la exploración espacial estaba en manos de los militares, y estos centraban su interés en la fabricación de misiles intercontinentales, dejando en un segundo plano el espacio. Durante los años 64, 65 y 66, los Estados Unidos llevarían a cabo su segundo y exitoso programa espacial, el “Géminis”. En él, se habían batido records de permanencia en el espacio, salidas extravehiculares, acoplamiento de naves en vuelo, y un ingente número de experimentos, adquiriendo los conocimientos básicos para lo que luego sería el viaje a la Luna.

En 1966 fallece el genial ingeniero jefe Serguei Korolev, dejando prácticamente diseñada la nave Soyuz. Al frente del programa espacial quedaría ahora su mano derecha: Vasily Mishin, hombre al que le faltaba la claridad de ideas y el carácter de su mentor. Bajo su dirección, se lanzan a finales del año sesenta y seis y principios del sesenta y siete, cuatro naves Soyuz, terminando todas en fracaso. Pero ahora, cuando los americanos comenzaban con el programa Apolo, vendrían las prisas. Bajo presiones políticas de Leonidas Breznev, se incurriría en una serie de riesgos que nunca habría admitido Korolev. El coronel Kirillov diría que aún había cientos de cuestiones técnicas sin resolver en la Soyuz, y por lo tanto aún no estaba lista. Pero las fuertes presiones políticas y militares, harían que el 23 de Abril de 1967, la Soyuz 1 estuviera en la rampa de lanzamiento. En una entrevista realizada al propio Mishin en 1990 diría: “…los altos cargos pensaban que estaban haciendo bien su trabajo si no paraban de gritar a personas que no tenían ni tiempo para quitarse el sudor de sus frentes…”

El programa de la misión era lanzar la Soyuz 1 con un único tripulante, y al día siguiente la Soyuz 2 con tres, una vez en vuelo se procedería a hacer un acoplamiento de las dos naves en el espacio, y mediante una salida extravehicular transferir a dos de sus ocupantes de una nave a otra, para luego retornar a tierra. De repente se quería recuperar el tiempo perdido, intentando hacer en un solo vuelo lo que los americanos habían hecho con diez Géminis.

La misión había sido encomendada al cosmonauta Vladimir M. Komarov (en la foto), que con este vuelo sería la primera persona que saliera por segunda vez al espacio, y como reserva se encontraba el mítico Gagarin, que parecía rehacer su vida incorporándose de nuevo al trabajo activo de cosmonauta.


Bajo este ambiente de pesimismo por parte de los técnicos, Komarov era puesto en órbita sin antes no haber realizado una prueba sin tripulación con éxito.

Nada mas alcanzar la órbita comenzaron los problemas. En primer lugar, uno de los paneles solares no se desplegó, con lo que el suministro de energía de la nave se vería reducido a la mitad. El segundo problema fue el sistema de actitud (posicionamiento) de la nave que no funcionaba, lo cual significaba que el único panel solar existente no siempre estuviera orientado al Sol. De igual manera, las antenas de envío de telemetría estaban situadas a lo largo de los paneles solares, con lo que los datos recibidos en la base eran escasos. Todos estos fallos iban repercutiendo unos en otros agravando aún más la situación.


Las baterías de la Soyuz en esta situación no podían ser recargadas, por lo que se estimaba que solamente tendrían energía para unas 17 órbitas. Las soluciones que se barajaban eran suspender la misión, o lanzar la segunda Soyuz y mediante un paseo espacial extender el panel solar. Afortunadamente, como luego se verá, se optó por la primera. Entretanto, los fallos se seguían produciendo en cadena, ahora era el control medioambiental de la nave que hizo descender la temperatura interior. Debido a la escasez de comunicaciones, las órbitas iban pasando sin poder preparar la reentrada. Cuando en la 16, las cosas parecían estar resueltas, los motores de frenado no se encendieron con lo que no hubo más remedio que apurar otra órbita más. Pero al no haber podido dar las instrucciones correctas para solucionar el problema, tampoco en la 17 se pudo efectuar el descenso. Las baterías estaban al borde del agotamiento, y gracias a la pericia y profesionalidad de Komarov, la reentrada se pudo realizar en la órbita 18. Una vez dentro de la atmósfera se abrió el paracaídas de frenado, el cual en breve tendría que extraer al principal, pero debido a un fallo de fabricación éste quedó atascado en su receptáculo. Ante esta situación, la nave de forma automática soltó el paracaídas de emergencia, quedándose enredado en el de frenado y no pudiendo desplegarse adecuadamente. De esta manera, Komarov se estrellaría contra el suelo Siberiano a mas de 150 km./hora.


En la realización del informe sobre las causas del accidente, se estimó un estudio del resto de las Soyuz en fabricación, detectándose en todas ellas el mismo fallo en el sistema de paracaídas. Fue una inspiración divina la decisión de no haber lanzado la Soyuz 2, puesto que sus tripulantes hubieran corrido la misma suerte.

Pero fundamentalmente el accidente de Komarov no se debió a causas técnicas, sino a causas político-militares. Por su parte los ingenieros no aconsejaban el vuelo, aunque debido a las presiones tampoco se atrevían a negarse explícitamente a realizarlo, y por otra parte los militares tiraban la piedra y escondían la mano, ya que si los ingenieros no se negaban, ellos tenían las puertas abiertas para tomar decisiones sin responsabilidades técnicas. Gagarín que en su día mantuvo una íntima amistad personal con Nikita Kruchev, mandó por el conducto reglamentario una carta al nuevo mandatario Leónidas Breznev, explicando los fallos de la nueva Soyuz, y aconsejando encarecidamente la suspensión del lanzamiento, pero dicha carta nunca llegó a su destinatario. A Komarov se le puso entre la espada y la pared, no dándole opciones bajo su condición de militar, a rehusar al viaje.

Las situaciones políticas a veces pesan más que la propia vida de las personas, y el mismo sistema hace que las responsabilidades se repartan para no aparecer nadie como culpable. Pero la muerte de Komarov no fue un accidente como tal, sino un auténtico crimen de estado sin rostro. Desgraciadamente esta situación no sería la primera, ni tampoco la última. Otro día hablaremos de ellas.

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jueves, 18 de marzo de 2010

La extraña muerte de Yuri Gagarin




La muerte de Yuri Gagarin(en la foto), es otra de las muchas historias que quedarían envueltas en un halo de oscurantismo en la Unión Soviética. En la mañana del 27 de marzo de 1968, Gagarin despegaba en un Mig 15, junto con su instructor de vuelo Vladimir Seregin. A las 10,30 de la mañana, los controladores de vuelo, perderían todo tipo de contacto con la nave. Tres horas después, helicópteros de reconocimiento encontraban los restos del avión cerca de la ciudad de Kirzhach. La escasa información de lo ocurrido, junto con la política opaca de la U.R.S.S., hizo que como siempre surgieran teorías de conspiración que añadirían más morbo al suceso.

Yuri Alekseyevich Gagarin, nació en 1934 en Klúshino, en el oblast de Smolensk, cerca de la frontera con Bileorrusia. De familia campesina, su infancia estuvo marcada por la invasión nazi en plena Segunda Guerra Mundial.



Una vez finalizados sus estudios, trabajó como obrero metalúrgico hasta 1954, año en que se apunta en el aeroclub de la ciudad de Saratov. Un año después, se matricula en la Escuela Militar de Pilotos de Oremburgo. En 1957 se casa con Valentina Goricheva. Y en 1959 se presenta como candidato al cuerpo de Cosmonautas de la Unión Soviética.

La selección de cosmonautas, por aquel entonces, se realizaba en base a unas pruebas físicas, sicológicas y conocimientos técnicos. Entre más de tres mil candidatos, Gagarin consiguió meterse entre los veinte últimos finalistas, que pasaron a engrosar el cuerpo de cosmonautas, para luego ser seleccionado entre los cinco primeros para el proyecto Vostok, junto a una mujer, Valentina Tereskova. Solo faltaba por dictaminar quien tendría el honor de ser el primero en ser lanzado al espacio. Las puntuaciones de Gagarin en las pruebas no eran las mejores, sin embargo su carácter abierto, y amigable le hacía ganarse una buena reputación, no solo entre sus compañeros, sino entre sus instructores. La elección del primer cosmonauta pasaba por ser algo más que un perfecto profesional.



Los soviéticos sabían que si todo salía bien, el primer cosmonauta de la historia pasaría a ser todo un icono mundial, un personaje ejemplar, un símbolo, un arma propagandística, un relaciones públicas, en definitiva todo una estrella fruto de una gran nación y un sistema político como el comunista, ávido de ser imitado por otras naciones. El personaje que reunía estas cualidades era Yuri Gagarin, que además, como colofón procedía de una familia modesta, lo cual daba más realce al ideal comunista.


(Yuri Gagarin. Canal de Historia)

Después del histórico vuelo, la vida de Gagarin cambiaría por completo. Su íntima amistad con Nikita Kruschev le proporcionaría constantes ascensos en su carrera militar. Al chico joven, guapo, simpático y agradable, se le unían ahora: dinero, viajes, fiestas, potentes coches, alcohol, mujeres… En definitiva, los ingredientes idóneos de una vida desordenada que le acarrearía no pocos problemas.

Pero en 1964, la destitución de Kruschev como secretario del partido comunista, llevaría como consecuencia la decadencia en la vida social de Yuri. Con Breznev, no gozaría de las mismas prebendas de su antecesor. El alcohol y las mujeres le acarrearían constantes problemas familiares. Fue entonces cuando se tuvo que enfrentar a la corrupción del partido socialista, a las envidias de militares, e incluso de sus mismos compañeros cosmonautas que le reprochaban su fama por dar solamente una órbita a la Tierra en una nave completamente automatizada. En este momento, Gagarin dejaba de ser el joven ejemplar para pasar a ser una pesadilla en el partido. En un intento por sacarle de la crisis personal, Kamanin (jefe instructor de cosmonautas) le propuso volver a la vida activa de cosmonauta, proponiéndole para pilotar la nueva nave Soyuz que estaba prácticamente lista.

El 24 de Abril de 1967, la nave Soyuz 1 partía para el espacio con el cosmonauta Vladimir Komarov. Como reserva se encontraba Yuri Gagarin, lo cual quería decir, según el protocolo soviético para vuelos espaciales, que de salir todo según lo previsto el próximo en volar sería él. Desgraciadamente, las cosas no serían así, y el vuelo de la Soyuz 1 acabaría siendo la primera tragedia en vuelo de la exploración espacial. A su regreso a tierra, un fallo en el sistema de apertura de los paracaídas hizo que Komarov se estrellara contra el suelo, falleciendo en el acto.



Los viajes espaciales serían considerados a partir de ahora situaciones de alto riesgo, y la Unión Soviética no podía permitirse el lujo de perder el símbolo más preciado del momento. Por esta razón, Gagarin sería apartado nuevamente del programa espacial. Volvería entonces a su gran pasión, la aviación, para lo cual comenzaría una serie de cursillos de actualización, ya que en los últimos nueve años solamente acumularía unas setenta y cinco horas de vuelo.

El 27 de Marzo de 1968, saldría a dar una clase rutinaria con su instructor de vuelo, estrellándose contra el suelo en circunstancias que no fueron del todo esclarecidas. La versión oficial de los hechos apunta a una mala visibilidad en la zona, y a un descenso en picado del cual el avión no consiguió remontar el vuelo. También se apuntan como causas adicionales del suceso a errores del personal de tierra, que no informaron correctamente de la altitud de las nubes en la zona. Por otro lado, los análisis en sangre de los cadáveres no detectaría, como se dijo, que los pilotos hubieran consumido bebidas alcohólicas. Como era habitual en la Unión Soviética en aquella época, rápidamente los informes se archivarían y no se daría más difusión al accidente. Pero como siempre, todo lo que permanece oculto da lugar a comentarios y especulaciones, que complican aún más la situación de lo que se quiere ocultar. Una de las versiones conspiranoicas mas difundida, fue el posible asesinato de Gagarin por parte del KGB, ya que últimamente estaba resultando políticamente incómodo, y no era el personaje ejemplar que todos deseaban. Las demás, son tan rocambolescas que no merece la pena ni comentar.



En 1987 una comisión de científicos reabrió el caso, el cual analizaron con sofisticados programas informáticos, determinando errores importantes por parte de los controladores de vuelo. En primer lugar, dadas las circunstancias climáticas el vuelo debería de haberse suspendido. En segundo lugar, no se informó de la proximidad en la zona de un Mig 21. Y en tercer lugar tampoco se dio la altitud correcta de las nubes. También se dio como probable el mal funcionamiento de algunos equipos del avión. Según el informe, el avión tuvo que hacer un giro brusco quizás causado por la cercanía del Mig 21, las turbulencias desestabilizarían aún más el vuelo del Mig 15, haciéndole entrar en barrena. Por último los errores en los informes sobre la altitud de las nubes terminarían por confundir a los pilotos que se creían a más altura de la real, por lo que no tuvieron tiempo para eyectarse del aparato.



Extrañamente, Aleksei Leonov (primer cosmonauta en realizar un paseo espacial), miembro de la primera comisión que estudió el accidente, manifestó que veinte años después pediría revisar sus informes escritos de su puño y letra, y se encontró conque estos habían sido reescritos por otra persona. Claramente del segundo informe se desprende que algunas personas estaban salvaguardando los hechos para proteger su reputación. En la actualidad, parece probable que la ocultación de errores, y no una conjura política, sea la auténtica explicación del hermetismo en torno a las circunstancias del último vuelo de Gagarin.

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martes, 23 de febrero de 2010

La desaparición del cosmonauta Valentín Bondarenko.



Corrían los años cincuenta, y la Unión Soviética comenzaba una nueva era: “la exploración espacial”. En 1957 ponían por primera vez un artefacto hecho por el hombre, en la órbita de la Tierra. Y un mes después, era un ser vivo el que salía de la atmósfera terrestre. El objetivo inmediato ahora, sería lanzar a un hombre al espacio.

En la Unión Soviética, todo lo relacionado con la exploración del espacio estaba a cargo del estamento militar, por lo que se pediría entre las tropas, voluntarios para una misión completamente desconocida. El “espacio” era un entorno tan hostil, que las naves se construirían completamente automatizadas, de tal forma que serían en todo momento controladas desde tierra. El cosmonauta, era un mero conejillo de indias que intentaría sobrevivir en un ambiente de ingravidez, radiaciones cósmicas y aceleraciones brutales. Por tal motivo, la selección humana se haría buscando auténticos superhombres, que fueran capaces de soportar todo tipo de situaciones. De los más de tres mil candidatos, únicamente una veintena llegaron a...
engrosar el cuerpo de cosmonautas, todo ello siempre bajo un secretismo total. Solamente en el caso de esposas y pocas madres, conocían el destino de estos jóvenes.



El hermetismo soviético traería consigo la creación de numerosas leyendas de astronautas que se perdían por el espacio sin poder regresar. Con nombres perfectamente identificables para dar mas veracidad a las historias: Shiborin, Mitkov, Pyotr Dolgov, Belokonev y otros muchos, se harían popularmente famosos, a pesar de no haber existido nunca. Ya en los años noventa, con la “glasnot” y la posterior desaparición de la U.R.S.S., historiadores de la talla de: Asif A. Siddiqi, James Oberg, Robert Zimmerman, etc., entrevistaron a gran cantidad de cosmonautas, directores de vuelo, técnicos, entrenadores, etc. sin obtener ningún resultado positivo sobre la existencia de estos hombres. Solamente un caso de desaparición sería constatado por todos ellos, este era el caso de Valentín Bondarenko(en la foto). Esta historia conoció la luz cuando en 1991, “Golovanov”, un periodista del diario Izvestiya y excosmonauta, lo publicaba treinta años después de acaecer tan terrible suceso.

Bondarenko era uno de los veinte cosmonautas seleccionados para alcanzar la gloria. Las pruebas y entrenamientos que estos hombres deberían de soportar eran de extrema dureza. La última de ellas, consistía en el aislamiento durante quince días, en una cámara presurizada con un índice de concentración de oxígeno del cincuenta por ciento.



Esta prueba estaba diseñada para descartar a aquellos que no estuvieran capacitados para soportar el largo confinamiento de un viaje espacial. Poco tiempo faltaba ya para el lanzamiento del primer hombre al espacio, y Bondarenko era uno de los principales candidatos cuando entró en la cámara. A los diez días de internamiento, fue sometido a una prueba de monitorización médica a través de electrodos sujetos a la piel. Una vez terminada se quitó las ventosas, limpiando los residuos con algodones humedecidos en alcohol. Sin querer, uno de ellos fue a caer sobre un plato caliente diseñado para calentar su comida. Como la atmósfera era rica en oxígeno, saltó una chispa que provocó un incendio dentro de la cámara. Presa del pánico, Bondarenko golpeaba sus ropas tratando de apagarlo, sin conseguir otra cosa que avivarlo aún más. Debido a la baja presión en el interior, se tardarían varios minutos (según cuenta Golovanov) en abrirla. Sin embargo, el doctor Vladimir Golyakhovsky, que atendería al cosmonauta declararía que el tiempo que este permaneció en la cámara fue de media hora. Bondarenko, sería trasladado a un hospital cercano, donde llegó con vida, y balbuceando no cesaba de repetir: “Ha sido culpa mía, ha sido culpa mía”. El doctor Golyakhovsky diría a la televisión: “Le retiré la manta con mucho cuidado, entonces vi un cuerpo completamente calcinado, de un modo que nunca había visto antes, y nunca vi después. No tenía piel, no tenía pelo, ni siquiera tenía ojos. Sabíamos que era mejor mantener las bocas cerradas y no decir nada sobre semejante secreto de estado.” La única parte del cuerpo que quedó intacta fueron las plantas de los pies que habían sido protegidas por la botas. Con gran esfuerzo por parte de los médicos, allí consiguieron localizarle un vaso sanguíneo para administrarle calmantes por vía intravenosa. Era todo lo que los médicos podían hacer por él, aliviarle el sufrimiento en lo posible, pues era evidente que en su estado no podría sobrevivir. Según Golyakhovsky, Bondarenko moriría dieciséis horas después. En el hospital no se dieron detalles del accidente, y sería registrado con el nombre de “Sergeyev”.



La imagen mundial que al régimen soviético, sumido en plena Guerra Fría, pudiera ocasionar este accidente, hizo que fuera acallado bajo pena de prisión en los temidos campos de trabajos forzosos siberianos. Todos los archivos, fotografías, cualquier documento que indicara que algún día Valentín Bondarenko había pertenecido al prestigioso cuerpo de cosmonautas soviéticos, sería destruido. No quedaría ningún rastro de su paso por el centro de entrenamiento de cosmonautas. Ya a finales de los años noventa, su hijo se lamentaría ante la prensa estadounidense del trato ofrecido a su padre por el ejercito soviético; mientras otros cosmonautas eran enterrados con honores en la Plaza Roja, y sus viudas recibían una generosa pensión, a la viuda e hijo de Bondarenko no les quedaría ni el orgullo de poder decir que su esposo y padre, algún día había engrosado la lista de los candidatos a entrar en la historia de la astronáutica soviética. Solo su recuerdo quedó en la mente de sus compañeros, que divulgaron su sacrificio después de la caída del régimen soviético.

Valentín Bondarenko, falleció el 23 de Marzo de 1961 a la edad de 24 años, siendo teniente del ejercito del aire de la Unión Soviética. Fue enterrado en Jarkov (Ucrania), donde había crecido y donde aún vivían sus padres. Dejó una joven esposa (Anya), y un hijo de cinco años (Aleksandr), que llegaría a ser oficial del ejército. En aquellos momentos, Anya trabajaba en el centro de entrenamientos de cosmonautas, trabajo que dejó poco después de la muerte de su marido por razones que se desconocen.

Posteriormente, una serie de cosmonautas serían también borrados de todos los registros militares, debido a expulsiones causadas por indisciplinas, mal comportamiento, o simplemente enfermedades que les hacían incompatibles para su misión. Con la glasnot, todos estos casos hallarían la luz, y hoy en día casi podemos decir sin miedo a equivocarnos, que conocemos el noventa y nueve por ciento de todo lo acaecido en aquellos tiempos en la Unión Soviética. Constatándose así, solamente un caso de desaparición por fallecimiento en la exitosa exploración espacial de la U.R.S.S.

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Soyuz 5. A veces el diablo va, y se pone de tu parte.




A principios de los años sesenta, la Guerra Fría entre americanos y soviéticos, traslada su campo de batalla al “espacio”. Su objetivo: la Luna. Su objeto: la ostentación de poderío militar. Ambos países rivalizaban mostrando al mundo de forma discreta sus misiles capaces de cualquier cosa. Mientras los americanos caminaban con paso firme y lento, los soviéticos lo hacían dando continuos golpes de efecto: primer satélite en órbita, primer ser vivo, primer hombre, primera mujer en el espacio, etc. etc. … A pesar de la ficticia ventaja, los soviéticos perderían con la muerte de su genio y mentor, Serguei Korolev en 1966, todas las opciones de victoria. Mientras los americanos orbitaban la Luna a finales de 1968, los soviéticos aún estaban haciendo ejercicios de reencuentro y acoplamiento en la órbita terrestre. Y es entonces cuando acaece esta historia, la reentrada mas espeluznante de la carrera espacial.

La nave soviética Soyuz, estaba formada por tres cuerpos: El primero era el módulo orbital que era...
un pequeño habitáculo ovoide que servía de almacén, o para realizar experimentos. El segundo, con forma acampanada, era el módulo de descenso, donde viajaban los cosmonautas; en su parte superior había una escotilla que daba paso al módulo orbital, junto al paquete de paracaídas, y en su parte inferior estaba el escudo térmico y los retrocohetes que suavizaban el contacto con el suelo en el descenso. Y por último, el módulo de servicio de forma cilíndrica, que portaba todo el sistema mecánico de la nave.



En el momento de la reentrada, la nave soltaba el módulo orbital que se desintegraba contra la atmósfera. Una vez realizadas todas las maniobras pertinentes, se desprendía también del módulo de servicio, quedando en caída libre el módulo de descenso que afrontaba el fuerte calor de la fricción atmosférica con el escudo térmico. Por último se habrían los paracaídas y a pocos metros del suelo arrancaban los retrocohetes que suavizaban el contacto.

El 14 de Enero de 1969, la nave Soyuz 4 partía del centro de lanzamientos de Baikonur con el cosmonauta Vladimir Shatalov, rumbo al espacio. Al día siguiente lo haría también la Soyuz 5, en esta ocasión con tres cosmonautas: el comandante Boris Volynov(en la foto), el ingeniero de vuelo Aleksei Yeliseyev, y el especialista Yevgeny Khrunov. El objeto de la misión era acoplar las naves en el espacio, transbordar a dos de sus ocupantes de una a otra y retornar a tierra. Todo iba correctamente según los planes preestablecidos, hasta que llegó el momento de realizar la maniobra de reentrada de la Soyuz 5, ahora con un solo ocupante, el cosmonauta Boris Volynov. El módulo orbital se desprendió correctamente, sin embargo cuando ya se encaraba el contacto con la atmósfera, el módulo de servicio quedaba atascado y sujeto al módulo de descenso. En tal situación, la nave afrontaba el choque atmosférico con la escotilla de acceso al módulo orbital y no con el escudo térmico. Boris comunicó el problema a la base, pero estos se quedaron impotentes ante la situación. Intentó varias maniobras sin éxito, lo que le llevó a agotar el poco combustible de que disponía. La fricción exterior contra la atmósfera iba subiendo la temperatura en la capsula. Las gomas que sellaban la escotilla de acceso al módulo de servicio, se fundían y desprendían un humo negro asfixiante. Curiosamente Bolynov mantenía la serenidad, y arrancaba las hojas del libro de a bordo para colocarlas en el centro del mismo, y guardarlo entre sus ropas con el fin de protegerlo lo más posible, a la vez que grababa en la caja negra todas las incidencias que se iban produciendo en su trágico descenso. Puesto que la maniobra se estaba realizando de forma invertida, Boris permanecía colgado de los arneses de seguridad y no sentado sobre su sillón, situación ésta muy incómoda, incluso dolorosa. Cuando la temperatura se hacía insoportable, un fuerte golpe sacudió la nave, y de repente Bolynov caía sentado en su sillón. El módulo por fin se había desprendido, y la nave caía ahora con el escudo térmico por delante. El cosmonauta respiraba aliviado, se había salvado de una muerte segura. Pero poco le duraría esta tranquilidad. La nave caía descontrolada y girando sobre su eje, el combustible estaba completamente agotado, y los motores encargados de recuperar la estabilidad no se encendían. Llegado el momento, los paracaídas se abrirían de forma automática y quedarían enroscados sin posibilidad de abrirse, como así ocurrió. Ahora, Boris, se resignaba a morir aplastado. Pero cuando estaba a pocos metros del suelo, los paracaídas fueron cogiendo aire y rápidamente se abrieron. Por segunda vez en pocos minutos se salvaba de una muerte más que segura. La falta de combustible hizo que los retrocohetes de frenado no se encendieran, y el impacto contra el suelo fue terrible, hasta el punto de partirse varios dientes. Pero las penalidades no acabarían aquí. La capsula había caído en los Urales al atardecer y en medio de una fuerte nevada. La temperatura exterior marcaba 38 grados bajo cero. El equipamiento del cosmonauta no estaba preparado para aquellas temperaturas, y los helicópteros no localizaban el lugar de la caída. Todo apuntaba a que tendría que pasar la noche allí, y en aquellas condiciones la muerte le sobrevendría por congelación. Sabía que allí no se podía quedar, y que con aquella ropa no podría ir muy lejos. Decidió salir a la aventura, y después de andar a duras penas por la nieve, vio que detrás de una arboleda salía humo. Efectivamente, allí había una cabaña de un pastor que lo acogió aquella noche dándole abrigo. Al día siguiente los helicópteros localizaron la nave, y siguiendo las huellas dejadas por Volynov llegaron a la cabaña donde fue rescatado.

Pero las gracias y desgracias de Volynov no acabarían aquí. Pocos días después, en una cabalgata de cosmonautas en coches por las calles de Moscú, un francotirador erraba su tiro matando al conductor del coche en que viajaba Boris, el coche se estrelló y los cosmonautas resultaron con lesiones leves.

Como dice Joaquín Sabina: “A veces el diablo va, y se pone de tu parte”.

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