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lunes, 28 de junio de 2010

El senador Proxmire y los presupuestos del SETI


Con la llegada del hombre a la Luna los presupuestos de la NASA se fueron paulatinamente recortando, hasta el punto de que tuvieron que ser suspendidas las tres últimas misiones del programa Apolo, pero no solo eso, sino que nunca hubo más dinero para volver a la Luna. Esta política de austeridad perjudicaría además de los programas lunares, a otros como el SETI (búsqueda de inteligencia extraterrestre). A este respecto “The Washington Post”, se haría eco de la siguiente anécdota:

En Octubre de 1981, representantes de la NASA se reunían con miembros del Senado para discutir los presupuestos para el año fiscal 1982. Poco a poco se fueron explicando los proyectos y las necesidades de la agencia espacial, y atendiendo a las preguntas de los senadores. Cuando se llegó al capítulo del SETI, el senador demócrata por el estado de Wisconsi, William Proxmire(en la foto), preguntó: “¿En qué consiste eso del SETI?” A lo que se le explicó que consistía en mandar señales al espacio, al objeto de recibir alguna posible respuesta que evidenciara la existencia de vida inteligente extraterrestre. Dicha investigación no convenció al senador, por lo que se denegaron los fondos presupuestados. Posteriormente, Proxmire informó al presidente Ronald Reagan, diciéndole textualmente: “Señor Presidente, hace tres años la NASA pidió tres millones de dólares para financiar un programa llamado “Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre”. La idea fundamental de este programa consiste en buscar inteligencia más allá de nuestro sistema solar. Nuestros mejores sabios de la NASA dicen que es probable que haya vida inteligente en algún punto de la galaxia. Yo he pensado siempre, que si se quieren buscar inteligencias habría que empezar precisamente aquí, en Washington, en donde ya es difícil encontrarlas; quizás sea incluso más difícil que encontrarlas en otros sistemas solares”.

En fin, si los políticos tuvieran el mismo grado de inteligencia que de ingenio, otro gallo nos cantaría. Por supuesto, aquel año se cancelarían los presupuestos del SETI. Los años posteriores se retomarían, pero en menor cuantía.

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martes, 22 de junio de 2010

Ovnis y medios de observación


La Unión Astronómica Internacional tiene registrados en este momento 1.491 observatorios astronómicos repartidos por todo el mundo, siendo en su mayor parte observatorios profesionales, y luego un menor número de observatorios de una alta calidad técnica pertenecientes a sociedades locales, pero que también realizan una función interesante. Estos observatorios escudriñan todo el universo, fotografiándolo y comparando informáticamente cualquier variación súbita que se produzca en el cielo. A parte de esto hay miles, quizás algún millón, de aficionados que todas las noches apuntan sus telescopios al infinito deleitándose con el espectáculo. Además de estos telescopios ópticos, existen multitud de ellos que captan la luz en otras longitudes de onda, y que de alguna manera también rastrean una buena parte del Sistema Solar, incluso más allá. Con esto no quiero decir que se cubra por completo toda la bóveda celeste, pero sí una gran parte. En el último centenar de años, en el mundo se vienen observando continuamente de forma aislada e individual infinidad de avistamientos OVNIs, sin embargo nunca han sido ratificados por ningún observatorio del mundo. Ni siquiera revisando en los archivos fotográficos, se ha podido confirmar la existencia de nada extraño que se aproximase a la Tierra cuando se producen estos avistamientos.

Existen además sistemas de vigilancia de basura espacial, que mediante una especie de radar controlan todo tipo de satélites, naves espaciales y fundamentalmente la basura espacial, detectando cuando alguno de estos cuerpos está a punto de caer a la Tierra. Tampoco estos sistemas han detectado nada que se le pueda relacionar con avistamientos OVNIs.

Ni siquiera los radares dispersos por los aeropuertos de todo el mundo nunca han confirmado nada. De acuerdo que algunas veces han detectado objetos sin identificar, pero estos objetos nunca han sido ratificados por otros aeropuertos. Y no digamos nada de los controles militares de defensa de los países, que tampoco tienen en sus archivos incidencias coincidentes con avistamientos OVNIs.

Resulta verdaderamente curioso que ante la infinidad de avistamientos que se han producido en el siglo pasado, ninguno de estos sistemas haya confirmado nunca nada extraño coincidente con el fenómeno. Sería un descrédito para nuestros científicos que los extraterrestres hubieran llegado a la Tierra, y no se hubieran enterado.

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jueves, 10 de junio de 2010

El accidente de Baikonur y los misiles de Cuba


Puesto que en la Unión Soviética la industria armamentística y la espacial caminaban de la mano, el accidente ocurrido el 24 de Octubre de 1960 en la base de lanzamientos de Baikonur, se le puede considerar también como parte del programa de exploración espacial soviético. La explosión de un cohete mientras se procedía a ultimar los detalles para su lanzamiento, sesgó la vida de 92 personas, entre ellos: técnicos, ingenieros y algunos militares. Nuevamente intereses políticos y militares volvían a arruinar el excelente trabajo de los científicos. Como era habitual, el accidente se mantendría en secreto hasta finales de los años 80, cuando la revista rusa “Ogonyok” publicaba los primeros artículos sobre esta catástrofe. Se presume que los servicios de inteligencia norteamericanos estaban al corriente de lo ocurrido, pero no hicieron ningún tipo de publicación para no dar detalles de sus actividades de espionaje.

El cohete en pruebas era el denominado “R-16”, el cual estaba considerado como un misil balístico intercontinental, y por lo tanto tendría un alcance tal, que siendo lanzado desde territorio soviético podría llegar hasta cualquier ciudad de los Estados Unidos. En la Guerra Fría la U.R.S.S. se estaba quedando a la zaga de los americanos, que ya poseían los cohetes Atlas y Titán capaces de hacer un trabajo similar. Con el R-16 se pensaba recuperar el terreno perdido. Es de suponer la gran expectación y tensión causada por los resultados de este lanzamiento en el Kremlin.

A la finalización de la II Guerra Mundial, en la URSS existían varios grupos de expertos en el desarrollo de cohetes, al frente de los cuales destacaba el diseñador Serguei Korolev, que sería el principal artífice del programa espacial soviético. Pero en este caso, el R-16 había sido construido por el diseñador jefe Mikhail Yangel. Yangel ya había construido en 1957 el misil de mediano alcance R-12, el cual jugaría un rol clave en la Guerra Fría cuando fue desplegado en 1962 en Cuba.

Entre los diseñadores soviéticos existió siempre un recelo provocado fundamentalmente por las competencias a la hora de conseguir los mejores presupuestos, pero además de esto existió una guerra particular entre Korolev y el resto, debido a los propulsantes a utilizar. Por un lado, Yangel, Glushko y Chelomei, eran partidarios de los propulsantes hipergólicos, caracterizados por estar formados por dos componentes que arden de forma violenta al entrar en contacto. Son compuestos altamente tóxicos y corrosivos, y su combustión genera gases de alta toxicidad. Su principal ventaja es que puede almacenarse durante largos periodos de tiempo, lo que les hace ser ideales para misiles que tienen que estar listos en todo momento. Y por otro Korolev, partidario de los propulsantes criogénicos (tipo hidrógeno y oxígeno) que deben de ser almacenados a temperaturas inferiores a cien grados bajo cero, lo cual hace que no se puedan mantener cargados mucho tiempo. Son ideales para lanzamientos espaciales, pero no como misiles de guerra. Korolev consideraba que la manipulación de los propulsantes hipergólicos era excesivamente peligrosa, en realidad lo que él buscaba era la seguridad de sus técnicos.



Durante el mes de Octubre de 1960, se trabajó intensamente y a marchas forzadas, para tener un cohete R-16 en fase de pruebas preparado para el lanzamiento, fijado para el día 23. Ese mismo día, acompañaban a Yangel un gran número de militares, al frente de los cuales se encontraba el general Mitrofan Nedelin(en la foto), responsable de las fuerzas de misiles estratégicos soviéticos. Una vez cargado el misil de propulsante se detectó una fuga, pero se consideró que al ser pequeña se podía seguir adelante con el ensayo. Pero a continuación se detectó un fallo en una válvula de uno de los motores, y poco después el que fallaba era el distribuidor de corriente que alimentaba al cohete. Ante estas contrariedades, los técnicos propusieron proceder con el protocolo de trabajo establecido para estos casos, que consistía en vaciar los depósitos de propulsante, y retirar el misil de la rampa de lanzamientos para una revisión a fondo. Al oir esta propuesta, el general estalló en ira, gritando que ante una guerra nuclear no habría tiempo para estas cosas. Por lo que se decidió posponer el lanzamiento para el día siguiente, y en aquella situación proceder de urgencia a las reparaciones pertinentes. Los técnicos trabajaron sin descanso toda la noche, con el misil cargado de propulsante. Al día siguiente, faltando media hora para el lanzamiento, la cuenta atrás se volvía a detener, y Nedelin que se encontraba en una zona de seguridad a 800 metros, solicitó se le condujera hasta la plataforma, para de esta forma presionar aún más a los trabajadores. De esta manera se volvían a saltar todos los protocolos de seguridad, ya que alrededor de un misil cargado de propulsante no puede haber nadie, nada más que los estrictamente imprescindibles. La tensión era evidente. Ante tanto nerviosismo un técnico dejó activado por error un interruptor de la mesa de operaciones, que activaba de emergencia la segunda fase del cohete. Una vez activada la mesa, el cohete interpretó esta posición como de reposo. Y entre prisas, carreras y nervios, un técnico se dio cuenta de la incorrecta posición del interruptor, volviéndolo a la anterior, la cual ahora sería interpretada por el cohete como de activación por emergencia, arrancando la segunda fase que estaba sobre la primera y en la rampa de lanzamiento, causando así la explosión del conjunto, arrasando todo lo que se encontraba en las inmediaciones, y llevándose por delante a Nedelin y su séquito. Afortunadamente, Yangel se había ido a fumar un cigarrillo a uno de los bunkers de seguridad, por lo que consiguió salvarse. En la explosión morirían en el acto 76 personas, a las que habría que añadir 16 más de los 49 heridos, a causa fundamentalmente de los gases tóxicos del propelente. El informe de la investigación del accidente daría como conclusión el mal diseño de la mesa de control, que permitió la activación de los motores de la segunda etapa cuando todavía se estaban efectuando las pruebas previas al lanzamiento. Sin embargo, el informe no menciona la imprudencia que supuso saltarse todos los procedimientos de seguridad. Según palabras del propio Brezhnev, que participaría en la comisión investigadora: “todos los responsables han sido ya castigados”.


Recreación cinematográfica del accidente, con imágenes reales de la explosión tomadas por las cámaras de seguridad.

La base de lanzamientos quedó completamente destruida, pero la pérdida de tantos técnicos e ingenieros supuso un retraso considerable que se tardaría en recuperar. Según señala el historiador espacial norteamericano Curtis Peebles, el retraso en la entrada en funcionamiento de este cohete fue lo que pudo conducir a la llamada Crisis de los misiles de Cuba. Al no tener los soviéticos un misil de largo alcance, y ante las situaciones políticas que estaban acaeciendo en Cuba, decidieron equilibrar la balanza de poder de los misiles Atlas y Titán, con misiles R-12 desde la isla caribeña. De haber entrado en servicio el R-16 a tiempo, esta situación arriesgada que puso al mundo al borde de una guerra nuclear, posiblemente no se hubiera producido nunca.

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martes, 1 de junio de 2010

Las primeras novelas de ciencia ficción



La novela de ciencia ficción siempre fue la avanzadilla de la exploración espacial. Para hacer grandes cosas hay que tener grandes sueños, y la gran capacidad de la mente humana para soñar, hace que esta vaya siempre por delante de la técnica. Hasta principios del siglo XX, la ciencia ficción no existía como tal. Hasta esa fecha las narraciones que hoy día no dudamos en calificar de ciencia ficción recibían diversos nombres, tales como viajes fantásticos, relatos de mundos perdidos, utopías, romances científicos o novelas científicas. Basándonos en estos datos podemos considerar que la primera novela de ciencia ficción es la de Antonio Diógenes titulada: “Las maravillas de mas allá de Tule”, en el que se narra un viaje fantástico a la Luna. Debió de ser una gran novela puesto que hay referencias de varios autores, sin embargo no se conserva al completo, solamente tenemos algunos fragmentos. Esta obra está datada aproximadamente a finales del siglo I d. de C. Pero la que si conservamos al completo y podemos considerar como primera obra de ciencia ficción es: “Relatos verídicos”(en el vídeo) de Luciano de Samósata (125-181 d. de C.) (en al foto). Que entre otros relatos cuenta en primera persona como su barco con cincuenta hombres, se ve atrapado por una gran tormenta que los arrastra hasta la Luna. Allí viven aventuras con los selenitas (habitantes de la Luna), seres humanoides y extraños a los que ayudan en su lucha contra los habitantes del Sol. Cuando consiguen abandonar la Luna viajan por algún otro satélite hasta que por fin llegan de nuevo al mar.


(Relato de la novela)

Resulta curioso el hecho de que titule su obra “Relatos verídicos”, cuando advierte claramente que todo lo que se dice en ella es mentira: “Escribo, por tanto, de lo que ni vi ni comprobé ni supe por otros, y es más, acerca de lo que no existe en absoluto ni tiene fundamento para existir. Conque los que me lean no deben creerme de ningún modo”. Es toda una declaración de principios: “la única verdad es que les miento”, viene a decir Luciano.

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lunes, 24 de mayo de 2010

El crimen de la Soyuz 1


Durante los primeros años de la década de los sesenta, los soviéticos habían adquirido una aparente ventaja sobre los norteamericanos en la llamada “Carrera Espacial”, sin embargo hacia la mitad de la década perderían el entusiasmo por seguir batiendo indiscriminadamente todo tipo de records. En la U.R.S.S. todo lo relacionado con la exploración espacial estaba en manos de los militares, y estos centraban su interés en la fabricación de misiles intercontinentales, dejando en un segundo plano el espacio. Durante los años 64, 65 y 66, los Estados Unidos llevarían a cabo su segundo y exitoso programa espacial, el “Géminis”. En él, se habían batido records de permanencia en el espacio, salidas extravehiculares, acoplamiento de naves en vuelo, y un ingente número de experimentos, adquiriendo los conocimientos básicos para lo que luego sería el viaje a la Luna.

En 1966 fallece el genial ingeniero jefe Serguei Korolev, dejando prácticamente diseñada la nave Soyuz. Al frente del programa espacial quedaría ahora su mano derecha: Vasily Mishin, hombre al que le faltaba la claridad de ideas y el carácter de su mentor. Bajo su dirección, se lanzan a finales del año sesenta y seis y principios del sesenta y siete, cuatro naves Soyuz, terminando todas en fracaso. Pero ahora, cuando los americanos comenzaban con el programa Apolo, vendrían las prisas. Bajo presiones políticas de Leonidas Breznev, se incurriría en una serie de riesgos que nunca habría admitido Korolev. El coronel Kirillov diría que aún había cientos de cuestiones técnicas sin resolver en la Soyuz, y por lo tanto aún no estaba lista. Pero las fuertes presiones políticas y militares, harían que el 23 de Abril de 1967, la Soyuz 1 estuviera en la rampa de lanzamiento. En una entrevista realizada al propio Mishin en 1990 diría: “…los altos cargos pensaban que estaban haciendo bien su trabajo si no paraban de gritar a personas que no tenían ni tiempo para quitarse el sudor de sus frentes…”

El programa de la misión era lanzar la Soyuz 1 con un único tripulante, y al día siguiente la Soyuz 2 con tres, una vez en vuelo se procedería a hacer un acoplamiento de las dos naves en el espacio, y mediante una salida extravehicular transferir a dos de sus ocupantes de una nave a otra, para luego retornar a tierra. De repente se quería recuperar el tiempo perdido, intentando hacer en un solo vuelo lo que los americanos habían hecho con diez Géminis.

La misión había sido encomendada al cosmonauta Vladimir M. Komarov (en la foto), que con este vuelo sería la primera persona que saliera por segunda vez al espacio, y como reserva se encontraba el mítico Gagarin, que parecía rehacer su vida incorporándose de nuevo al trabajo activo de cosmonauta.


Bajo este ambiente de pesimismo por parte de los técnicos, Komarov era puesto en órbita sin antes no haber realizado una prueba sin tripulación con éxito.

Nada mas alcanzar la órbita comenzaron los problemas. En primer lugar, uno de los paneles solares no se desplegó, con lo que el suministro de energía de la nave se vería reducido a la mitad. El segundo problema fue el sistema de actitud (posicionamiento) de la nave que no funcionaba, lo cual significaba que el único panel solar existente no siempre estuviera orientado al Sol. De igual manera, las antenas de envío de telemetría estaban situadas a lo largo de los paneles solares, con lo que los datos recibidos en la base eran escasos. Todos estos fallos iban repercutiendo unos en otros agravando aún más la situación.


Las baterías de la Soyuz en esta situación no podían ser recargadas, por lo que se estimaba que solamente tendrían energía para unas 17 órbitas. Las soluciones que se barajaban eran suspender la misión, o lanzar la segunda Soyuz y mediante un paseo espacial extender el panel solar. Afortunadamente, como luego se verá, se optó por la primera. Entretanto, los fallos se seguían produciendo en cadena, ahora era el control medioambiental de la nave que hizo descender la temperatura interior. Debido a la escasez de comunicaciones, las órbitas iban pasando sin poder preparar la reentrada. Cuando en la 16, las cosas parecían estar resueltas, los motores de frenado no se encendieron con lo que no hubo más remedio que apurar otra órbita más. Pero al no haber podido dar las instrucciones correctas para solucionar el problema, tampoco en la 17 se pudo efectuar el descenso. Las baterías estaban al borde del agotamiento, y gracias a la pericia y profesionalidad de Komarov, la reentrada se pudo realizar en la órbita 18. Una vez dentro de la atmósfera se abrió el paracaídas de frenado, el cual en breve tendría que extraer al principal, pero debido a un fallo de fabricación éste quedó atascado en su receptáculo. Ante esta situación, la nave de forma automática soltó el paracaídas de emergencia, quedándose enredado en el de frenado y no pudiendo desplegarse adecuadamente. De esta manera, Komarov se estrellaría contra el suelo Siberiano a mas de 150 km./hora.


En la realización del informe sobre las causas del accidente, se estimó un estudio del resto de las Soyuz en fabricación, detectándose en todas ellas el mismo fallo en el sistema de paracaídas. Fue una inspiración divina la decisión de no haber lanzado la Soyuz 2, puesto que sus tripulantes hubieran corrido la misma suerte.

Pero fundamentalmente el accidente de Komarov no se debió a causas técnicas, sino a causas político-militares. Por su parte los ingenieros no aconsejaban el vuelo, aunque debido a las presiones tampoco se atrevían a negarse explícitamente a realizarlo, y por otra parte los militares tiraban la piedra y escondían la mano, ya que si los ingenieros no se negaban, ellos tenían las puertas abiertas para tomar decisiones sin responsabilidades técnicas. Gagarín que en su día mantuvo una íntima amistad personal con Nikita Kruchev, mandó por el conducto reglamentario una carta al nuevo mandatario Leónidas Breznev, explicando los fallos de la nueva Soyuz, y aconsejando encarecidamente la suspensión del lanzamiento, pero dicha carta nunca llegó a su destinatario. A Komarov se le puso entre la espada y la pared, no dándole opciones bajo su condición de militar, a rehusar al viaje.

Las situaciones políticas a veces pesan más que la propia vida de las personas, y el mismo sistema hace que las responsabilidades se repartan para no aparecer nadie como culpable. Pero la muerte de Komarov no fue un accidente como tal, sino un auténtico crimen de estado sin rostro. Desgraciadamente esta situación no sería la primera, ni tampoco la última. Otro día hablaremos de ellas.

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lunes, 17 de mayo de 2010

Ovnis y medios de comunicación


Como todos conocen, la palabra “OVNI" es el acrónimo de Objeto Volante No Identificado, pero cuando hablamos de ovnis, todos queremos entender que se trata de objetos volantes provenientes de otro planeta, sistema solar o galaxia, llevando en su interior seres vivos inteligentes, y presumiblemente mucho más avanzados que nosotros.
Hay que reconocer el gran potencial que hoy en día tienen los medios de comunicación. En menos de media hora podemos conocer cualquier cosa de importancia que ocurra al otro lado del mundo. Cuando ocurre algo importante, cualquier periodista que se precie, lo primero que hace es confirmar la veracidad de la noticia, y después apresurarse a publicarla para gloria suya y de su empresa. A continuación, si la noticia es importante y veraz, todos los demás medios, aunque no les quede más remedio que ir de segundones, confirman la noticia e intentan añadir y completar aún más la información. Y si la noticia es verdaderamente importante
se mantendrá en primera línea los días siguientes, o incluso las semanas. También hay que tener en cuenta que hoy en día todos llevamos en el bolsillo una cámara de fotos o incluso una de vídeo, con una calidad de imagen verdaderamente alta, que puede confirmar o completar visualmente cualquier situación, y que en breves segundos puede dar la vuelta al mundo.
Por otro lado, en un radio de unos veinte o treinta kilómetros alrededor de los aeropuertos, todos los habitantes de esa zona pueden ver continuamente como llegan y como se van los aviones. Por lo tanto, si una nave interestelar cargada hasta las trancas de marcianitos verdes, se aproximara a cualquier punto de nuestro planeta, lo más probable es que fuera observada por multitud de personas que harían cientos de fotografías y vídeos con una excelente calidad de imagen. Pero en breve aparecerían periodistas hasta debajo de las piedras para dar la noticia más importante desde la aparición del hombre sobre la Tierra. ¿Qué periodista o qué medio de comunicación teniendo una noticia como esta la ocultaría? Pero lo más importante es que al día siguiente los medios de comunicación de todo el mundo ratificarían la noticia, aportando más datos al asunto. Y durante un tiempo bastante prolongado sería lo único de lo que se hablaría.
Al día de hoy, cuando se produce un avistamiento ovni, las imágenes que se aportan siempre son confusas y de muy poca calidad. Los medios difunden la noticia de forma individual y escueta, no dando la importancia tan transcendental que tiene, y lo mas importante, al día siguiente nadie se hace eco de la noticia. Solamente algunos conspiranoicos intentan sacarle un mínimo rendimiento aprovechándose del malsano placer que da el morbo.
Sería un descrédito para los medios que los extraterrestres hubieran llegado a la Tierra y nadie se hubiera enterado.


Siempre imágenes de mala calidad. Nadie mas vió esto.


Nunca quedan restos. A pesar de esto.


Estas imágenes fueron grabadas a la hora de la siesta de los periodistas newyorquinos. Desgraciadamente se perdieron este notición.


Formación de naves extraterrestres sobre una tormenta en la Tierra. Imágenes captadas por el transbordador espacial. Nadie te dice de que misión se trataba, ni que astronauta las tomó. Y por supuesto, las cámaras tanto del transbordador como de la estación espacial, son de una excelente calidad, no esta mi.... de imágenes.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

James Lovell, de extra en Apolo 13


En Abril de 1970, la nave Apolo 13 sobrecogía al mundo cuando sufría la explosión de uno de los tanques de oxígeno del módulo de mando, estando a mitad de camino entre la Tierra y la Luna. A bordo se encontraban el comandante James Lovell, el piloto del módulo de mando Jack Swigert, y el piloto del módulo lunar Fred Haise. Dada la política norteamericana de transparencia informativa, la aventura del rescate fue seguida en directo en todo el planeta. Con el tiempo el comandante Lovell escribiría una novela bajo el título “Lost Moon”, que posteriormente sería llevada al cine en la película de Ron Howard: “Apolo 13”. No voy yo a entrar en críticas cinematográficas, pero es de destacar que obtuvo dos oscars y nueve nominaciones, además de otros premios. Pero desde el punto de vista histórico tengo que decir que se atiene perfectamente a la realidad, quizás un poco edulcorado (véase la influencia de la revista Life en “Las esposas de los astronautas”), no en vano su guión está escrito por uno de sus protagonistas.
Pero una curiosidad que pasa inadvertida a todos los críticos, es el detalle de
Howard, de hacer aparecer al auténtico comandante Lovell (en la foto a la izquierda) al final de la película a modo de extra. Cuando los astronautas son recuperados y llegan al portaaviones, uno de los oficiales que felicita a Tom Hanks es el auténtico James Lovell.


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jueves, 6 de mayo de 2010

Las esposas de los astronautas


De todos es conocido el hermetismo informativo soviético en los años sesenta. En plena carrera espacial solamente se sabía en occidente de los éxitos y pocas cosas de sus fracasos. De igual manera, los nombres de los cosmonautas solo se conocían cuando realizaban un logro que precisaba ser divulgado a los cuatro vientos (Gagarin, Tereskova, Leonov…). Esta forma de trabajo era bien distinta en sus homónimos norteamericanos. En un país de estrellas de Hollywood, cantantes de rok y deportistas de élite, los astronautas venderían su imagen como héroes que se enfrentaban a algo tan arraigado en la cultura americana como la aventura y la exploración. En el capitalismo el marketing era algo fundamental, al fin y al cabo Estados Unidos se estaba gastando una auténtica millonada de dólares, que alguna satisfacción tendría que reportar a sus contribuyentes. Salvo en los momentos previos a una misión, los astronautas tenían que viajar continuamente por... todo el mundo dando charlas, asistiendo a comidas, cenas de gala y cualquier evento que pudiera resultar propagandístico. Muchos de ellos se lamentarían después de no haber disfrutado de su familia. La prensa sensacionalista no solo perseguía a los astronautas, sino que prácticamente asaltaba sus casas intentando obtener alguna declaración de sus esposas, incluso de sus hijos. Ante estas situaciones la NASA aleccionó a las mujeres de los astronautas para que siempre supieran dar una imagen de familia feliz prototipo americana. También se preocupó de acomodarlas todas juntas en Clear Lake, una zona residencial en las afueras de Houston. La imagen que las consortes pudieran dar era parte del show americano.

El sueldo de un astronauta en los años sesenta giraba en torno a los 20.000 y 30.000 dólares, una cantidad importante para la época, pero esta se vería casi duplicada por un contrato con la revista “Life”, que además incluía un seguro de vida que las aseguradoras se negaban a hacer a los astronautas, en el cual se requería la exclusividad de declaraciones, no solo de los astronautas sino de sus esposas. Esto de alguna manera disculpaba los enfrentamientos con el resto de la prensa. La revista Life, en consonancia con la NASA, edulcoraba todas las situaciones pareciendo vivir en una película rosa con final feliz.

Pero la vida de las esposas de los astronautas no era tan glamurosa como se pretendía aparentar. Las largas separaciones de sus maridos las hizo unirse, llegando a formar una especie de club de amigas que intentaban apoyarse, aunque a veces se produjera el efecto contrario. Las reuniones de té y las meriendas eran habituales, y no digamos durante las misiones, que se reunían en la casa del astronauta que volaba. Allí la NASA instalaba un sistema de megafonía donde podían seguir las conversaciones de los controladores con sus maridos.


(Lanzamiento del Apolo 8 en casa de los Borman)

Los accidentes no sobrevenían en el espacio sino en tierra, y la soledad y la tensión les llevaría en algunos casos a la depresión e incluso al alcoholismo, como fue el caso de Susan Borman (en la foto, con sus hijos detrás observando el lanzamiento del Apolo 8). Joan Aldrin llegaría a decir:”Desearía que fuera un conductor de camión, un carpintero, un científico, lo que fuera menos lo que es. Quiero que haga lo que quiere, pero no quiero que lo haga”. Las constantes ruedas de prensa suponían un estrés para muchas de ellas, ya que sus declaraciones tenían que estar en consonancia con la política de la NASA, sin interferir en el trabajo de sus maridos. En cierta ocasión el jefe de la Oficina de Vuelos Espaciales Tripulados, George Mueller, les aconsejaría que se limitaran a decir que estaban orgullosas, emocionadas y felices, y que cualquier otra cosa que pudieran sentir sería mejor no mostrarla.


Declaraciones de Marilyn Lovell y Susan Borman.

Se las procuraba tener apartadas de la vida social de los astronautas. Como diría la esposa de Deke Slayton: “A la NASA le encanta que salgáis en las fotos, sin embargo siempre quiere que luego os quitéis de en medio”. Para ellas el papel de las esposas estaba claramente definido: “Nuestro trabajo es llevar la casa, cuidar de los niños, y no hacer preguntas”. A parte de sus constantes viajes, los astronautas vivían a caballo entre Houston y Cabo Cañaveral. Mientras en Houston la vida era plenamente familiar, en el Cabo había un mayor grado de libertad. “Había montones de chicas guapas con fantasías de amor con un héroe del espacio”, como diría Gene Cernan. Por eso a las mujeres nunca se las invitaba a ir a Florida, y si lo hacían era con permiso expreso de Deke Slayton, jefe de la Oficina de Astronautas. De alguna manera, el salario lo justificaba todo.


Recreación de una reunión de esposas de astronautas según la serie "De la Tierra a la Luna".

Más difícil aún fue la situación de las viudas. Cuando Chalie Bassett se estrelló con su reactor, su esposa Jannie se sintió tan aislada que no pudo seguir viviendo en Houston. Pat Whait sufría constantes ataques de ansiedad, se sentiría ninguneada por la NASA y poco después también se marcharía de Clear Lake. Los divorcios nunca estuvieron bien vistos, sin embargo la Agencia Espacial tendría que rendirse a la realidad de la vida, esta situación sería tratada de tal manera que algunas esposas llegarían a decir que preferían mas marcharse de Houston como viudas que como divorciadas.

Estas circunstancias fueron observadas por reporteros de Life como Dora Jane Hamblin y algunos otros, que veían lo que pasaba, pero sabían que ni los astronautas ni la NASA les dejarían decir nada, había que salvaguardar la confianza y el contrato que les unía, y que tantos beneficios les estaba dando.

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lunes, 26 de abril de 2010

Aseos en el espacio


Recuerdo que cuando era niño y me llevaban a ver castillos o palacios antiguos, siempre salía con la misma duda, y era… ¿Donde estarán los aseos de esta gente? Parecía como si la nobleza fuera tan pulcra que no tuviera necesidades fisiológicas. Eso mismo pasa con las naves espaciales, siempre se nos habla de datos técnicos, de cómo se duerme en el espacio, de cómo se come, pero nunca se nos dice nada sobre la eliminación de desechos humanos. Tema éste que en poco tiempo puede mandar al traste una supermillonaria estación espacial, y no solo debido a las incomodidades que la falta de saneamiento puede ocasionar, sino que en situaciones de ingravidez la proliferación bacteriológica es muy grande, y en pocos días la falta de higiene puede resultar mortífera.

El primer problema en este sentido se produjo
en el primer lanzamiento de una nave americana tripulada al espacio. Se trataba de la misión Mercuri “MR3”, con el astronauta Alan Shepard en su interior. La misión consistía en alcanzar el espacio y sin más dejarse caer de nuevo, lo que algunos dieron en llamar un “salto de pulga”. El viaje duraría unos quince minutos, los cuales serían cinco de ascenso, cinco en estado de ingravidez, y otros cinco de descenso. Dado lo corto de la misión en ningún momento se planteó la posibilidad de necesidades fisiológicas del astronauta. Sin embargo, debido a pequeñas incidencias, la cuenta atrás se fue deteniendo en sucesivas ocasiones, causando un retraso en el lanzamiento de más de cuatro horas. Cuando ya todo estaba solucionado y el lanzamiento era inminente Alan dijo: “Detener la cuenta atrás y bajadme de aquí que no aguanto más las ganas de mear”. El jefe de comunicaciones con la nave le dijo que eso era imposible, y ante un tira y afloja se llegó a la conclusión de que se lo hiciera en el traje espacial. Dada su posición inclinada en la nave, el templado elemento le subió hasta el cuello, llegando a introducírsele en el mismo casco. A partir de aquel momento los astronautas de las Mercuri siempre utilizarían pañales, lo cual impulsaría la mejora en la calidad de los pañales de los niños.

Según fueron aumentando la duración de los viajes espaciales, los sistemas de recogida de deshechos fueron evolucionando. En las naves Géminis y Apolo el sistema de recogida de orina era mediante bolsas, que se insertaban en el pene mediante una especie de preservativo y una válvula de no retorno para evitar posibles derrames. El contenido de estas bolsas era expulsado al espacio, lo cual formaba una espacie de nube que acompañaba durante un buen rato a la nave, impidiéndole la visión del espacio exterior. Por otro lado, la recogida de heces era más complicado, para ello existían unas bolsas con una abertura que contenía un adhesivo para pegarlas a las nalgas, los problemas venían cuando se soltaban o había que ayudar con las manos a la circulación del preciado elemento a través de la bolsa. Después las deposiciones eran almacenadas en cajas usadas de comida, y traídas de vuelta a la Tierra para proceder a su análisis. Pero el problema que persistía eran los olores, que convertían a aquellas naves en auténticas pocilgas. James Lowel (comandante del famoso Apolo 13), llegó a decir que era como vivir diez días en los servicios de un bar de carretera.

Los que evolucionaron con rapidez en este sentido fueron los soviéticos, los cuales centraron la actividad espacial en la construcción de estaciones, aportando muchas mejoras en este aspecto. Comenzaron instalando un pequeño inodoro en el módulo de servicio de las naves Soyuz, que perfeccionaron hasta tal punto que hoy en día los dos váteres que hay en la estación espacial internacional(en la foto) son de fabricación rusa.

Aunque no tan buenos como los rusos, los americanos también instalaron los primeros servicios en el transbordador espacial. Esencialmente consisten en lo siguiente: Por un lado tenemos el recogedor de orina, el cual es un tubo con una ligera succión de aire que la absorbe hasta un depósito. Al extremo del tubo se le añade una boquilla personal diferenciadas por colores, y con distinta forma si es para hombre o mujer. Luego el líquido del depósito sufre un proceso de reciclaje que lo convierte en agua potable listo para ser bebido nuevamente.



El inodoro propiamente dicho, funciona también por una succión de aire que lleva las heces hasta un depósito donde se compactan y hacen paquetes, en un principio eran expulsados al exterior, y luego serían introducidos en naves de transporte sin sistemas de retorno (Progress), desintegrándose al entrar en la atmósfera. Pero el problema del inodoro es que requiere de un aprendizaje, que como todo, se realiza en tierra. Debido a que la boca de succión del inodoro no puede ser muy grande, ya que requeriría de unos potentes motores, la conexión trasero desagüe tiene que ser perfecta, para ello se practica en tierra con un falso inodoro que tiene una cámara de vídeo incorporada en el agujero de salida, y frente al practicante un monitor de televisión el cual le permite mediante una cruz central apuntar con precisión al desagüe. Esta posición ha de memorizarse para que una vez en vuelo no sucedan situaciones desagradables que puedan alterar la convivencia en el espacio. Por otro lado, el inodoro está provisto de dos asideros para los pies, y dos brazos giratorios que pasan por encima de los muslos sujetando al astronauta. Hoy en día las naves y la estación espacial cuentan con un sistema de ventilación y de filtros antiolor que hacen de la estancia un lugar agradable.

Otro problema importante son las salidas al espacio, para ello en la actualidad se utilizan pañales y en el caso de los hombres pueden elegir también bolsas. En el caso de las deposiciones se procuran organizar para contenerse hasta que estén de nuevo en la estación.

El servicio tanto en el transbordador espacial como en la estación es un habitáculo similar al de los aviones, que cuenta también con un lavabo consistente en un espacio cerrado donde se introducen por unas ventanas las manos, por un lado sale el agua y por otro es succionada mediante una corriente de aire.



Entre los conocimientos y preparación que tiene que tener un astronauta se encuentra la fontanería, puesto que una avería del váter espacial es considerada como una reparación de primera necesidad.

Los costes de lanzamiento son tan elevados, que antes de enviar cualquier artilugio al espacio este ha de ser perfectamente estudiado y comprobado su funcionamiento en tierra. Todos estos sistemas de saneamiento fueron experimentados en el famoso avión de gravedad cero, que se deja caer desde más de diez mil metros de altura logrando una situación de compensación de la gravedad similar a la espacial. Los sistemas de succión de orina no tenían mayor inconveniente, puesto que a los voluntarios se les hacía beber una gran cantidad de agua para hacer coincidir sus necesidades fisiológicas con la duración del vuelo. El problema surgía con las deposiciones, para lo cual el avión con su tripulación al completo permanecía en situación de guardia a la espera de que a algún voluntario le sobrevinieran sus necesidades. En este momento, como si de una situación de guerra se tratase, el avión despegaba con su tripulación al completo para proceder a realizar el experimento.

Uno de los sistemas que resultó más complicado de solucionar fue el de recolección de orina para las mujeres. Quizás uno de los más curiosos fue una especie de consolador que se introducía por la vagina y de esta forma sujetaba el receptáculo para la orina, por supuesto no tuvo buena aceptación entre las féminas. Esta y otras perrerías similares fueron llevadas a cabo por una voluntaria anónima, de la cual sus compañeros decían que había que hacerle un monumento. Al final, para salidas extravehiculares se siguió utilizando el pañal.


Agradecimiento.- Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a mi amigo Javier Casado la valiosa información prestada para realizar este y otros artículos.

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jueves, 22 de abril de 2010

El incidente del Apolo 12


Cuando hablamos de las naves espaciales Apolo, se nos vienen a la memoria dos números: el once y el trece. Sin embargo, hubo otras más que llevaron a cabo misiones de gran trascendencia, y sufrieron incidentes que pusieron en peligro la vida de sus tripulantes y el éxito de la aventura espacial. Los gastos eran extraordinarios, y la gente empezaba a dudar de la rentabilidad de un programa lunar, por lo que cualquier tipo de fallo era ocultado discretamente dentro de sus posibilidades. Uno de los incidentes ocurridos en aquella época y que pasó inadvertido, debido fundamentalmente al éxito de la misión, fue el del Apolo 12.

La mañana del 14 de Noviembre de 1969 estaba bastante fea en Florida. Llovía ligeramente y había nubes dispersas a 250 metros de altura y completamente cubierto a 3.000. Todo estaba dispuesto para lanzar el supergigante Saturno V con tres pasajeros hacia la Luna. Ellos eran el comandante Charles Conrad, el piloto Richard Gordon, y el piloto del módulo lunar Alan Bean. Un avión de reconocimiento de las fuerzas aéreas confirmaba que no había indicios de tormenta en un radio de 32 kilómetros. A pesar de estas inclemencias, los ingenieros de vuelo consideraron que no había...
ningún problema en seguir con la cuenta atrás. Además, se contaba con la presencia del presidente Nixon, al fin y al cabo ya se había volado más veces con lluvia.



Alan Bean estaba nervioso, esta era una nueva experiencia para él, nunca había salido al espacio, sin embargo Conrad y Gordon ya eran veteranos de las Géminis. Mientras, John Aaron(en la foto), un joven ingeniero director de vuelo, se afanaba comprobando sus paneles de control, todo parecía correcto. Aaron había nacido veinticuatro años antes en Wellinton (Tejas), y se graduó en física en “Oklahoma Southwestern State University”. Terminada su carrera, se retiró con un desconcertante futuro al rancho de su padre, pensando que quizás la profesión de ganadero era la que le aguardaba. Sin embargo a instancias de un amigo, presentó una solicitud para la Nasa que en aquel momento buscaba ingenieros. Fue admitido y pronto se incorporó a su nuevo trabajo, especializándose en control de vuelo de sistemas eléctricos. Pocos meses después y con solo veintiún años, ya estaba trabajando en el proyecto Géminis.

Los Saturno V nunca habían dado ningún problema en los lanzamientos, no era de esperar que fuera a darlos ahora, todo estaba perfectamente controlado. De todas formas, tener tres hombres sentados sobre una bomba de más de 2.000 toneladas de explosivo no es para sentirse muy tranquilo.

Poco a poco, la cuenta atrás fue llegando a cero, y los motores empezaron a rugir de forma atronadora, como nunca se oyó ningún ruido sobre la faz de la Tierra. El cohete comenzó a elevarse suavemente sobre una nube de gas blanco que envolvía su base. Rápidamente se fue perdiendo entre las bajas nubes, y solo quedó por unos instantes la luz del fuego que brotaba de sus enormes motores. Pero pasados treinta y seis segundos algo ocurrió, todas las alarmas comenzaron a saltar. Conrad veía como se encendían sin ningún sentido todo un mundo de lucecitas, más parecidas a un macabro árbol de Navidad. El público presente había sido testigo de cómo un rayo había caído sobre el Apolo, el cual había alterado el funcionamiento de los controles. Su forma estilizada y su chorro de gases de escape habían actuado como un enorme pararrayos que serviría de descarga para la electricidad almacenada en las nubes. La descarga hizo saltar los circuitos de protección de la mayor parte de los sistemas eléctricos del Apolo, lo cual desactivó la fuente de energía principal, entrando las baterías de reserva. El nerviosismo atenazaba a los controladores, y las discusiones sobre posibles actuaciones comenzaban a proliferar. Había que tomar decisiones rápido, lo más prudente era abortar la misión, pero nadie estaba dispuesto a tirar la toalla tan rápidamente.



Dieciséis segundos después, un segundo rayo agravaba aún más todos los problemas. El cohete continuaba su ascenso como si el problema no fuera con él. La telemetría ahora no llegaba a la base, y los nervios iban en aumento. En aquel momento, ni los astronautas ni los técnicos de tierra sabían que un par de rayos habían caído sobre el Saturno. El cohete con su cápsula Apolo en la ojiva, estaba viajando en este momento a más de mil quinientos kilómetros por hora, y literalmente a ciegas. El director de vuelo Gerry Griffin se dirigió a Aarón, encargado de los sistemas eléctricos, pero éste no estaba recibiendo ningún dato telemétrico, por lo que no sabía ni siquiera si la nave seguía la trayectoria correcta. En aquel momento, recordó que hacía un año, en las simulaciones de vuelo había ocurrido un caso similar y cómo se había resuelto. Inclinándose hacia el micrófono que comunicaba con la nave dijo: “Apolo 12, probad SCE en auxiliar”. Ni el comandante Conrad, ni el director de vuelo Griffin, ni el responsable de comunicaciones Paul Weitz, sabían qué quería decir aquello. Pero Alan Bean, recordaba que cerca de su asiento, había un interruptor denominado SCE (de Signal Condition Equipment), el cual situó en la posición requerida por Aaron. A partir de este momento, las señales de telemetría se restablecieron, y el control de la misión fue capaz de determinar cuáles eran las condiciones actuales del vehículo. Poco a poco, todos los problemas se iban solucionando en el Apolo 12, y todo parecía indicar que la misión podía continuar. El resto del viaje se realizó sin ningún otro incidente, y la segunda misión de la historia a la Luna resultó todo un éxito.



Una vez terminada la misión, se analizó concienzudamente el incidente, y se determinó que en realidad no había sido una descarga de un rayo como tal, sino que había sido el propio cohete durante su ascenso a través de la atmósfera cargada de electricidad el que había provocado la descarga. De hecho en la zona no hubo más rayos ni antes ni después. A partir de aquel momento, el entorno de las plataformas de lanzamiento fue equipado con sensores encargados de medir la carga eléctrica presente en el ambiente; en las torres de lanzamiento se instalaron pararrayos; la nave Apolo fue ligeramente modificada para reducir los posibles daños causados por grandes descargas eléctricas; y los protocolos de lanzamiento también sufrieron distintos cambios en situaciones meteorológicas adversas. Todas estas mejoras técnicas aún se siguen manteniendo en la actualidad.


Recreación del lanzamiento del Apolo 12 según la serie:"De la Tierra a la Luna". El actor con gafas de montura negra da vida al personaje de John Aaron.

John Aaron, se ganaría el respeto y la admiración de sus compañeros, que aún se vería ratificado con su gran labor en el accidente del Apolo 13, cuando reprogramó todo el sistema eléctrico de la nave, con el fin de ahorrar la energía suficiente para las maniobras de reentrada en la atmósfera terrestre. Una vez terminado el programa Apolo, Aaron trabajaría en otros programas de la NASA como el Skylab o el transbordador espacial, siendo director del Centro Espacial Johnson hasta el año 2000 en que se jubilaría. En este momento es alcalde de un pueblecito del estado de Texas llamado Meadowlakes, que gira en torno a un campo de golf.

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viernes, 26 de marzo de 2010

Mujeres en el espacio


El 16 de Junio de 1963, Valentina Tereshkova(en la foto) se convertía en la primera cosmonauta de la historia. Desde la base de lanzamientos de Baikonur, en una cápsula Vostok, orbitaría la Tierra en 48 ocasiones, sentando así otro precedente en la historia de la exploración del espacio.

Las naves soviéticas Vostok, eran tan simples que carecían de maniobrabilidad, una vez situadas en la órbita, allí se quedaban a la deriva hasta que se procedía a las maniobras para su descenso. La selección de cosmonautas se realizaba entre el personal del ejercito de aviación, pero no se requería una experiencia particular. Para ello fueron seleccionados cinco hombres y posteriormente cinco mujeres, de las cuales solamente Valentina Tereskova volaría. A Valentina no se le permitiría en ningún momento tomar los mandos de la nave, los cuales eran controlados desde tierra, digamos que fue un mero pasajero espacial. Pero su auténtica labor vendría luego como político y luchadora en defensa del movimiento feminista soviético. Mientras tanto, la U.R.S.S. se apuntaba un nuevo tanto de cara a la imagen mundial, no solo aparentaba ser la nación tecnológicamente más avanzada, sino que sus ciudadanos tenían igualdad de derechos y oportunidades. Sin embargo, una vez conseguido el efecto, a las mujeres se las apartaría de la vida activa y...
no se las volvería a tener en consideración hasta diecinueve años después.


(Valentina Tereskova. Canal Odisea)

En el otro lado del mundo, Estados Unidos afrontaba el proyecto Mercuri, seleccionando siete astronautas, todos ellos varones, que llevarían a cabo tal empresa. Fueron conocidos con el sobrenombre de “los siete de Mercuri”. Pero paralelamente, el General de Brigada del Comando de Investigación y Desarrollo de las Fuerzas Aéreas de E.E.U.U. Donal Flickinger y el médico Randolph Lovelace II, presentaron un proyecto a las Fuerzas Aéreas sugiriendo que desde el punto de vista de la ingeniería, sería más práctico mandar al espacio a una mujer que a un hombre. El proyecto fue rechazado de inmediato. Pero los dos hombres no cesaron en su empeño, y contactaron con Jerrie Cobb, una pionera de la aviación en Estados Unidos, a la que sometieron a las mismas pruebas que los aspirantes masculinos. Los resultados fueron tan positivos que se confeccionó una lista de diecinueve voluntarias para pasar las pruebas, las cuales fueron superadas por trece de ellas. A partir de aquel momento se las conocería como: “las trece de Mercuri”. El proyecto no era oficial, y fue en gran parte financiado por el multimillonario Bostwick Floyde, marido de Jackie Cochram, una de las mejores aviadoras de Estados Unidos y aspirante a convertirse en astronauta. El proyecto alcanzaría un nivel popular tan grande que la polémica se dilucidaría en el Congreso. Declararían a favor: Jerrie Cobb, Jane Hart (una de las trece) y Jacqueline Cochram. Y en contra: el administrador de la Nasa, George Low, y los astronautas John Glenn y Scott Carpenter. Pero para estupefacción de los congresistas, Cochram testificó en contra de las mujeres, y la ponencia quedó desestimada. La situación quedaría zanjada con la clausula de que los aspirantes a astronautas, deberían de proceder de pilotos de las Fuerzas Armadas, y no civiles. Claro está que en aquella época las mujeres no eran admitidas como pilotos del ejército. Posteriormente Floyde retiraría la financiación económica al proyecto, y este quedaría en el olvido. Pero la lucha de estas mujeres no terminaría aquí, y seguirían de forma individual luchando por sus derechos. En 2007, la Universidad de Wisconsin-Oshkosh, concedería a ocho de las supervivientes el “doctorado honoris causa”. Es de destacar el caso de Jane Hart, que siendo madre de ocho hijos aún tenía más de tres mil horas de vuelo (recordemos que Gagarin tenía poco más de cuatrocientas), y el de Jerrie Cobb que en 1981 fue nominada al premio Nobel de la Paz por su labor humanitaria en la selva amazónica.


(Las 13 de Mercuri. Canal Odisea)

Hubo que esperar hasta 1978, cuando la Nasa seleccionó a las primeras mujeres para el programa espacial del Transbordador. Fue entonces cuando los soviéticos haciendo gala de su oportunismo volvieron a preparar precipitadamente a nuevas cosmonautas. En agosto de 1982, Svetlana Savitskaya se adelantó a los norteamericanos ante el anuncio de la puesta en órbita de la primera mujer del programa estadounidense. Savitskaya viajó hasta la estación espacial Salyut 7, y batiría un record femenino de permanencia en el espacio de 113 días. Volvería de nuevo en 1984 para realizar la primera caminata espacial de una mujer. Por último, la tercera y última mujer soviética -mejor dicho ya rusa- en el espacio, sería Elena Kondakova que viajaría a la estación espacial Mir entre los años 1994 y 1995, primero en una Soyuz y luego en el transbordador Atlantis. Casada con el cosmonauta Valeri Ryumin, este nunca vería con buenos ojos la profesión de su esposa, circunstancia que les traería algún que otro problema familiar. A día de hoy, solamente hay una mujer en el cuerpo de cosmonautas rusos, se trata de Yelena Serova que desde el año 2006 se encuentra como aspirante en proceso de entrenamiento a cosmonauta.

El 18 de Junio de 1983, E.E.U.U. pondría en órbita a Sally Ride a bordo del transbordador Challenger, siendo la primera mujer americana en alcanzar el espacio. Sally medía 1,63 y pesaba 52 kgs., parecía como si se hubiese colado en la Nasa por la puerta de atrás, los astronautas ya no tenían que ser de complexión fuerte, lo que primaba ahora era la inteligencia. Entre los requisitos básicos para acceder al cuerpo de astronautas es fundamental tener una carrera de grado superior, principalmente de ciencias. Sally era licenciada en física por la universidad de Stanford. Más tarde en 1984 sería Kathryn Sullivan la que realizaría el primer paseo espacial de una mujer norteamericana.


(Mujeres astronautas. Canal Odisea)

Y en 1995 Eileen Collins, se convertiría en la primera mujer piloto de un transbordador, para en 1999 ser la primera mujer comandante. Eileen, siempre invitaba al lanzamiento de sus vuelos a las miembros del “Mercuri 13”.

El 19 de Abril de 2008, regresaba de la Estación Espacial Internacional, la nave Soyuz TMA-11. A bordo se encontraba el cosmonauta y comandante Yuri Malenchenko, la norteamericana Peggy Whitson (primera mujer comandante de una tripulación de la estación espacial), y la surcoreana So-Yeon Yi, o sea, dos mujeres y un hombre. Por algún motivo, la nave hizo una entrada en la atmósfera con una trayectoria incorrecta, produciéndose unas tremendas aceleraciones y un sobrecalentamiento de la nave que estuvo a punto de explotar (algo similar a lo que le había ocurrido a la Soyuz 5 en 1969). Hasta treinta minutos después no supieron nada de la Soyuz, que cayó a cuatrocientos kilómetros del lugar previsto. Afortunadamente no pasó nada. Poco después, en rueda de prensa, el administrador de la agencia espacial rusa, señor Anatoly Perminov, a la pregunta de que si pensaba que esto podría deberse a la presencia de más mujeres que hombres en la nave respondió: “Como usted sabe, estas cosas en Rusia son de mal augurio, pero gracias a Dios, todo salió bien. Por supuesto, en el futuro, intentaremos que el número de mujeres no supere al de los hombres". Y cuando otro periodista lo acusó de sexista, respondió: “Esto no es discriminación. Simplemente digo que cuando hay mayoría de mujeres, a veces surgen comportamientos no autorizados, o bien ocurren otras cosas...”. Sin comentarios.

En septiembre de 2006, la iraní afincada en Estados Unidos Anousheh Ansari, viajó en una nave Soyuz a la Estación Espacial Internacional en calidad de turista espacial, invitada por la Agencia Espacial Rusa por una módica cifra de veinte millones de dólares. El dinero parece no entender mucho de sexos. Anousheh, se convertiría en la primera mujer turista espacial, al igual que la primera musulmana en alcanzar el espacio.

Cada día el número de astronautas mujeres se equipara mas al de los hombres, incluso en China que cuenta con un gran número de ellas en sus filas. Solamente Rusia, que como dije más arriba, aún sigue siendo bastante sexista, a pesar de la propaganda falsa que siempre ha hecho.


(Eileen Collins. Canal Odisea)

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jueves, 18 de marzo de 2010

La extraña muerte de Yuri Gagarin




La muerte de Yuri Gagarin(en la foto), es otra de las muchas historias que quedarían envueltas en un halo de oscurantismo en la Unión Soviética. En la mañana del 27 de marzo de 1968, Gagarin despegaba en un Mig 15, junto con su instructor de vuelo Vladimir Seregin. A las 10,30 de la mañana, los controladores de vuelo, perderían todo tipo de contacto con la nave. Tres horas después, helicópteros de reconocimiento encontraban los restos del avión cerca de la ciudad de Kirzhach. La escasa información de lo ocurrido, junto con la política opaca de la U.R.S.S., hizo que como siempre surgieran teorías de conspiración que añadirían más morbo al suceso.

Yuri Alekseyevich Gagarin, nació en 1934 en Klúshino, en el oblast de Smolensk, cerca de la frontera con Bileorrusia. De familia campesina, su infancia estuvo marcada por la invasión nazi en plena Segunda Guerra Mundial.



Una vez finalizados sus estudios, trabajó como obrero metalúrgico hasta 1954, año en que se apunta en el aeroclub de la ciudad de Saratov. Un año después, se matricula en la Escuela Militar de Pilotos de Oremburgo. En 1957 se casa con Valentina Goricheva. Y en 1959 se presenta como candidato al cuerpo de Cosmonautas de la Unión Soviética.

La selección de cosmonautas, por aquel entonces, se realizaba en base a unas pruebas físicas, sicológicas y conocimientos técnicos. Entre más de tres mil candidatos, Gagarin consiguió meterse entre los veinte últimos finalistas, que pasaron a engrosar el cuerpo de cosmonautas, para luego ser seleccionado entre los cinco primeros para el proyecto Vostok, junto a una mujer, Valentina Tereskova. Solo faltaba por dictaminar quien tendría el honor de ser el primero en ser lanzado al espacio. Las puntuaciones de Gagarin en las pruebas no eran las mejores, sin embargo su carácter abierto, y amigable le hacía ganarse una buena reputación, no solo entre sus compañeros, sino entre sus instructores. La elección del primer cosmonauta pasaba por ser algo más que un perfecto profesional.



Los soviéticos sabían que si todo salía bien, el primer cosmonauta de la historia pasaría a ser todo un icono mundial, un personaje ejemplar, un símbolo, un arma propagandística, un relaciones públicas, en definitiva todo una estrella fruto de una gran nación y un sistema político como el comunista, ávido de ser imitado por otras naciones. El personaje que reunía estas cualidades era Yuri Gagarin, que además, como colofón procedía de una familia modesta, lo cual daba más realce al ideal comunista.


(Yuri Gagarin. Canal de Historia)

Después del histórico vuelo, la vida de Gagarin cambiaría por completo. Su íntima amistad con Nikita Kruschev le proporcionaría constantes ascensos en su carrera militar. Al chico joven, guapo, simpático y agradable, se le unían ahora: dinero, viajes, fiestas, potentes coches, alcohol, mujeres… En definitiva, los ingredientes idóneos de una vida desordenada que le acarrearía no pocos problemas.

Pero en 1964, la destitución de Kruschev como secretario del partido comunista, llevaría como consecuencia la decadencia en la vida social de Yuri. Con Breznev, no gozaría de las mismas prebendas de su antecesor. El alcohol y las mujeres le acarrearían constantes problemas familiares. Fue entonces cuando se tuvo que enfrentar a la corrupción del partido socialista, a las envidias de militares, e incluso de sus mismos compañeros cosmonautas que le reprochaban su fama por dar solamente una órbita a la Tierra en una nave completamente automatizada. En este momento, Gagarin dejaba de ser el joven ejemplar para pasar a ser una pesadilla en el partido. En un intento por sacarle de la crisis personal, Kamanin (jefe instructor de cosmonautas) le propuso volver a la vida activa de cosmonauta, proponiéndole para pilotar la nueva nave Soyuz que estaba prácticamente lista.

El 24 de Abril de 1967, la nave Soyuz 1 partía para el espacio con el cosmonauta Vladimir Komarov. Como reserva se encontraba Yuri Gagarin, lo cual quería decir, según el protocolo soviético para vuelos espaciales, que de salir todo según lo previsto el próximo en volar sería él. Desgraciadamente, las cosas no serían así, y el vuelo de la Soyuz 1 acabaría siendo la primera tragedia en vuelo de la exploración espacial. A su regreso a tierra, un fallo en el sistema de apertura de los paracaídas hizo que Komarov se estrellara contra el suelo, falleciendo en el acto.



Los viajes espaciales serían considerados a partir de ahora situaciones de alto riesgo, y la Unión Soviética no podía permitirse el lujo de perder el símbolo más preciado del momento. Por esta razón, Gagarin sería apartado nuevamente del programa espacial. Volvería entonces a su gran pasión, la aviación, para lo cual comenzaría una serie de cursillos de actualización, ya que en los últimos nueve años solamente acumularía unas setenta y cinco horas de vuelo.

El 27 de Marzo de 1968, saldría a dar una clase rutinaria con su instructor de vuelo, estrellándose contra el suelo en circunstancias que no fueron del todo esclarecidas. La versión oficial de los hechos apunta a una mala visibilidad en la zona, y a un descenso en picado del cual el avión no consiguió remontar el vuelo. También se apuntan como causas adicionales del suceso a errores del personal de tierra, que no informaron correctamente de la altitud de las nubes en la zona. Por otro lado, los análisis en sangre de los cadáveres no detectaría, como se dijo, que los pilotos hubieran consumido bebidas alcohólicas. Como era habitual en la Unión Soviética en aquella época, rápidamente los informes se archivarían y no se daría más difusión al accidente. Pero como siempre, todo lo que permanece oculto da lugar a comentarios y especulaciones, que complican aún más la situación de lo que se quiere ocultar. Una de las versiones conspiranoicas mas difundida, fue el posible asesinato de Gagarin por parte del KGB, ya que últimamente estaba resultando políticamente incómodo, y no era el personaje ejemplar que todos deseaban. Las demás, son tan rocambolescas que no merece la pena ni comentar.



En 1987 una comisión de científicos reabrió el caso, el cual analizaron con sofisticados programas informáticos, determinando errores importantes por parte de los controladores de vuelo. En primer lugar, dadas las circunstancias climáticas el vuelo debería de haberse suspendido. En segundo lugar, no se informó de la proximidad en la zona de un Mig 21. Y en tercer lugar tampoco se dio la altitud correcta de las nubes. También se dio como probable el mal funcionamiento de algunos equipos del avión. Según el informe, el avión tuvo que hacer un giro brusco quizás causado por la cercanía del Mig 21, las turbulencias desestabilizarían aún más el vuelo del Mig 15, haciéndole entrar en barrena. Por último los errores en los informes sobre la altitud de las nubes terminarían por confundir a los pilotos que se creían a más altura de la real, por lo que no tuvieron tiempo para eyectarse del aparato.



Extrañamente, Aleksei Leonov (primer cosmonauta en realizar un paseo espacial), miembro de la primera comisión que estudió el accidente, manifestó que veinte años después pediría revisar sus informes escritos de su puño y letra, y se encontró conque estos habían sido reescritos por otra persona. Claramente del segundo informe se desprende que algunas personas estaban salvaguardando los hechos para proteger su reputación. En la actualidad, parece probable que la ocultación de errores, y no una conjura política, sea la auténtica explicación del hermetismo en torno a las circunstancias del último vuelo de Gagarin.

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viernes, 5 de marzo de 2010

El lado oscuro del "Aurora 7"





Los comienzos de la exploración espacial, estuvieron sometidos a situaciones de gran peligro. Solamente el buen hacer, y la pericia de los científicos los conseguiría reducir a porcentajes verdaderamente asumibles. No puedo decir lo mismo de la cantidad de militares y politicuchos, que presionaron constantemente a las administraciones para precipitar los proyectos, que los llevaría irremisiblemente a los mayores desastres y tragedias de aquellos años.
Constantemente se producían situaciones, que aunque no terminaban de forma dramática, en la Unión Soviética se silenciaban de forma rotunda. Por otro lado, Estados Unidos con su política liberal y transparente, hacía lo mismo pero de una forma más sutil.
El caso que les voy a contar, sucedió el 24 de Mayo de 1962 a Scott Carpenter(en la foto), el segundo norteamericano que orbitaría la Tierra, después del mítico John Glenn, en el vuelo MA-7 de la Nasa.
Hasta el momento, los norteamericanos habían lanzado cuatro vuelos tripulados al espacio. Los dos primeros, habían sido...
un simple y breve salto sobre la estratosfera. El primero de Alan Shepar, fue todo un éxito teniendo en cuenta su simplicidad. Sin embargo los primeros problemas vendrían en el segundo, donde Gus Grisson perdería la capsula al hundírsele en el agua, una vez había amerizado, por causas que aún hoy en día se desconocen. La siguiente misión sería la de John Glenn, esta vez orbitando tres veces la Tierra. Aquí se viviría la primera situación dramática de la aventura espacial americana. Una vez iniciado el camino de retorno, los indicadores del escudo térmico marcaban una avería en las sujeciones del mismo. Afortunadamente, todo fue un error, pero la incertidumbre hizo pasar un mal rato a los controladores de tierra, que estuvieron a punto de tomar decisiones que pudieron resultar fatales.
Los vuelos espaciales, eran televisados a una gran parte del mundo, acrecentando el morbo y las discusiones sobre la necesidad de asumir tantos riesgos. Por lo que las informaciones llegaban a la prensa de una forma solapada. Este fue el caso de Scott Carpenter en la misión “Mercuri 7”, hasta tal punto que hoy en día, aún no está del todo claro lo que sucedió en su nave, la “Aurora 7”. La misión de Carpenter, consistía en dar un mínimo de tres vueltas a la Tierra, y realizar una serie de experimentos de observación del planeta. Ya cuando llevaba órbita y media, el director de control de tierra Chris Kraft, le recriminó que estaba gastando demasiado combustible. Y al comienzo de la tercera, le ordenaron apagar los sistemas de posicionamiento manual, dejando la nave en modo automático. A partir de este momento, se activaron todos los protocolos para iniciar el camino de descenso. Lo cierto es que hubo un retraso en el encendido de los motores, que los controladores achacarían al propio astronauta, dando un buen susto a los telespectadores cuando no apareció hasta cuarenta y cinco minutos después de lo previsto, ya que cayó a más de cuatrocientos kilómetros de distancia del lugar programado, por lo que su rescate duró más de tres horas.



Rápidamente, la Nasa anunciaría a bombo y platillo el éxito de la misión, acallando así los posibles rumores que se cernían sobre los vuelos espaciales tripulados, pero rodeando este caso de un halo de escepticismo.
Oficialmente, la Nasa justificó el alto consumo de combustible, a un fallo en uno de los sensores de posicionamiento, lo que obligó a la nave a continuas correcciones con el consiguiente gasto, lo cual justificaría también el error del amerizaje. Sin embargo, pronto aparecerían rumores que no dejaban en muy buena situación al astronauta. Parece ser, según se diría, que la experiencia le sobrecogería de tal manera, que quedó extasiado ante el espectacular panorama que se cernía sobre su ventana, abandonando así sus funciones, y dedicándose a disfrutar del paisaje. Lo que está claro es que nunca más volvería a volar. En 1963, solicitaría la excedencia en la empresa, lo cual es considerado por muchos como debido a un cierto malestar con sus jefes. Posteriormente, en 1967, un accidente de moto le dejaría poca movilidad en un brazo, con lo que abandonaría definitivamente el cuerpo de astronautas.
A día de hoy, aun sigue la controversia sobre el caso del “Aurora 7”. Para unos, Carpenter resultó ser un incompetente en su trabajo. Pero para otros, el mal de todos sus males fue la avería del sensor de posicionamiento.
En el año 2001, la BBC, editaría un vídeo titulado: “Accidentes en el espacio”. En él, Scott Carpenter manifestaría:”…imagínate la máxima relajación que puedes alcanzar, eso es lo que es…, la visión desde esa altitud es transcendental. La combinación de esas dos cosas, es al menos adictiva.” Por su lado, Chris Kraft diría: “…creo que disfrutó mucho allá arriba…” Lo que sí está claro es que el personal de tierra no quedó satisfecho con el trabajo de Carpenter. Aunque también hay que decir que siempre existieron roces entre los controladores de vuelo y los astronautas, los cuales eran considerados como los “señoritos” del programa espacial.
Carpenter, siempre defendió su inocencia, achacando el alto consumo de combustible a la propia nave, sin embargo el posterior vuelo de Walter Schirra demostraría que se podía realizar ese trabajo, al volver a tierra con una buena cantidad de combustible.
Fuera como fuese, al día de hoy, lo que pasó en el Aurora 7, aún sigue siendo un misterio. Como diría Scott Carpenter: “Tiene un lado oscuro”.

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martes, 23 de febrero de 2010

Cuarenta años en la Luna


Hace ya cuarenta años que el hombre pisó la Luna, y muchos escépticos dudan aún de tal empresa. Y verdaderamente aquí sí que podemos decir eso de que la realidad supera la ficción. No es para menos, en apenas doce años pasamos de salir por primera vez de la burbuja atmosférica, a adentrarnos en la inmensidad del espacio camino de otro astro. Y es que poner una nave en la Luna supone algo así como disparar una bala desde un caballo al galope, a una diana que se mueve a tres mil setecientos kilómetros por hora y que se encuentra a cuatrocientos mil kilómetros de distancia. Con la dificultad añadida de que la bala ha de rozar la diana, con una precisión tal que de pasar muy cerca equivaldría a que nuestra nave se estrellara contra la superficie lunar, y de pasar muy lejos nos perderíamos en la profundidad del espacio. Todo un auténtico trabajo de ingeniería y precisos cálculos matemáticos. Pero es que no podemos ni imaginarnos, hasta donde pueden llegar nuestros científicos cuando disponen de los presupuestos adecuados.

Y qué decir tiene la honestidad de la NASA, que a pesar de presumir de transparencia informativa, años después nos vamos enterando de que misiones dadas por exitosas estuvieron al borde de la catástrofe. Entre otras, recordemos la reentrada de...
John Glenn, que estuvo a punto de achicharrarse debido a un fallo en el sistema de desprendimiento del módulo de servicio. O del precipitado retorno de Scott Carpenter en la Mercuri 7, que amerizó a quinientos kilómetros del lugar previsto. Y como no, de la misión del transbordador STS-37 que tomó tierra quinientos metros antes de la entrada en pista, a lo cual la agencia norteamericana respondería con un: “todo dentro de la normalidad”.

Pero a pesar de todos estos inconvenientes, hasta cierto punto comprensibles, el fraude de la llegada del hombre a la Luna, sería rizar el rizo. Una prestigiosa nación como Estados Unidos, no podía verse inmersa en semejante mentira. El problema es que nosotros no estábamos allí para verlo, y esto es aprovechado por los conspiranóicos para buscarle cinco pies al gato, y pretender hacernos ver lo que no se ve por ninguna parte. Pero si había alguien interesado en el fracaso Norteamericano, estos eran los soviéticos, que se estaban jugando su reputación como nación y sistema político, y sin embargo, nunca negaron la llegada de los americanos a la Luna. Y es que ellos sí lo pudieron ver en vivo y en directo, puesto que mientras Armstrong y Aldrin descendían al suelo lunar, una sonda soviética controlaba todos sus pasos, al igual que todas sus conversaciones radiofónicas con la base de control. Hablar de fraude sería tomar por estúpidos a los más de doscientos millones de soviéticos de la época. Sería tomar por tontos a los millones de científicos de todo el mundo. En definitiva, sería reírse de toda la humanidad.

Y, ¿Por qué repetir el fraude cinco veces mas? Es absurdo seguir jugando con fuego si todo fuera una mentira. Hubieran quedado muy bien yendo una vez y diciendo allí no hay nada interesante, no nos interesa arriesgar vidas humanas y gastar tanto dinero, así que no volvemos mas. Y, ¿Por qué editar más de veinte mil fotografías, o cientos de horas de vídeo y películas? Con bastantes menos hubiera sido suficiente, y no se daría pié a posibles errores. Habría que tener una absoluta seguridad y arrogancia para no cometer ningún error evidente.

No digamos nada de la cantidad de gente que colaboraría en toda esta jugarreta: cámaras, directores, vestuario, técnicos de iluminación, obreros de todo tipo, etc. etc. Que siempre se podían ir de la lengua, y aportar pruebas intachables. O los mismos astronautas, que dieron infinidad de conferencias, entrevistas, debates, y nunca se ha encontrado algo definitivo que diera al traste con todo.


(Parodia de la grabación de la llegada del hombre a la Luna)

Por último, si examinamos a los partidarios de la conspiración, veremos que son gente sin ninguna cualificación científica que de alguna manera avale sus teorías, gente de profesiones y especialidades diversas que un día encontraron un buen filón para salir en televisión, publicar libros, o escribir artículos. Frente a científicos reconocidos, ingenieros, o afamados profesores de universidad.

Verdaderamente es más fácil ir a la Luna que realizar un montaje sin precedentes como el que algunos proponen. En los años sesenta en Estados Unidos, coincidieron una serie de factores que facilitaron que los presupuestos para la exploración espacial llegaran a cifras que nunca mas se volverían a alcanzar. Y como dije al principio, no podemos ni imaginarnos hasta donde pueden llegar los científicos cuando disponen de dinero.

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La desaparición del cosmonauta Valentín Bondarenko.



Corrían los años cincuenta, y la Unión Soviética comenzaba una nueva era: “la exploración espacial”. En 1957 ponían por primera vez un artefacto hecho por el hombre, en la órbita de la Tierra. Y un mes después, era un ser vivo el que salía de la atmósfera terrestre. El objetivo inmediato ahora, sería lanzar a un hombre al espacio.

En la Unión Soviética, todo lo relacionado con la exploración del espacio estaba a cargo del estamento militar, por lo que se pediría entre las tropas, voluntarios para una misión completamente desconocida. El “espacio” era un entorno tan hostil, que las naves se construirían completamente automatizadas, de tal forma que serían en todo momento controladas desde tierra. El cosmonauta, era un mero conejillo de indias que intentaría sobrevivir en un ambiente de ingravidez, radiaciones cósmicas y aceleraciones brutales. Por tal motivo, la selección humana se haría buscando auténticos superhombres, que fueran capaces de soportar todo tipo de situaciones. De los más de tres mil candidatos, únicamente una veintena llegaron a...
engrosar el cuerpo de cosmonautas, todo ello siempre bajo un secretismo total. Solamente en el caso de esposas y pocas madres, conocían el destino de estos jóvenes.



El hermetismo soviético traería consigo la creación de numerosas leyendas de astronautas que se perdían por el espacio sin poder regresar. Con nombres perfectamente identificables para dar mas veracidad a las historias: Shiborin, Mitkov, Pyotr Dolgov, Belokonev y otros muchos, se harían popularmente famosos, a pesar de no haber existido nunca. Ya en los años noventa, con la “glasnot” y la posterior desaparición de la U.R.S.S., historiadores de la talla de: Asif A. Siddiqi, James Oberg, Robert Zimmerman, etc., entrevistaron a gran cantidad de cosmonautas, directores de vuelo, técnicos, entrenadores, etc. sin obtener ningún resultado positivo sobre la existencia de estos hombres. Solamente un caso de desaparición sería constatado por todos ellos, este era el caso de Valentín Bondarenko(en la foto). Esta historia conoció la luz cuando en 1991, “Golovanov”, un periodista del diario Izvestiya y excosmonauta, lo publicaba treinta años después de acaecer tan terrible suceso.

Bondarenko era uno de los veinte cosmonautas seleccionados para alcanzar la gloria. Las pruebas y entrenamientos que estos hombres deberían de soportar eran de extrema dureza. La última de ellas, consistía en el aislamiento durante quince días, en una cámara presurizada con un índice de concentración de oxígeno del cincuenta por ciento.



Esta prueba estaba diseñada para descartar a aquellos que no estuvieran capacitados para soportar el largo confinamiento de un viaje espacial. Poco tiempo faltaba ya para el lanzamiento del primer hombre al espacio, y Bondarenko era uno de los principales candidatos cuando entró en la cámara. A los diez días de internamiento, fue sometido a una prueba de monitorización médica a través de electrodos sujetos a la piel. Una vez terminada se quitó las ventosas, limpiando los residuos con algodones humedecidos en alcohol. Sin querer, uno de ellos fue a caer sobre un plato caliente diseñado para calentar su comida. Como la atmósfera era rica en oxígeno, saltó una chispa que provocó un incendio dentro de la cámara. Presa del pánico, Bondarenko golpeaba sus ropas tratando de apagarlo, sin conseguir otra cosa que avivarlo aún más. Debido a la baja presión en el interior, se tardarían varios minutos (según cuenta Golovanov) en abrirla. Sin embargo, el doctor Vladimir Golyakhovsky, que atendería al cosmonauta declararía que el tiempo que este permaneció en la cámara fue de media hora. Bondarenko, sería trasladado a un hospital cercano, donde llegó con vida, y balbuceando no cesaba de repetir: “Ha sido culpa mía, ha sido culpa mía”. El doctor Golyakhovsky diría a la televisión: “Le retiré la manta con mucho cuidado, entonces vi un cuerpo completamente calcinado, de un modo que nunca había visto antes, y nunca vi después. No tenía piel, no tenía pelo, ni siquiera tenía ojos. Sabíamos que era mejor mantener las bocas cerradas y no decir nada sobre semejante secreto de estado.” La única parte del cuerpo que quedó intacta fueron las plantas de los pies que habían sido protegidas por la botas. Con gran esfuerzo por parte de los médicos, allí consiguieron localizarle un vaso sanguíneo para administrarle calmantes por vía intravenosa. Era todo lo que los médicos podían hacer por él, aliviarle el sufrimiento en lo posible, pues era evidente que en su estado no podría sobrevivir. Según Golyakhovsky, Bondarenko moriría dieciséis horas después. En el hospital no se dieron detalles del accidente, y sería registrado con el nombre de “Sergeyev”.



La imagen mundial que al régimen soviético, sumido en plena Guerra Fría, pudiera ocasionar este accidente, hizo que fuera acallado bajo pena de prisión en los temidos campos de trabajos forzosos siberianos. Todos los archivos, fotografías, cualquier documento que indicara que algún día Valentín Bondarenko había pertenecido al prestigioso cuerpo de cosmonautas soviéticos, sería destruido. No quedaría ningún rastro de su paso por el centro de entrenamiento de cosmonautas. Ya a finales de los años noventa, su hijo se lamentaría ante la prensa estadounidense del trato ofrecido a su padre por el ejercito soviético; mientras otros cosmonautas eran enterrados con honores en la Plaza Roja, y sus viudas recibían una generosa pensión, a la viuda e hijo de Bondarenko no les quedaría ni el orgullo de poder decir que su esposo y padre, algún día había engrosado la lista de los candidatos a entrar en la historia de la astronáutica soviética. Solo su recuerdo quedó en la mente de sus compañeros, que divulgaron su sacrificio después de la caída del régimen soviético.

Valentín Bondarenko, falleció el 23 de Marzo de 1961 a la edad de 24 años, siendo teniente del ejercito del aire de la Unión Soviética. Fue enterrado en Jarkov (Ucrania), donde había crecido y donde aún vivían sus padres. Dejó una joven esposa (Anya), y un hijo de cinco años (Aleksandr), que llegaría a ser oficial del ejército. En aquellos momentos, Anya trabajaba en el centro de entrenamientos de cosmonautas, trabajo que dejó poco después de la muerte de su marido por razones que se desconocen.

Posteriormente, una serie de cosmonautas serían también borrados de todos los registros militares, debido a expulsiones causadas por indisciplinas, mal comportamiento, o simplemente enfermedades que les hacían incompatibles para su misión. Con la glasnot, todos estos casos hallarían la luz, y hoy en día casi podemos decir sin miedo a equivocarnos, que conocemos el noventa y nueve por ciento de todo lo acaecido en aquellos tiempos en la Unión Soviética. Constatándose así, solamente un caso de desaparición por fallecimiento en la exitosa exploración espacial de la U.R.S.S.

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